Por inseguridad no se podrá cumplir el cronograma del Oleoducto Bicentenario

Salud Hernández Mora

Un día queman tractomulas y buses de la compañía, otro siembran minas cerca del punto donde tienen que cavar los obreros; y un tercero les lanzan explosivos y disparan a los soldados que los custodian. Y a veces, como ocurrió el jueves pasado por la noche en Tame (Arauca), asesinan.

Esa noche mataron al ingeniero de la empresa contratista Sicim, José Ricardo Mora, por “la imprudencia”, dicen lugareños, de aventurarse fuera del campamento.

Por eso nadie cree que los constructores del Oleoducto Bicentenario vayan a cumplir ningún plazo. La frase más común, la que repiten quienes trabajan en su construcción o la siguen de cerca, es “si acá, en Tame, que es la zona más fácil, van con retraso y ni siquiera entregarán a tiempo, no digamos en Saravena. Allá es a otro precio”.

Porque allá, lo recuerdan bajando el tono de voz, el Eln y las Farc son aún más fuertes y ya advirtieron que no permitirán la obra.

“Eso se arregla pagando”, explica un obrero que, al igual que el resto de personas a las que entrevisto en la zona, acepta hablar bajo la condición de no dar el nombre.

Por eso no sorprende que en Saravena quemaran un bus que transportaba a los trabajadores del oleoducto el 26 de julio y un día más tarde declararan objetivo militar a los doscientos ocho empleados de la compañía contratista.

Lo hicieron con un simple grafitti en la pared de un estadero conocido. Quince días más tarde la empresa cesó sus contratos y ahora están a la espera de que negocien la ‘vacuna’ con la guerrilla. Porque todos son conscientes de que si no pagan, no trabajan.

Por eso en Corocito, vereda de Tame, de fuerte control ‘eleno’, quienes laboran en la ‘Línea’, como bautizaron al trazado por donde pasará el tubo, están convencidos de que la subcontratista está cumpliendo con los elenos.

“Los grandes se cubren dejando que las compañías en el terreno sean las que den la cara con los guerrilleros”, señala un empleado.

Problemas laborales
Con todo, la escalada violenta no es la única razón para que el avance sea lento. También el sistema de reclutar mano de obra es un lastre.

Cada Junta de Acción Comunal es la encargada de dar los nombres de quienes trabajarán por espacio de solo dos meses y se hace respetando el derecho de todos los habitantes de la vereda a disfrutar de cuatro quincenas mejor remuneradas que otros oficios.

“Claro que se resiente la productividad porque cada dos meses perdemos una semana hasta que los nuevos aprenden, pero así toca”, admite uno de los técnicos.

Confiesa que muchos acuden cada mañana al trabajo con miedo. “Encontramos el otro día minas enterradas, y aunque el Ejército vigila y hay buena coordinación, uno nunca sabe. Cada mañana me echo la bendición”.

Tanto es el temor en la región que los obreros del Oleoducto Bicentenario exigieron que les cambien el overol azul por uno crema o naranja para evitar que los guerrilleros los confundan con los soldados que los cuidan en caso de un ataque y que la visibilidad sea mala.

“Dicen los elenos que tienen francotiradores y que van a echar plomo”, asegura un campesino de Corocito.

Otro cuenta que su intención es que el Oleoducto reubique su granja que queda sobre la Línea. “tengo cuatro hijos y corren mucho riesgo”.

En la vereda citada que queda sobre la carretera Tame – Saravena, la Junta de Acción Comunal se queja de los incumplimientos de todo orden de la empresa contratista.

“No cumple licencia ambiental ni los tiempos pactados en corresponsabilidad social, decían que el cien por cien de personal sería local, pero necesitan 300 y solo 120 son locales”, reclaman enfadados en una improvisada reunión en una de tantas casas pobres que están en la zona.

“Venían a generar empleo e inversión social y solo hemos tenido dos años de reuniones. Prometieron $130 millones por vereda, lo subieron a $180 pero no hemos visto nada”, insisten los voceros.

Pretenden que el Oleoducto Bicentenario tecnifique una finca ganadera comunitaria, pero “todo lo embolatan para no cumplir.

En Tamacay pedían un tractor para la comunidad y dijeron que no era posible. Desde que llegaron acá tenemos más violencia. Aquí fue donde quemaron una volqueta, donde secuestraron a los trabajadores y mataron a tres personas que venían de afuera y decían que buscaban trabajo”.

Pobladores piden mayor presencia del Estado
El atraso que padecen la mayoría de corregimientos y veredas de Arauca, convierten a los grandes proyectos en el objeto del deseo de pobladores y guerrillas. Los primeros buscan que sustituyan a un Estado ausente, y los segundos, la financiación que perdieron por la disminución de los cultivos ilícitos. “El que llega aquí, de una lo van apretando”, señala un policía que pide anonimato. “Esa es la expresión que utilizan los empresarios. Por eso en Arauca hay cultura de pago de extorsión”. Y por eso, también, no hay inversiones de empresas grandes al margen de las petroleras.

Las opiniones

Mauricio Cárdenas
Ministro de Minas y Energía

“No vamos a dejarnos intimidar por cuenta de los terroristas que están tratando de sabotear la obra del Oleoducto y que son enemigos de estos proyectos”.

Javier Genaro Gutiérrez
Presidente de Ecopetrol

“El presupuesto destinado para la primera etapa de este año ascenderá a US$527 millones. Con este oleoducto se podrán transportar en promedio 120.000 barriles diarios”.