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“La región Caribe tiene condiciones para ser un hub energético de talla hemisférica”

Camacol

Eduardo Verano de la Rosa, gobernador del Atlántico, se refirió a los retos para aumentar la participación del Caribe en el PIB y los proyectos prioritarios

Juan Diego Murcia

El Caribe se ha consolidado como una de las regiones más importantes para la economía nacional. En conjunto, sus siete departamentos aportan cerca de 15% del PIB del país y el Atlántico se ha convertido en la joya de la corona de una región que, pese a los grandes retos en materia energética, cuenta con una amplia diversidad de sectores que impulsan su crecimiento económico.

La noticia de que la sede presidencial se trasladará a Barranquilla, capital del Atlántico, no solo podría impulsar la descentralización del país, sino también atraer más inversión, empresas y desarrollo social para el departamento. Eduardo Verano de la Rosa, su gobernador, habló sobre las oportunidades que se abren para el Atlántico y los retos que deberá enfrentar para fortalecer la economía y el tejido empresarial.

Gobernación del Atlántico

¿Qué impacto tendría una mayor descentralización y convertir a Barranquilla en sede alterna del gobierno?

Es mucho el tiempo y el dinero que invierten los mandatarios del Caribe cuando hacen gestión en Bogotá. Por eso, una sede alterna del Gobierno nacional acercaría las decisiones a los territorios donde se ejecutan los proyectos, reduciría los tiempos de coordinación institucional y facilitaría la interlocución directa entre ministerios, gobernaciones, alcaldías, empresarios, universidades y comunidades.

Para el inversionista, la presencia permanente del gobierno nacional enviaría una señal muy poderosa de confianza, continuidad y prioridad estratégica. Barranquilla podría convertirse en el punto de articulación de las políticas nacionales para el Caribe, Centroamérica y la cuenca del Gran Caribe.

LOS CONTRASTES

  • Rodrigo Lara Ministro del Interior designado

    “Tenemos que avanzar con la descentralización. La capital alterna en Barranquilla es un símbolo muy importante que busca cambiarle el chip a todo el país”.

Pero la descentralización es un paso para acercar las acciones del Estado al ciudadano. Lo que debe desarrollarse es la autonomía territorial, consagrada en los artículos 306 y 307 de la Constitución Nacional y en las leyes orgánicas subsiguientes, que definen una nueva organización territorial del Estado, en la que las regiones, de manera autónoma, tendrían injerencia en las acciones que las beneficien, sobre todo en el manejo de sus recursos y de las riquezas que producen. Hoy, 85% de esos recursos los maneja la Nación, lo que genera inequidades socioeconómicas.

La gran oportunidad consiste en que Barranquilla funcione como una sede para pensar, decidir y ejecutar desde el Caribe, sin competir con Bogotá, sino complementando la capacidad del Estado colombiano.

Gráfico LR

¿Cómo ha evolucionado la dinámica empresarial del Caribe y qué sectores destacan en el departamento?

En el Atlántico hemos consolidado una combinación especialmente valiosa de industria, comercio, logística, construcción, servicios empresariales, salud, turismo y economía digital. Cerca de 50% del tejido empresarial departamental está organizado en clústeres estratégicos que agrupan más de 41.800 empresas y generan alrededor de 260.000 empleos.

La inversión extranjera también refleja esa evolución: Barranquilla pasó de recibir cerca de US$42 millones en 2008 a aproximadamente US$554 millones en 2024, mientras que ProBarranquilla, la agencia de promoción territorial, ha contribuido a atraer alrededor de US$1.500 millones durante los últimos cuatro años.

Hoy sobresalen cinco grandes tendencias: el nearshoring y la relocalización industrial; la logística y el comercio exterior; las energías renovables y la transición energética; los datos, la inteligencia artificial y los servicios digitales; y la agroindustria y el turismo sostenible.

El Atlántico está dejando de ser visto únicamente como un mercado regional y está siendo reconocido como una plataforma para producir y prestar servicios destinados a todo el continente.

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¿Puede aumentar la participación que el Caribe tiene en el PIB nacional durante el próximo cuatrienio?

Sí puede aumentar, pero no ocurrirá automáticamente. Para que el Caribe eleve su participación en el PIB nacional, debe crecer por encima del promedio del país. Eso exige recuperar niveles altos y sostenidos de inversión, elevar la productividad y desarrollar proyectos regionales de escala suficiente para transformar nuestra estructura económica.

