Ni solo para jóvenes ni para élites: el desafío de la educación superior
miércoles, 13 de mayo de 2026
Ascun plantea que el próximo gobierno debe impulsar una transformación estructural de la educación superior, con un modelo que responda a las nuevas realidades del país
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En medio de una campaña presidencial marcada por debates coyunturales y promesas de corto plazo, Colombia enfrenta una discusión de fondo que no admite más aplazamientos: cómo transformar estructuralmente la educación superior para responder a las nuevas realidades demográficas, tecnológicas, territoriales y productivas del país.
Desde la Asociación Colombiana de Universidades, Ascun, la premisa es clara: el sistema educativo colombiano ya no puede seguir diseñado exclusivamente para jóvenes recién graduados de la educación media. El desafío de los próximos años exige construir un modelo flexible, articulado e intergeneracional, que entienda el aprendizaje como un proceso permanente a lo largo de la vida.
“La discusión va mucho más allá de ampliar cupos o fortalecer esquemas de gratuidad. El verdadero reto consiste en reorganizar integralmente la educación postsecundaria. Hoy el país mantiene un sistema fragmentado entre educación media, formación para el trabajo, educación técnica, tecnológica, universitaria y formación del Sena, con débiles conexiones entre sus distintos niveles y múltiples barreras para quienes desean actualizarse, reconvertirse laboralmente o retomar sus estudios”, señala Oscar Domínguez González, director Ejecutivo de Ascun.
La propuesta de la asociación consiste en avanzar hacia trayectorias educativas más flexibles, con el reconocimiento de los aprendizajes previos, certificación de competencias y regulación clara de microcredenciales. El objetivo es permitir que jóvenes, trabajadores y adultos mayores puedan construir rutas de formación adaptadas a distintas etapas de la vida y del mercado laboral.
Esta visión adquiere mayor relevancia en un contexto como el actual, gracias a la automatización que transforma el empleo y en el que las habilidades requieren actualización constante. La universidad ya no puede limitarse a formar profesionales de pregrado: debe consolidarse como una plataforma permanente de aprendizaje y desarrollo de capacidades.
Otro de los desafíos prioritarios es la permanencia estudiantil. Aunque el acceso ha aumentado, miles de estudiantes abandonan sus estudios por razones económicas, emocionales o familiares. Por ello, Ascun propone una política nacional de bienestar integral que incluya salud mental, sistemas de cuidado y apoyos diferenciales para estudiantes trabajadores, madres, cuidadores y población adulta.
La sostenibilidad financiera del sistema también ocupa un lugar central. La propuesta plantea garantizar el crecimiento de los recursos públicos para universidades estatales y revisar los criterios de asignación incorporando variables como calidad, permanencia y cierre de brechas. Al mismo tiempo, reconoce el carácter mixto del sistema colombiano, en el cual cerca de la mitad de la matrícula pertenece a instituciones privadas, lo que obliga a pensar mecanismos de apoyo más equitativos y transparentes.
A esto se suman retos relacionados con ciencia, tecnología, innovación y cierre de brechas territoriales. Mientras algunas ciudades concentran infraestructura y oferta académica, regiones como la Amazonía, la Orinoquía y territorios Pdet siguen enfrentando profundas limitaciones de acceso.
Por eso, más allá de las discusiones coyunturales, la próxima presidencia deberá decidir si mantiene reformas fragmentadas o si impulsa una transformación estructural capaz de conectar la educación superior con las verdaderas necesidades del país y de las nuevas generaciones.