La mitad de los trabajadores ganan menos de un salario mínimo por altos costos laborales
jueves, 30 de julio de 2026
Los costos no salariales, la carga tributaria sobre las empresas y el salario mínimo para 2026 tienen implicaciones directas sobre la remuneración
El mercado laboral sigue asimilando los efectos de la reforma laboral aprobada el año pasado y del aumento de 23,7% del salario mínimo para 2026. Sin embargo, las dinámicas actuales de remuneración no solo estarían siendo afectadas por estos factores, sino también por las dificultades para la formalización laboral, que continúan repercutiendo en los ingresos de los trabajadores.
Un estudio elaborado por Marcela Eslava, profesora de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, y Marcela Meléndez, directora de Fedesarrollo, reveló que 49% de los trabajadores colombianos gana menos de un salario mínimo, debido a que los costos no salariales, la desconexión entre los salarios y la productividad, y la denominada “asfixia tributaria” impactan directamente la remuneración.
Sobre el primer punto, las economistas señalaron que Colombia tiene los costos extrasalariales más altos de la región, que incluyen primas, aportes a salud, pensiones, riesgos laborales y contribuciones parafiscales, en proporción al salario base de un trabajador que devenga el mínimo legal. Mientras en países de la región ese costo equivale a 27% en Perú, 28% en Chile y 36% en México, en Colombia asciende a 60%.
Jhon Alexander Torres, jefe de investigaciones económicas de Native Capital Management, explicó que en Colombia contratar un trabajador formal no implica solo pagar el salario, sino asumir entre 28% y 35% adicional en costos no salariales obligatorios. Así, para un trabajador con el salario mínimo de 2026, de $2 millones, el costo real para el empleador superaría los $2,6 millones mensuales, una “brecha que se convierte en un incentivo estructural hacia la informalidad”, según Torres.
El economista agregó que algunas alternativas para aliviar estas presiones incluyen eliminar los aportes parafiscales de las pequeñas y medianas empresas al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Icbf, y al Sena, subsidiar las cotizaciones a pensión de los trabajadores de bajos ingresos y flexibilizar los contratos por horas o por días con prorrateo de prestaciones.
En cuanto a los parafiscales, el aporte al Icbf equivale a 3% del ingreso base de cotización del trabajador; el destinado al Sena corresponde a 2%, y otro 4% se dirige a las cajas de compensación. Si el IBC de un trabajador es de $2 millones, sin considerar los costos salariales, eliminar los aportes al Icbf y al Sena generaría un ahorro de al menos $100.000 por trabajador.
El segundo aspecto señalado por Eslava y Meléndez es la desconexión entre los salarios y la productividad de los trabajadores. El estudio también reveló que 29% de los colombianos ocupados gana $1 millón o menos al mes. Para las economistas, esto demuestra que el salario mínimo regulatorio está lejos de ser un mínimo efectivo.
“Para los trabajadores por cuenta propia, que representan, por amplio margen, la mayoría de quienes reciben ingresos inferiores a ese piso por su trabajo, su remuneración refleja su productividad en el mercado. Por tanto, la brecha entre el salario mínimo y sus ingresos también mide la dificultad de acceder a un empleo con las prestaciones de ley”, explicaron.
En ese sentido, Torres afirmó que el problema estructural radica en que los aumentos salariales no tienen en cuenta la productividad de los trabajadores. Esto hace que los salarios crezcan a un ritmo superior al de la productividad, lo que incrementa los costos laborales unitarios y afecta directamente la competitividad y la sostenibilidad de las empresas.
“España puede tener costos extrasalariales más altos, pero no tiene un salario mínimo tan alejado del salario que realmente ganan muchas personas en Colombia”, señaló Eslava.
El jefe de investigaciones económicas de Native Capital Management agregó que las consecuencias de este tipo de ajustes son inmediatas y medibles. “El aumento del salario mínimo arrastra a los trabajadores informales a percibir menores ingresos, en lugar de consolidar mejoras sostenidas en sus remuneraciones. Además, el ajuste salarial puede profundizar la segmentación del mercado laboral y debilitar el alcance efectivo de la regulación”, resaltó Torres.
Finalmente, las economistas subrayaron que la carga tributaria para las empresas también incide en los salarios de los trabajadores, ya que los altos costos de la formalización desincentivan el surgimiento y la sostenibilidad de negocios productivos, tanto pequeños como medianos y grandes. Colombia tiene la tasa del impuesto de renta corporativa más alta de la región, de 35%, lo que ha llevado a la creación de regímenes tributarios especiales y simplificados para las microempresas.
“El problema de esas alternativas son las ‘trampas de crecimiento’: las empresas prefieren mantenerse artificialmente pequeñas, lo que se conoce como enanismo productivo, para evitar pasar a un régimen tributario significativamente más costoso”, concluyeron las expertas.