El Atlántico ha demostrado que es posible. Durante las últimas dos décadas, su PIB prácticamente se duplicó y su crecimiento promedio anual superó ligeramente el promedio nacional. Sin embargo, la inversión de todo el país, medida como formación bruta de capital fijo, ha descendido hasta niveles cercanos a 16,5% del PIB, lo cual limita el crecimiento, la productividad y la generación de empleo.

¿Qué condiciones se requiere para que eso se dé?

Para aumentar la participación regional se requieren cinco condiciones: energía confiable y competitiva; infraestructura multimodal que conecte puertos, aeropuertos, carreteras, trenes y ríos; reglas claras y estabilidad jurídica para la inversión; formación de talento pertinente para las nuevas industrias; y una verdadera gobernanza regional que permita priorizar y ejecutar proyectos de manera conjunta.

El Caribe debe dejar de ser entendido como siete economías separadas y comenzar a operar como una gran plataforma productiva de más de 11 millones de habitantes.

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¿Qué impacto tendría trasladar operaciones estratégicas de Ecopetrol al Caribe?

Tendría un efecto estructural. La presencia de operaciones estratégicas de Ecopetrol en el Caribe permitiría consolidar un verdadero clúster energético alrededor de Reficar, los puertos, la industria petroquímica, la generación térmica, el gas natural y las nuevas energías.

No se trataría solamente de trasladar empleos administrativos. Lo verdaderamente transformador sería trasladar capacidad de decisión, investigación, compras, innovación, proveedores, servicios especializados y desarrollo de proyectos.

Esto generaría encadenamientos con empresas regionales, fortalecería las universidades y los centros tecnológicos, atraería capital extranjero y permitiría integrar los activos energéticos de Cartagena, Barranquilla, La Guajira, Sucre y Córdoba.

El Caribe tiene las condiciones para evolucionar de una región productora y receptora de energía a un hub energético de talla hemisférica. El Plan Caribe Minero-Energético plantea, precisamente, orientar la inversión pública y privada, atraer industrias de valor agregado y convertir la seguridad energética regional en un factor de estabilidad nacional.

Además, una plataforma energética robusta podría permitir, en el futuro, exportar excedentes de energía limpia, apoyar la integración con Centroamérica y contribuir a la recuperación energética de Venezuela.

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¿Qué medidas se implementan para simplificar la tributación y reducir cargas administrativas?

La competitividad tributaria no consiste únicamente en reducir impuestos, sino también en ofrecer previsibilidad, claridad y rapidez. Estamos orientando nuestra estrategia hacia una plataforma integral de atención al inversionista que permita conocer, en un solo punto, qué suelo está disponible, qué incentivos existen, los permisos se requieren, cuál es la normativa aplicable y quién es responsable de acompañar cada etapa.

La propuesta incluye una Ventanilla Única del Inversionista, un banco de predios, una ruta clara de trámites e incentivos, proyectos clasificados por su nivel de madurez y asistencia técnica a los municipios para armonizar sus instrumentos territoriales. Nuestra meta es sencilla: que cualquier empresa pueda saber dónde instalarse, cuánto tiempo toma el proceso, con quién debe relacionarse y cuáles son las condiciones jurídicas, tributarias y territoriales de su inversión.

También debemos trabajar con las alcaldías, los concejos municipales y el sector privado para evitar la dispersión normativa y construir una ruta regional de incentivos. La inversión llega donde encuentra suelo preparado, reglas claras, talento formado y proyectos viables.

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¿Cuáles son los principales cuellos de botella para atraer inversión?

El primer cuello de botella es la energía. El Caribe posee un potencial extraordinario en generación solar y eólica, pero las redes de transmisión y distribución no siempre tienen la capacidad necesaria para conectar nuevos proyectos y atender el crecimiento industrial. Los retrasos en infraestructura energética pueden superar varios años.

El segundo es la infraestructura logística. Necesitamos mejores accesos portuarios, mayor navegabilidad del río Magdalena, corredores viales completos, integración ferroviaria y una infraestructura aeroportuaria de mayor escala.

El tercero es la seguridad jurídica y regulatoria. Los inversionistas necesitan procedimientos previsibles para el licenciamiento, las consultas comunitarias, la conexión energética, el uso del suelo y el cierre financiero.

El cuarto es el talento. Contamos con universidades y una fuerza laboral joven, pero debemos acelerar el bilingüismo y la formación técnica en logística, energía, mantenimiento aeronáutico, software, inteligencia artificial y servicios globales.

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El quinto es la productividad. Los costos de la energía, el transporte, la última milla y la informalidad todavía limitan la capacidad de muchas empresas para integrarse a las cadenas globales.

No tenemos un problema de falta de oportunidades. Tenemos el desafío de construir las capacidades y las reglas que permitan convertir esas oportunidades en inversión efectiva.

