¿Qué es el impuesto rosa y por qué algunos productos para mujeres cuestan más?
martes, 19 de mayo de 2026
Higiene personal, cosméticos, depilación, cuidado de la piel y productos menstruales representan compras frecuentes dentro del presupuesto femenino
El color del empaque, una fragancia distinta o una etiqueta dirigida al público femenino pueden hacer que un producto cueste más. Ese fenómeno es conocido como “impuesto rosa”, un término utilizado para describir el sobreprecio que enfrentan las mujeres en algunos artículos de consumo cotidiano frente a versiones masculinas similares.
De acuerdo con Clara Inés Pardo, experta en economía y comercio de la Universidad del Rosario, se trata de “un fenómeno de consumo en el que productos y servicios dirigidos a mujeres tienen precios más altos que productos equivalentes dirigidos a hombres, aunque sus diferencias reales sean mínimas o solo estéticas”. La analista explicó que no es un impuesto oficial, sino “una estrategia de mercado basada en segmentación de género”.
El fenómeno suele verse en productos como máquinas de afeitar, desodorantes, champús, cremas y artículos de cuidado personal. “Muchas veces la diferencia está únicamente en el color del envase, el aroma o el marketing”, señaló Pardo.
Según explicó, un estudio del Departamento de Asuntos del Consumidor de Nueva York encontró que en 30 de 35 categorías analizadas los productos femeninos eran más costosos y que algunos champús y acondicionadores para mujeres costaban hasta 48% más.
El impacto económico aparece porque muchos de estos productos hacen parte del gasto recurrente. Higiene personal, cosméticos, depilación, cuidado de la piel y productos menstruales representan compras frecuentes dentro del presupuesto femenino. “Algunos estudios estiman que las mujeres pagan entre 7% y 25% más por ciertos artículos comparables de consumo personal”, afirmó la experta.
Pardo explicó que el sobrecosto afecta especialmente a mujeres jóvenes, estudiantes, madres cabeza de hogar y personas con menores ingresos. Además, indicó que existe un efecto acumulativo relacionado con estándares sociales de belleza y cuidado. “Las mujeres suelen consumir más categorías de productos asociadas a expectativas sociales como maquillaje, depilación, cuidado capilar o productos dermatológicos”, señaló.
Otro de los puntos que ha impulsado el debate es el llamado “tampon tax”, relacionado con impuestos aplicados a productos menstruales considerados esenciales. En distintos países se ha discutido reducir o eliminar estos cobros por considerarlos una carga desigual para las mujeres.
Aunque algunos sectores sostienen que ciertos productos femeninos sí tienen diferencias en diseño o ingredientes que justificarían precios distintos, otros consideran que el fenómeno responde principalmente a estrategias de marketing. “Muchas veces el consumidor paga más por diferencias superficiales como el color rosa, fragancias florales o empaques distintos”, concluyó Pardo.