Grupo Linderos, servicio y calidad inmobiliaria

Saaid Jamis Tovar

Semanas atrás, un día sábado, para dar mayor precisión, en horas de la mañana recibí una llamada.

Un amigo necesitaba que le ayudara a encontrar una inmobiliaria para poner su apartamento en venta. Sin darle muchas vueltas al asunto nos pusimos en la tarea.

Buscamos en internet y seleccionamos unas 20 inmobiliarias, en promedio. Entre los dos tomamos el teléfono y llamamos una por una. No mentiré, el proceso se torno desilusionante, pues a cada inmobiliaria que llamábamos encontrábamos respuestas negativas o poco alentadoras como: “lo lamentamos nuestros asesores se encuentran ocupados” o “claro, pero tiene un valor consignarlo”, y en el mejor de los casos, la respuesta era: “si gusta puede dejarnos sus datos y le devolveremos la llamada”.

Pero así como en la vida real, cuando ya estábamos a punto de perder toda esperanza, apareció un rayo de luz. En este caso, fue el Grupo Linderos, pues en nuestro intento de encontrar una inmobiliaria que satisficiera nuestras necesidades, encontramos una que sobrepasó toda expectativa.

Inicialmente, ellos respetaron y valoraron nuestro tiempo e interés en contactarlos, y sin mayor inconveniente nos atendieron el mismo día. Arribamos a la carrera 15, #80-79 en Bogotá y fuimos recibidos con hospitalidad directamente por el gerente general. Él nos comenzó a explicar en qué, cómo y para qué servía el servicio, llamándome la atención su meta, la cual era algo así como: “Queremos ser los mejores inmobiliarios, con una utilidad si es posible, con una pérdida si es necesaria, pero siempre ser los mejores en servicio inmobiliario”, lo cual ayudó a atrapar toda mi atención.

Después de unas dos horas de conversación los factores a resaltar de su oferta de valor fueron: primero, no nos cobraban por la publicidad y hacían trabajo cooperativo (alianzas) con otras empresas del sector; segundo, tenían su propio buffet de abogados que nos acompañarían antes, durante y después del negocio; tercero, no nos exigían exclusividad, es decir, no nos obligaban a vender solamente con ellos; cuarto y último, pero lo más importante, nos darían un porcentaje de comisión por los clientes que llegaran a nuestro apartamento, y que por si algún motivo no compraban el nuestro, pero compraban a través de la empresa, nos compartían un porcentaje de comisión.

A la semana siguiente mi amigo tomó el servicio ofrecido, y yo pude concluir que, en el servicio al cliente, la primera impresión siempre es la que cuenta, y nunca hay una segunda oportunidad para una primera impresión.