¿Cuáles son los proyectos de infraestructura prioritarios?

El Caribe necesita un sistema de infraestructura, no una suma de obras desconectadas.

La primera prioridad es la conectividad multimodal. Allí se encuentran el Tren Regional Caribe, que debe conectar Barranquilla, Cartagena y Santa Marta para pasajeros y carga; el Puente de la Hermandad, que integraría Atlántico y Magdalena; la recuperación plena de la navegación por el río Magdalena; y la culminación de los corredores viales de la Cordialidad, la Autopista al Mar, la Oriental y los accesos metropolitanos.

La segunda prioridad es la infraestructura aeroportuaria. El Ernesto Cortissoz debe convertirse en una Ciudadela Aeroportuaria, con capacidad para carga, mantenimiento y reparación de aeronaves, formación técnica, logística y servicios especializados.

LR

La tercera es la infraestructura marítima y energética, incluida una plataforma de aguas profundas en Bocas de Ceniza, complementaria a los puertos actuales y orientada a la energía, los combustibles limpios y la conexión río-mar.

La cuarta es la infraestructura digital. El Super Puerto Digital del Caribe puede posicionar al Atlántico como un nodo de centros de datos, inteligencia artificial, conectividad submarina y servicios tecnológicos.

Finalmente, ninguna estrategia estará completa sin infraestructura de servicios públicos: energía confiable, agua potable, saneamiento, conectividad digital y vivienda.

¿Cómo convertir a Barranquilla, Cartagena y Santa Marta en un solo polo de inversión?

La competencia entre ciudades es positiva cuando eleva la calidad, pero la complementariedad regional es mucho más poderosa.

Barranquilla, Cartagena y Santa Marta no deben promocionarse ante el mundo como tres mercados pequeños que compiten por la misma inversión. Deben presentarse como un solo corredor urbano, portuario, turístico, industrial y energético.

El gobernador del Atlántico, Eduardo Verano de la Rosa, en el foro 'Diálogos que suman por Colombia'/LR

Cartagena aporta una plataforma petroquímica, industrial, turística y portuaria de talla internacional.

Santa Marta aporta conectividad portuaria, turismo, agroexportación y cercanía a los recursos energéticos y mineros del norte del país.

Barranquilla aporta industria, servicios empresariales, logística fluvial, conectividad digital, talento y una posición articuladora entre el río y el mar.

El Tren de las Tres Perlas podría convertirse en la columna vertebral física de esa integración. A ello debe sumarse una promoción internacional compartida, una agenda energética regional, interoperabilidad logística, formación conjunta de talento y un portafolio unificado de proyectos.

La región Caribe central ya concentra una proporción significativa de la actividad portuaria nacional y dispone de decenas de zonas francas. La oportunidad consiste en conectar estos activos y presentarlos como un solo ecosistema.

La escala regional permitirá competir por inversiones que ninguna ciudad podría atraer de manera aislada.

¿Qué sectores pueden liderar el crecimiento durante los próximos cuatro años?

No debemos escoger un solo sector. El crecimiento del Caribe debe apoyarse en una combinación de actividades que se refuercen mutuamente.

La logística y la industria seguirán siendo fundamentales. El nearshoring abre oportunidades en alimentos, bebidas, químicos, dispositivos médicos, empaques, bienes de consumo y manufactura especializada.

La energía puede convertirse en el gran motor regional. Tenemos recursos solares y eólicos, gas, infraestructura térmica y posibilidades en hidrógeno, almacenamiento y nuevos combustibles. Pero necesitamos redes capaces de transportar esa energía y una regulación diferencial que libere la inversión.

La economía digital puede producir el salto más disruptivo. Los centros de datos, la inteligencia artificial, el software, el BPO, el KPO, las fintech y los servicios empresariales globales encuentran aquí conectividad internacional, proximidad con Estados Unidos y talento joven.

El turismo debe avanzar hacia productos de mayor valor: naturaleza, cultura, eventos, bienestar, marinas, gastronomía y turismo costero sostenible.

La agroindustria tiene capacidad para transformar las zonas rurales mediante tecnificación, riego, procesamiento de alimentos, cadenas de frío y conexión con puertos y mercados internacionales.

El sector con mayor potencial no será necesariamente el más grande de manera aislada. Será aquel que logremos conectar con energía confiable, logística eficiente, tecnología, talento y mercados.

Ese es nuestro propósito: construir un Caribe donde la industria, el turismo, la energía, la agroindustria y la economía digital funcionen como partes de una misma plataforma de crecimiento.

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