El costo de comprar un pollo asado ya está $5.000 más caro que en octubre de 2025
miércoles, 7 de octubre de 2026
La variación anual fue de 12,42%, jalonada por los mayores costos de mano de obra, energía, transporte, arriendos y servicios de los restaurantes
Hoy se conocerá el dato de inflación de septiembre y los mayores costos de la mano de obra, la energía, el transporte, los arriendos y los servicios de los restaurantes ya comienzan a sentirse en los asaderos del país. Según el Índice del Pollo Asado, IPA, el precio de este plato aumentó 12,42% en el último año, al pasar de $38.782 a $43.599. Es decir, en 12 meses el precio se incrementó en cerca de $5.000.
Esta tendencia también se refleja en el último mes, aunque a menor escala, con un incremento de apenas 0,30%, luego de que el precio se ubicara en $43.170 en agosto.
Las ciudades con el pollo asado más caro en septiembre fueron Medellín, con $51.390; Cartagena, con $48.090; y Cúcuta, con $44.210. En contraste, los precios más bajos se registraron en Tunja, con $37.450; Cali, con $40.500; y Bogotá, con $41.550.
Sobre las razones detrás de estos incrementos, Gonzalo Moreno, presidente de Fenavi, explicó que el aumento no significa que el pollo como materia prima haya subido en la misma proporción. “Por el contrario, la información reciente del Sipsa del Dane muestra una tendencia a la baja en los precios mayoristas de las carnes y, en el caso particular del pollo, hemos venido observando reducciones importantes en diferentes mercados del país”, señaló.
El dirigente gremial agregó que el pollo asado es un producto preparado y que su precio final incorpora muchos otros componentes, como mano de obra, arriendos, servicios públicos, transporte, empaques, salsas y acompañamientos, domicilios y, en general, todos los costos propios de un restaurante.
El encarecimiento de uno de los platos más consumidos por los colombianos ya comenzaba a reflejarse en el IPC de agosto, que se ubicó en 6,24%. Entre las divisiones que más impulsaron la inflación estuvieron alojamiento y servicios públicos, alimentos y bebidas no alcohólicas, y restaurantes y hoteles, con aportes de 1,78 puntos porcentuales, 1,16 pps. y 1,05 pps., respectivamente.
Nicolás Cruz Walteros, analista de economía local de Corficolombiana, explicó que este aumento responde a una combinación de mayores costos de producción y comercialización, junto con una oferta que no ha crecido al mismo ritmo que la demanda.
“En primer lugar, está el costo del pollo. La producción avícola depende en buena medida de materias primas como el maíz y la soya, cuyos precios internacionales y costos de importación inciden sobre el alimento balanceado. Este aumento se ha dado como consecuencia de la guerra entre Estados Unidos e Irán”, afirmó.
Sin embargo, explicó que el aumento de más de 12% no debe interpretarse como que el precio del pollo en pie haya subido en la misma proporción, ya que el plato final incorpora toda la estructura de costos del asadero.
Entre las ciudades que registraron los mayores aumentos mensuales se destacó Tunja, donde el precio pasó de $35.200 a $37.450, lo que representó un alza de 6,39%. Le siguieron Cali, con un aumento de 4,65%, y Cartagena, con 1,11%.
No obstante, las mayores variaciones se presentaron a la baja. Cúcuta registró una caída de 7,82%, al pasar de $47.960 a $44.210, mientras que Villavicencio tuvo una variación negativa de 0,71%, al cerrar en $42.000 frente a los $42.300 de agosto.
El impacto del dólar
Este año ha estado marcado por la fluctuación del dólar y su impacto en el sector del comercio. El pollo asado no es ajeno a este comportamiento. Según explicó Moreno, para la avicultura el comportamiento reciente de la tasa de cambio ha sido favorable, debido a que Colombia importa buena parte del maíz amarillo y la soya utilizados en la alimentación de las aves.
“Un peso más fuerte frente al dólar ayuda a contener esos costos de producción”, afirmó.
Sin embargo, resaltó que un factor que sí será determinante será el fenómeno de El Niño, que tendría una intensidad muy fuerte a final de año y podría generar presiones sobre los costos agrícolas, la energía, la disponibilidad de agua y la logística.