Brookfield busca salir de la participación accionaria que hoy posee en Vanti
lunes, 26 de octubre de 2026
El gestor de activos canadiense se cuestiona sobre la garantía del suministro de gas e importaciones del energético a precios hasta tres veces más altos que en enero
La incertidumbre sobre el suministro de gas en Colombia ya tiene repercusiones en las decisiones de los dueños de las empresas de comercialización del sector.
Ante una dependencia creciente de las importaciones, que ya cubren 39% de la demanda para abastecer el mercado no regulado (industrias y comercios); el alza del precio del gas importado hasta US$30/Mbtu, y las dudas sobre el futuro de la producción nacional, Brookfield, accionista mayoritario de Vanti, está considerando desinvertir en la empresa.
La transacción sería por la participación de 74,95% que posee el gestor de activos canadiense, dirigido por Bruce Flatt. El resto de las acciones se reparte entre el Grupo Energía Bogotá, con 25%, y otros accionistas, con 0,05%.
Vanti opera en 96 municipios de ocho departamentos: Cundinamarca, Santander, Boyacá, Norte de Santander, Cesar, Bolívar, Antioquia y Magdalena. El año pasado sumó 2,63 millones de clientes en el mercado de distribución, 70 clientes en comercialización y 34 en el mercado secundario.
Además, mejoró su desempeño financiero: sus ingresos llegaron a $4,69 billones en 2025, frente a $4,24 billones de 2024, un alza de 10,6%, y sus utilidades fueron de $544.390 millones, frente a $460.408 millones del año anterior, un incremento de 18,2%.
La comercializadora ya tendría tres interesados: Grupo Argos y dos fondos de Estados Unidos, Grupo Attia e I Squared. En el caso de Grupo Argos, la operación se haría a través de una de sus filiales, como Odinsa, que contaría con un vehículo financiero para concretar el movimiento.
Analistas empresariales comentaron que la desinversión de Brookfield no ha avanzado por las diferencias en la valoración de Vanti: mientras los fondos estadounidenses estiman que asciende a US$1.000 millones, Grupo Argos calcula que oscila entre US$700 millones y US$900 millones.
“El gas importado está transformando el negocio de la distribución y comercialización en Colombia. Cuando el costo de suministro se duplica frente al gas nacional (con la coyuntura global incluso se triplica), las empresas se enfrentan a mayores necesidades de capital de trabajo, a presiones sobre sus márgenes y a pérdida de competitividad, especialmente en el mercado industrial”, afirmó Julio César Vera, presidente de XUA Energy.
Menores márgenes, mayores necesidades de capital de trabajo, el riesgo comercial y una mayor exposición a precios y logística son factores que podrían desencadenar otras desinversiones en el sector.
“Los industriales pueden usar combustibles sustitutos o reducir su consumo, pero cuando el mayor costo de compra no puede trasladarse inmediatamente a la tarifa, la empresa debe financiar temporalmente la diferencia. Además, el costo depende del mercado internacional, la tasa de cambio, el transporte y la disponibilidad de contratos de suministro”, concluyó Vera.
Vanti mencionó que la demanda regulada del gas (residencial y pequeños comercios) está garantizada con producción nacional, pero recalcaron que están recurriendo a las importaciones para satisfacer la demanda no regulada.