Colombianos alcanzan el pico salarial a los 38 años con $33,3 millones anuales
viernes, 26 de junio de 2026
Máximo ingreso laboral de persona promedio en su vida fue $33,3 millones al año y $2,7 millones al mes a sus 38 años
Uno piensa que a los 30 va a tener la vida resuelta: casa y carro propios, una familia y un trabajo estable. Pero la realidad es otra. En Colombia, solo a partir de los 28 años las personas empiezan a ganar más de lo que gastan, una ‘buena racha’ que dura apenas hasta los 53. El pico de ingresos laborales se alcanza a los 38 años y, para 2024, llegó a $33,3 millones anuales, equivalentes a $2,7 millones al mes.
Así lo reveló el Dane en los más recientes resultados de las Cuentas Nacionales de Transferencia para el periodo 2021-2024. Las cifras muestran que, mientras en 2021 los colombianos alcanzaban su mayor ingreso laboral a los 37 años, con $23,4 millones, para 2024 este nivel aumentó a $33,3 millones.
Al respecto, Juliana Morad, directora de Derecho Laboral de la Universidad Javeriana, explicó que el hecho de que el ingreso laboral alcance su punto máximo a los 38 años “dice más sobre la estructura de nuestro mercado de trabajo que sobre la capacidad productiva de la gente”, teniendo en cuenta que los ingresos aumentan a medida que se acumulan dos factores: educación y experiencia.
Este punto fue respaldado por la vicepresidenta de Anif, Luz Magdalena Salas, quien afirmó que las personas no alcanzan el mejor sueldo de sus vidas a una edad más temprana porque los ingresos laborales dependen principalmente de la formación y de la experiencia que se acumula a lo largo de los años, siendo esta última la de mayor relevancia al momento de conseguir un trabajo estable.
“Cuando uno entra al mercado laboral, todavía está aprendiendo, desarrollando habilidades y asumiendo nuevas responsabilidades y roles dentro del trabajo. Entonces, con los años, la experiencia se traduce en mejores salarios”, dijo Salas.
En comparación con economías similares, donde el pico salarial se alcanza entre los 45 y 55 años, el colombiano llega más temprano y a un nivel más bajo. Esto se debe, a juicio de Morad, a los altos niveles de informalidad: cuando casi la mitad de los ocupados no tiene un contrato formal, el mecanismo que en los mercados formales sostiene el crecimiento salarial hasta la quinta década, la prima por antigüedad y experiencia, no opera.
“Las trayectorias informales son planas: la experiencia no se remunera, no hay escalas de ascenso ni carrera. El problema real no es que el pico llegue temprano, sino que el mercado le pone techo al potencial de forma prematura”, precisó la experta.
Pero no solo eso. La diferencia entre el techo máximo de $2,7 millones mensuales y el salario mínimo es relativamente baja, lo que revela un rezago en la productividad. A juicio de la vicepresidenta de Anif, “en otros países, ese promedio está mucho más alejado del salario mínimo y eso demuestra que son mercados laborales y economías mucho más productivas”.
Si bien, en esos tres años, el ingreso máximo promedio subió cerca de $10 millones (medido en pesos corrientes), analistas advierten que se trata de un incremento nominal y no real. De esa forma, sale a la luz que una buena parte del aumento del sueldo se la llevó la inflación, especialmente porque entre 2021 y 2024 los precios crecieron aproximadamente 30%, dejando una ganancia real que ronda entre 9% y 10%. A esto se suma un “efecto base” en los cálculos, producto de la recuperación del mercado laboral tras la pandemia y del alto desempleo registrado en 2021.
Por ello, Morad reconoció que hubo una ganancia real, pero enfatizó que fue modesta y estuvo muy por debajo de la meta. En cuanto a si fue suficiente, aseguró que no, debido a que “recuperar el nivel del ingreso no corrige lo estructural: que el pico llegue temprano, que la curva sea plana en la informalidad y que la brecha con el trabajador por cuenta propia no haya cedido. Recuperamos terreno; no transformamos la estructura”.
