El gran debate sobre la inteligencia artificial aún no llega a la economía
miércoles, 16 de septiembre de 2026
El avance de la IA plantea retos para el empleo y la formación, en un país donde persisten brechas laborales y de acceso, mientras universidades piden más regulación
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Mientras Elon Musk plantea que la inteligencia artificial requiere controles cruzados, Jensen Huang, CEO de Nvidia, minimizó los riesgos de la tecnología y coincidió públicamente con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en defender su desarrollo.
El contraste resume uno de los grandes debates globales: cuánto debe regularse la IA y hasta dónde permitir que avance. Pero mientras esa discusión toma fuerza entre los líderes tecnológicos y políticos, en Colombia todavía falta llevar la conversación a otra pregunta: ¿el país y sus realidades económicas están preparados para este tipo de debates?
La respuesta es que la discusión económica sobre la IA apenas comienza a tomar forma y el debate aún no llega a la economía. No se trata solo de calcular cuántos empleos podrían desaparecer o qué empresas serán más productivas, sino de determinar quiénes tendrán las capacidades para aprovechar la tecnología, qué trabajadores podrían quedar por fuera y cómo se distribuirán sus beneficios.
El punto de partida es complejo. El país todavía enfrenta brechas de acceso, formación y participación laboral, mientras la adopción de nuevas herramientas tecnológicas no avanza de manera homogénea. En julio de 2026, por ejemplo, la tasa de desocupación nacional fue de 8,1% con 2,16 millones sin empleo, mientras que en el trimestre mayo-julio, de cada 10 jóvenes entre 15 y 28 años, dos no estudiaban ni trabajaban.
En este escenario, el impacto de la IA no dependerá únicamente de qué tan rápido la adopten las empresas. También estará condicionado por la capacidad de trabajadores, estudiantes y profesionales para incorporarla a sus actividades. “El debate de la IA ya llegó a la economía colombiana, pero lo hizo de manera incompleta. Está presente en las esferas formales y en los centros de decisión, pero aún no ha permeado de forma significativa la realidad de la mayoría de los trabajadores ni de los territorios con mayores carencias”, dijo el profesor de la U. Eafit, Juan Carlos Gutiérrez Betancur.
Ahí aparece uno de los principales retos para las universidades. Rectores y académicos consultados coinciden en que no se trata de escoger entre adoptar o rechazar la IA, sino, tal como lo destacó P. Luis Fernando Múnera, rector de la U. Javeriana, de aprender a utilizarla de manera consciente. “Lo primero que debemos hacer es formarnos. Todas las generaciones debemos comprender la IA, cuáles son sus posibilidades y también sus límites y riesgos. La ‘algorética’ es parte esencial de esa formación, pues permite orientar el uso”, explicó el rector.
En línea con esto, Raquel Bernal, rectora de la Universidad de los Andes, dijo que en la institución académica reconoce que los avances de esta tecnología no se van a detener y, por eso, cree que es indispensable promover la reflexión y el diálogo global sobre la regulación del avance y uso de la IA.
“Se trata de formar conjuntamente, además de competencias profesionales sólidas, competencias perdurables y profundamente humanas, que son las que permitirán beneficiarnos como seres humanos de las tecnologías disruptivas”, añadió Bernal.
Además, es importante que, tal como lo señaló el rector de la U. Externado de Colombia, Hernando Parra Nieto, se vea la regulación y la supervisión humana como una condición para la existencia y el uso de la inteligencia artificial. “En materia educativa y cultural, es deber de las universidades formar una mente crítica capaz de utilizarla para buenos fines como la productividad, la innovación y la creación de conocimiento”, dijo.
Por su parte, José Francisco Lloreda Mera, rector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, señaló que la clave está en desarrollar y usar la IA con responsabilidad, para que sea un apoyo y no un sustituto de la inteligencia humana.