Lo que la revista The Economist opina sobre Iván Duque y Gustavo Petro

“Cualquiera de los favoritos sería una mala elección. Duque es un modernizador pero no su mentor, el señor Uribe. Petro sería un peor presidente”.

Francisco Rincón - frincon@larepublica.com.co

En su edición impresa de esta semana, la prestigiosa publicación británica esbozó las razones por las que, en su criterio, ninguno de los dos candidatos que líderan las encuestas de intención de voto resultaría una opción viable como presidente de la República.

´The faulty front-runners for Colombia’s presidency´ (los defectuosos punteros a la presidencia de Colombia) inicia por recapitular el escenario de las elecciones en 2014. “El país estaba en guerra. Su ejército luchaba contra las Farc, un grupo guerrillero de inspiración marxista concentrado en derrotar al Estado y hacer dinero a partir del tráfico de droga y otros crímenes. En 50 años de guerra perecieron 220.000 víctimas y siete millones de personas fueron desplazadas”.

The Economist resalta el hecho de que estas elecciones presidenciales sean las primeras desde el fin de la guerra, lo cual también representó para el presidente Santos el Premio Nóbel de Paz en 2016. Sin embargo, según la publicación, este legado parece ser rechazado en mayor o menor medida por los dos punteros.

“El favorito es Iván Duque, aliado del ex – presidente conservador (sic) Álvaro Uribe quien fue el más férreo opositor del proceso de paz. Su adversario más cercano es Gustavo Petro, ex-alcalde de Bogotá y quien en la década de los 80 perteneció a la guerrilla del M-19. Él está a favor de la paz pero, desde la izquierda, critica ferozmente al establecimiento al cual pertenece Santos”.

Posteriormente, enumera las razones por las que “cualquiera de los favoritos sería una mala elección”.

“Como presidente, Uribe lideró la ofensiva contra las Farc, lo cual allanó el camino para la paz. Pero también tiene un talante autoritario. Está aliado con grandes terratenientes que se resisten a las reformas contempladas por el acuerdo de paz tales como la actualización de los registros de tierras y el impuesto a la propiedad. Los colombianos tienen razón al preguntarse si el señor Uribe tendría demasiada influencia sobre la presidencia de Duque”.

La consecuencia de este escenario no sería la reanudación de la guerra pero sí podría obstaculizar un acuerdo de paz con el ELN.

En cuanto a Gustavo Petro, el artículo se refirió a las críticas surgidas bajo su alcaldía y a su programa económico que propone una transición del modelo extractivo al desarrollo de fuentes de energía alternativas.

“Sus planes incluyen la noción contraproducente de sacar a Colombia del negocio del petróleo, su principal fuente de exportaciones. Su mandato como alcalde de Bogotá estuvo marcado por enfrentamientos con el Concejo de la ciudad y disputas con contratistas, uno de los cuales dejó de recoger la basura de las calles. Sus oponentes lo comparan con Hugo Chávez. Eso es una exageración. Pero ni el temperamento del señor Petro ni sus ideas lo capacitan para la presidencia”.

Por estas razones, The Economist considera que otros aspirantes ofrecen mejores propuestas a la vez que lanza un guiño directo al candidato de la Coalición Colombia.

“Humberto de la Calle, jefe negociador del proceso de paz con la guerrilla, es un digno aspirante. Sergio Fajardo, un matemático que ha puesto la política y la educación en el centro de su campaña, podría tener una mejor oportunidad. Como alcalde de Medellín y Gobernador de Antioquia demostró, a diferencia de Petro, que puede liderar exitosamente un gobierno. A diferencia del señor Duque, buscaría mejorar la implementación del acuerdo de paz, no socavarlo. Por eso tiene nuestro voto”.

´The faulty front-runners for Colombia’s presidency´ concluye enumerando las causas por las cuales el descontento de la población colombiana es comprensible. Igualmente, subraya que Colombia no es Venezuela y que, por tanto, la democracia nacional no está en peligro.

“La desigualdad de ingresos, aunque está disminuyendo, es la segunda más alta en América Latina. La educación y la sanidad no son lo suficientemente buenos. La corrupción está desbordada (…) incluso si gana la persona incorrecta no hay razones para preocuparse. A diferencia de Venezuela, donde su presidente, Nicolás Maduro, acaba de ganar una elección fraudulenta, Colombia es una democracia sólida con instituciones relativamente fuertes. Al menos el próximo presidente, quienquiera que sea, es poco probable que cambie eso”.

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