Hacienda

Fedesarrollo y U. Andes dicen que la equidad debe priorizarse tanto como el crecimiento

Lady Zambrano/LR

Señalaron que se debe apostar por una transformación productiva que permita a los ciudadanos generar ingresos propios a través de empleos de calidad

Sara Ibañez Pita

Fedesarrollo y Economía Uniandes publicaron el informe especial '¿Crecimiento o equidad? El enfoque que el próximo Gobierno debe corregir', en el cual advirtieron que la siguiente administración debe crear una política pública que ponga a la equidad y al crecimiento económico en el mismo nivel de prioridad y que contenga marcos regulatorios alineados con esa meta.

Precisaron que el país debe apuntar hacia una visión en que la equidad y el crecimiento no sean objetivos en conflicto, debido a que ambos dependen de una "transformación productiva que permita a los ciudadanos generar ingresos propios a través de empleos de calidad y actividades de alta productividad".

Sobre este punto, recalcaron que, si bien las políticas que promueven productividad permiten avanzar en esa ruta de transformación, no pueden operar en el vacío y necesitan de una política pública que ofrezca condiciones y capacidades alineadas con el objeto productivo. Esto resulta importante porque, según señalaron, el desempeño histórico del país ha mostrado un crecimiento lento "que lo mantiene con las mismas brechas de ingreso que tenía cincuenta años atrás frente a los países ricos".

El centro de pensamiento y la universidad precisaron que la desigualdad se ve reflejada en las grandes diferencias que hay entre los ingresos más bajos y todos los demás, así como en la falta de oportunidades para que los colombianos menos favorecidos accedan a actividades productivas. Las cifras revelan que, a partir de 2014, la desigualdad comenzó a agudizarse a medida que el crecimiento de la economía se desaceleró. Lo mismo sucedió con el descenso de la prevalencia de la pobreza que, desde ese año, se ralentizó.

Detallaron que "la relación entre organización productiva/laboral y la desigualdad/pobreza es evidente en el tipo de actividades productivas que realizan personas con más vs. aquellas con menos ingresos", pues, en comparación con los hogares de mayores ingresos, los de menores se encuentran la mayor parte del tiempo sin empleo. Cuando trabajan, "lo hacen mayoritariamente por cuenta propia o como empleados de negocios muy pequeños, de menos de cinco personas, sin afiliación al sistema de seguridad social contributivo, es decir, en la informalidad, y ganando menos
del salario mínimo".

De esa forma, en 25% de los hogares con ingresos bajos, el número de trabajadores es mucho menor que en la misma fracción de hogares con ingresos altos y casi todos son informales o trabajan por cuenta propia. "Los ocupados de los hogares en la parte más baja de la distribución (25% de menores ingresos) no solo son en su mayoría trabajadores por cuenta propia (88%), sino que los asalariados de este grupo se encuentran en negocios de menos de 5 trabajadores", puntualizaron.

A esto se suma que la producción en Colombia está organizada en parte importante sobre tipos de producción que generan empleos con menores niveles de ingreso; es decir, hay una alta participación de trabajo por cuenta propio o de empresas unipersonales en comparación con países de altos ingresos y otros pares de América Latina. Esta distribución resulta problemática porque implica que el país tiene su talento humano concentrado en actividades menos productivas.

Fedesarrollo y Economía Uniandes detallaron que este modelo prevalece porque hay una persistencia de niveles bajos de productividad "entendida como cuánto valor se produce con los insumos, el trabajo y el capital disponibles para la producción". Conforme a eso, la productividad depende de la calidad de las tecnologías empleadas para producir y el tipo de bienes y servicios producidos, puntos a los que se suman el nivel de capital humano y los tipos de procesos empresariales.

"Cuando los segmentos más masivos del capital humano y la mayor parte de las tecnologías disponibles son aptos solo para actividades de baja productividad, las empresas (uni o multipersonales) que surgen en ese ambiente no tienen la potencia para crecer", agregaron.

Por estas razones, advirtieron que la regulación laboral pone a los empleadores en un panorama con costos elevados más elevados que en otros países y, aunque busca ser garante de los derechos de los trabajadores, no resulta efectiva a la hora de proteger a la mayoría de empleados y a los más desfavorecidos. "Si los costos que impone influyen en la escasa creación de trabajos de calidad, entonces el diseño mismo de esa regulación está frenando su efectividad".

Una estrategia integral para mejorar la productividad y reducir la desigualdad

Todo esto resulta en que el próximo Gobierno deberá encontrar un punto de equilibrio entre el crecimiento y la política pública que deje de lado la política de competitividad, productividad o innovación; debido a que "una economía inclusiva requiere que el país deje atrás estructuras que perpetúan los arreglos laborales de baja productividad, y adopte una estrategia de largo plazo orientada al crecimiento sostenible y a la movilidad social real".

El centro de pensamiento y la universidad establecen que no es posible alcanzar esa meta si se invierte en innovación pero no se transforma el marco regulatorio porque dificulta que las nuevas capacidades tengan cómo prosperar, ni tampoco si se mejora la regulación pero no se invierte en el fortalecimiento de habilidades de la población trabajadora, pues se olvida la vinculación de quienes están lejos de integrarse productivamente.

"La transformación productiva debe concebirse como un proyecto nacional que articule educación, innovación, regulación, financiamiento e infraestructura", recalcaron. Para ello, la administración debe propender por evidenciar y minimizar contradicciones entre la transformación productiva con inclusión. Finalmente, resulta indispensable incorporar una política antimonopolio y de institucionalidad para defender la competencia.

"Una institucionalidad de competencia que funcione bien es crucial para preparar al sector productivo para competir en los mercados internacionales. También lo es para contener la concentración del poder económico", enfatizaron.

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