Una población cada vez más vieja explica la caída de jóvenes que ni estudian ni trabajan
viernes, 15 de mayo de 2026
Durante el trimestre móvil enero a marzo, el Dane reportó 2,63 millones de jóvenes entre 15 y 28 años que no estudian ni trabajan, lo que representa una caída anual de 1,8%
El número de jóvenes entre 15 y 28 años que no estudian ni trabajan, más conocidos como ninis, ha venido cayendo durante los últimos dos años. Sin embargo, esto no necesariamente responde a un mayor ingreso a la educación superior o al mercado laboral, sino al envejecimiento de la población y a una transformación demográfica.
De acuerdo con el último reporte de mercado laboral juvenil del Dane, mientras en el trimestre móvil enero-marzo de 2024 la cantidad de ninis ascendía a 2,94 millones, este año la cifra se ubicó en 2,63 millones, lo que representa una reducción de más de 314.000 jóvenes. Frente a 2025, la disminución fue de 48.000.
Juliana Morad, directora del Departamento de Derecho Laboral de la Universidad Javeriana, señaló que, aunque la reducción de ninis responde a una combinación de mejores políticas públicas y menos nacimientos, “el componente demográfico pesa más de lo que se reconoce”.
“La fecundidad viene cayendo de forma acelerada desde 2020 y la cohorte de 15 a 28 años se está reduciendo en términos absolutos. Cuando el denominador disminuye, el porcentaje cae, aunque el problema estructural no se resuelva. A esto se suma la migración juvenil hacia el exterior”, detalló.
Las cifras respaldan este punto. En marzo de 2024 había más de 11,15 millones de jóvenes entre 15 y 28 años; para este año, se contabilizaron 11,07 millones. En otras palabras, en dos años esta población se redujo en 80.000 personas. Aun así, la proporción de ninis solo cayó de 26,4% a 23,8%.
Por su parte, Luz Magdalena Salas, vicepresidente de Anif, aseguró que “las políticas públicas no han sido muy efectivas porque no han logrado reducir la población de ninis de manera significativa. Podría decir que ha habido avances muy pequeños como consecuencia de los programas de inserción laboral para jóvenes y, pese a que es posible que algo esté explicado por la transición demográfica, creo que esos efectos sobre la población infantil y juvenil todavía no se observan”.
A juicio de Morad, la cobertura de esos programas e incentivos no es suficiente para explicar la disminución de los últimos años y recalcó que “la salida de la condición de ninis no está yendo hacia empleo formal de calidad, sino hacia la informalidad y el trabajo por cuenta propia en condiciones precarias”.
Advirtió que el país enfrenta una alerta silenciosa: “la cifra mejora, pero por razones que no reflejan un cambio en las condiciones materiales”.
Un círculo que persiste
El Dane también informó que, con corte a marzo de 2026, la tasa de desocupación de la población joven se ubicó en 17%, lo que representó una caída de 0,1 puntos porcentuales frente al mismo periodo del año pasado. Por su parte, la tasa de ocupación pasó de 45,9% a 46%.
Al respecto, Morad afirmó que la reducción es marginal porque el crecimiento económico no se tradujo en empleo juvenil de calidad, pues “el desempleo juvenil sigue por encima de 15%, casi el doble del nacional, y la ocupación que sí creció se concentró en trabajo por cuenta propia e informal”.
Entre las barreras estructurales que enfrentan los ninis destacan los altos niveles de deserción escolar y el difícil acceso a la educación superior; la desconexión entre la oferta educativa y el mercado laboral; y la laboralización de los contratos de aprendizaje del Sena, que encareció uno de los principales puentes hacia el empleo formal para los jóvenes.
A estos factores, Morad agregó la ausencia de un sistema de cuidado infantil y de personas dependientes, las brechas territoriales, la migración forzada y las economías ilegales.
De los 2,63 millones de ninis, 1,74 millones son mujeres y cerca de 888.000 son hombres, lo que consolida a Colombia como uno de los países con la brecha de género más amplia en esta población en América Latina. Morad indicó que esto se debe a que las mujeres dedican tres veces más horas que los hombres a tareas domésticas y de cuidado.