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Villar advirtió que el déficit presiona las tasas y contribuye a la apreciación del peso

QBox Agencia Creativa

Leonardo Villar, gerente del Banco de la República, explicó por qué la entrada de capitales para financiar al Gobierno contribuye a la apreciación del peso

Bárbara Andreina Orozco Ostos

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El gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, advirtió que el elevado déficit fiscal de Colombia está generando presiones sobre la inflación lo que a su vez dificulta la reducción de las tasas de interés y contribuye a la apreciación del peso.

Durante su intervención en el congreso colombiano de construcción 2026 organizado por Camacol se refirió a los efectos que este escenario tiene sobre el sector de la construcción de vivienda, que enfrenta costos de financiación elevados, y explicó por qué las tasas de los créditos hipotecarios no dependen únicamente de las decisiones de política monetaria.

“El aumento del gasto público y el incremento del salario mínimo han impulsado la demanda interna en un momento en el que la capacidad productiva del país no ha crecido al mismo ritmo (…) esta combinación genera presiones inflacionarias y aumenta las compras de bienes en el exterior, pues una parte de la demanda adicional no puede ser atendida por la producción nacional”, advirtió.

Además, explicó que el déficit fiscal primario, que mide la diferencia entre los ingresos del Gobierno y sus gastos sin contar los intereses de la deuda, se encontraba cerca de cero en 2023. Sin embargo, afirmó que posteriormente aumentó hasta niveles cercanos a 3,5% del PIB en 2025 y 2026. Para Villar, este cambio representa un impulso considerable de la demanda y dificulta el trabajo del Banco de la República para llevar la inflación hacia su meta.

Uno de los efectos de ese comportamiento se refleja en las importaciones. Según las cifras que presentó el gerente del Emisor, el valor en dólares de las compras externas aumentó cerca de 18% durante los primeros ocho meses del año, mientras que en julio y agosto los incrementos interanuales fueron de alrededor de 22% y 31%, respectivamente. Aunque este dinamismo favorece las ventas del comercio en el corto plazo, el gerente advirtió que también profundiza el desequilibrio de la balanza comercial de bienes.

“El repunte de la demanda también coincidió con un retroceso en el proceso de reducción de la inflación. El indicador pasó de un máximo de 13,4% a 4,8% a mediados de 2025, pero posteriormente volvió a subir hasta 6,3%, mientras las expectativas de inflación se alejaron nuevamente de la meta de 3%”, insistió al tiempo que aseguró que parte de la explicación del aumento de la inflación en los últimos dos años está relacionada con el incremento del salario míno superior a 11% en 2025 y de 23% en 2026.

Ante ese panorama, el Banco de la República retomó los aumentos de la tasa de interés. De acuerdo con Villar, durante el primer semestre de 2026 el Emisor incrementó la tasa en 255 puntos básicos, hasta 12%, y posteriormente aplicó otro ajuste de 25 puntos básicos, que la llevó a 12,25%.

El gerente reconoció que estas decisiones tienen un impacto negativo sobre la financiación de vivienda, pero defendió que eran necesarias para contener las presiones inflacionarias y recuperar una senda de reducción de precios que permita bajar las tasas de manera sostenible.

El déficit fiscal también presiona el dólar

Villar señaló que la apreciación del peso colombiano ocurre en medio de una situación que, en principio, podría llevar a esperar el resultado contrario. Un déficit fiscal elevado y un deterioro de la percepción de riesgo suelen generar presiones sobre la moneda; sin embargo, explicó que en Colombia la financiación del Gobierno está produciendo entradas de capital que contribuyen a fortalecer el peso.

El gerente indicó que el país continúa consiguiendo recursos en los mercados financieros internacionales, aunque debe pagar un mayor costo por su deuda. Además, cuando inversionistas extranjeros compran títulos de deuda pública colombiana, como los TES, suelen traer dólares y convertirlos en pesos para realizar esas operaciones. Estos flujos aumentan la oferta de divisas y ejercen presión hacia la apreciación de la moneda local.