¿Y si se revisa por género?
En materia de género, en 2021 las mujeres registraron un ingreso promedio máximo de $18,1 millones a los 37 años. A esa misma edad, el sueldo máximo de los hombres alcanzó $29,04 millones, lo que reflejó una brecha cercana a $10,8 millones.
Tres años después, la diferencia entre hombres y mujeres aumentó a $12,1 millones, teniendo en cuenta que el ingreso máximo fue de $27,6 millones para las mujeres, a los 37 años, y de $39,8 millones para los hombres, a los 43 años.
Frente a este punto, Salas recalcó que esta diferencia sigue siendo una tarea pendiente, sobre todo porque ya no se explica por un factor educativo, pues incluso hoy las mujeres tienen mayores niveles de formación que los hombres. Por el contrario, “lo que vemos es que las mujeres siguen asumiendo la mayor parte de las responsabilidades del cuidado y del hogar”.
Como consecuencia, ellas se ven en la necesidad de aceptar empleos de tiempo parcial, informales o en sectores de menor calificación.
“Mientras eso no cambie, va a ser muy difícil empezar a reducir esa brecha salarial. Es decir, se requiere o que los hombres empiecen a asumir más responsabilidades del hogar, o que existan herramientas que ayuden a las mujeres para que puedan descargar parte de esa responsabilidad”, recalcó Salas.
El peso de la informalidad
Dentro de los resultados de las Cuentas Nacionales de Transferencias, el Dane encontró que, en 2021, los asalariados registraron su mayor ingreso a los 36 años y los trabajadores por cuenta propia lo alcanzaron a los 47 años, con una diferencia de $11,2 millones a favor del primer grupo.
Tres años después, la tendencia se mantuvo, con una brecha de $14,9 millones a favor de los asalariados, quienes obtuvieron su mayor ingreso a los 37 años, 10 años antes que los trabajadores por cuenta propia.
A juicio de Morad, “esta diferencia refleja que ser trabajador por cuenta propia en Colombia no es, en la mayoría de los casos, emprendimiento: es rebusque de subsistencia”. A diferencia del empleado asalariado, quien opera con contrato escrito, cotiza a pensión y salud y está afiliado a la ARL y a los demás sistemas de protección social, el trabajador por cuenta propia concentra el nivel de informalidad más precario: no tiene escala, no accede a crédito, carece de protección y no obtiene ganancias.
El impacto, señaló Morad, es triple: deprime la productividad agregada, en la medida en que una mayor proporción de ocupados genera poco valor; perpetúa la vulnerabilidad, porque son los trabajadores sin pensión ni cobertura los que más se exponen a choques; y presiona las finanzas públicas, debido a que hay menos cotizantes sosteniendo el sistema de protección.
“No es solo una brecha de ingresos: es la brecha que explica por qué el crecimiento económico no se traduce en bienestar para la mitad de los ocupados”, recalcó la experta.
La diferencia entre los ingresos de los asalariados y los trabajadores por cuenta propia también revela diferencias en la calidad de sus empleos. Mientras el primer grupo normalmente trabaja para empresas más productivas, recibe capacitación y obtiene mejores salarios, el segundo desempeña labores de menor productividad y percibe menos ingresos.
Con base en ello, Salas indicó que las trayectorias laborales se convierten en un factor de gran importancia; es decir, “la vida laboral de una persona depende mucho de cuál fue su primer empleo y cuál fue su primera experiencia laboral. Si mi vida laboral empieza en un empleo asalariado, comienzo a acumular una serie de ocupaciones con mejor calidad del empleo y mejores salarios a lo largo de mi carrera”.
Las cuentas del Dane mostraron que los colombianos solo generan más ingresos de lo que gastan entre sus 28 y 53 años; por lo que, en el resto de su vida viven con lo justo. Esto lleva a que ese lapso de ‘buena racha’ financie el periodo de ‘vacas flacas’.