‘Se puede hacer reforma agraria con planes desde el sector privado’

Salud Hernández-Mora

Devolver tierras a los campesinos es uno de los programas estrella del Presidente Juan Manuel Santos. Pero también la iniciativa privada lo hace de manera callada y rentable.

El próximo día 20, el mandatario entregará en Sabana de Torres, Santander, los títulos de propiedad a ciento cincuenta campesinos que desde esta semana son pequeños terratenientes. Se trata de un proyecto que ideó Indupalma y su gerente general, Rubén Darío Lizarralde, hace ya una década. La clave es combinar justicia social sin demagogias con las bondades del capitalismo.

Ustedes le dijeron en su día a los jornaleros de Indupalma: no pongan un peso, solo firmen créditos en organismos oficiales ( un total de 9.788 millones) y nosotros les prestamos asistencia técnica y les damos palmas. Si trabajan bien, en cuanto paguen las deudas, serán propietarios de la hacienda 'Las palmas', de 2.256 hectáreas. ¿No pensaron que había gato encerrado?
Sí, decían, no puede ser verdad tanta belleza. No se vinieron los mejores trabajadores sino los que decidieron hacer una apuesta a pesar de que les advertían: a ustedes los van a tumbar.

¿Contra qué les concedieron los créditos?
Yo aproveché mis relaciones, unos bancos sabían de mi trayectoria y el Presidente Pastrana me conocía porque fui su Secretario de Hacienda. Le dije a Pastrana, permita que Finagro y Fiducolombia den la garantía para el crédito de tierra, y el ICR les dio un subsidio.

¿Cuál era el beneficio para Indupalma? Tampoco ustedes son la hermana Teresa de Calcuta reencarnada
Hay dos beneficios. El primero, la paz, porque nosotros tenemos otras fincas de palma en la zona. La guerrilla se conquista a la población civil y si yo me gano a la población, si les demuestro que pueden ser autónomos e independientes, terminan más del lado mío que del de ellos. Segundo, nosotros tenemos toda la cadena de valor y si estimulamos a otros para que produzcan, tengo asegurado el producto.

¿Les pagan por la asesoría técnica?
Normalmente cobro, cuando administro proyectos de terceros, el 8% de los ingresos. A ellos les cobro el 2%, porque estamos haciendo un ejercicio de responsabilidad social empresarial y porque el tema va un poco más allá. Queremos demostrarle al gobierno que la reforma agraria de diez hectáreas en diez hectáreas puede darse, pero esa no es la forma. La forma son proyectos grandes aunque sean muchos dueños chiquitos. Esos no tienen la capacidad ni la educación para sacar los proyectos adelante y ahí viene el mensaje a los empresarios: apoyen esos procesos porque les beneficia. Es hacer una reforma agraria desde el sector privado.

¿No quiso los mismo Andrés Felipe Arias en Carimagua? Porque en el mundo de hoy la agricultura debe tener volumen.
Arias se equivocó en una cosa tonta y es que iba a entregar esa hacienda a unos palmeros porque consideraba que los campesinos no podían con el proyecto, que lo debían tener empresarios grandes, como nosotros, y que emplearan gente. Nosotros decimos, y ahí es donde se equivocó Arias, que los palmeros grandes ayuden a operar el proyecto a los campesinos, estos se van volviendo propietarios y usted les compra el producto. Pudo haber mostrado que hay una forma eficiente de hacer reforma agraria y todos se benefician.

¿Hasta cuando irán ustedes con esos campesinos, porque no pueden perder eternamente?
Nosotros no estamos perdiendo nada y estamos ganando la producción, el dos por ciento que pagan no compensa. Queremos que el proyecto se consolide y se de cuenta el gobierno y el sector privado que uno puede generar nueva riqueza, en lugar de solo distribuirla, y darle la oportunidad a otros de que participen, que sean propietarios. Si creemos en el capitalismo y queremos que se fortalezca, pues todos los días hagamos más capitalistas. Desde el capital se pueden hacer cosas importantes sin demagogia.

¿Qué perfil tienen los nuevos propietarios?
El 75% de ellos eran analfabetos. Lo único que les regalamos es educación, que es la columna vertebral de este proyecto.