A esto se suma el atractivo de las tasas de interés colombianas frente a las de otros mercados. Villar explicó que el diferencial puede incentivar operaciones conocidas como carry trade, en las que los inversionistas buscan aprovechar las mayores rentabilidades disponibles en el país. Este mecanismo refuerza las entradas de capital y, con ellas, las presiones sobre la tasa de cambio.

No obstante, el gerente advirtió que la apreciación tiene costos para algunos sectores productivos. Cuando el peso se fortalece, los bienes importados pueden ganar competitividad frente a los productos nacionales y los exportadores reciben menos pesos por los ingresos que obtienen en dólares, manteniendo constantes los demás factores. Por eso, sostuvo que la combinación de un déficit fiscal elevado y una moneda apreciada puede dificultar el desempeño de las empresas que venden en el exterior o compiten con mercancías importadas.

Según las estimaciones que presentó, el déficit fiscal podría alcanzar 9,4% del PIB en el año en curso antes de los ajustes anunciados por el Gobierno. Incluso con las correcciones previstas, estimó que el desequilibrio podría ubicarse entre 7,1% y 7,2% del PIB el próximo año, un nivel comparable con el registrado durante la pandemia.

¿Por qué las tasas de vivienda siguen altas?

Uno de los puntos centrales de la intervención de Villar fue la diferencia entre la tasa de interés que fija el Banco de la República y las tasas que pagan los hogares cuando solicitan un crédito hipotecario. El gerente reconoció que los altos costos de financiación han sido una de las dificultades que enfrenta la construcción de vivienda, pero explicó que los préstamos hipotecarios se otorgan a plazos de largo aliento y, por tanto, sus tasas responden a factores distintos de la tasa de política monetaria de corto plazo.

“Mientras la tasa del Emisor sirve como referencia para las operaciones de muy corto plazo del sistema financiero, un crédito hipotecario puede extenderse durante 10, 15, 20 o hasta 30 años. Por eso, para determinar cuánto cuesta financiar una vivienda también son relevantes las expectativas de inflación a largo plazo y el rendimiento que ofrecen otros instrumentos financieros con vencimientos similares”, indicó el gerente del Emisor.

Además explicó que las tasas de largo plazo dependen, en buena medida, del costo al que se endeuda el Gobierno mediante títulos públicos. “Estos papeles compiten con otras alternativas de inversión y financiación, incluidos los recursos que las entidades financieras podrían destinar a los créditos hipotecarios. Si la deuda pública ofrece rendimientos elevados, los bancos tienen incentivos para comparar esa rentabilidad con la que obtendrían al prestar a los hogares, teniendo en cuenta, además, los costos y riesgos asociados a cada operación”, dijo.

Para el gerente, la credibilidad en la meta de inflación es otro elemento fundamental. Si hogares, empresas e inversionistas confían en que la inflación se mantendrá alrededor de 3% durante los próximos años, será más factible que las tasas de largo plazo disminuyan. En cambio, si esperan que los precios vuelvan a acelerarse, los prestamistas exigirán mayores rendimientos para comprometer recursos durante periodos prolongados.

También advirtió sobre la importancia de preservar la credibilidad y la autonomía de los bancos centrales. Como ejemplo, mencionó el caso de Estados Unidos y sostuvo que las señales de presión política sobre la Reserva Federal pueden debilitar la confianza en el compromiso con la meta de inflación y elevar las tasas de largo plazo, incluso cuando la tasa de política monetaria no aumenta en la misma magnitud.

Villar señaló que el camino hacia unas tasas de interés más bajas para los hogares y las empresas requiere que la inflación retorne de forma sostenida a la meta y que las finanzas públicas contribuyan a ese objetivo. Para el sector de la vivienda, esto implica que la reducción de los costos hipotecarios no depende únicamente de una decisión del Banco de la República, sino también de la evolución de las expectativas de inflación, las tasas de la deuda pública y la trayectoria del déficit fiscal.

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