Educación

El Hospital Universitario San Ignacio se renovará con una inversión de US$160 millones

Juan Sebastián Pérez Molina

El rector P. Luis Fernando Múnera habló sobre el proyecto de la renovación del centro médico y sobre los cambios que la IA está provocando en la educación superior

Joaquín Mauricio López Bejarano

Protagonistas de la economía colombiana · Padre Luis Fernando Múnera - Rector de la U Javeriana

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La Pontificia Universidad Javeriana, una de las instituciones de educación superior mejor posicionadas del país (ubicada entre las tres primeras de Colombia y en el puesto 18 de América Latina y el Caribe según el más reciente QS World University Rankings 2026), se prepara para conmemorar sus primeros 100 años de historia en 2030. Y lo hará con un proyecto de gran envergadura: la renovación del Hospital Universitario San Ignacio, una obra que demandará una inversión estimada de más de US$160 millones.

El rector de la U. Javeriana, el padre Luis Fernando Múnera, habló sobre este ambicioso plan, que busca convertir al hospital en un centro con más tecnología, hospitalización en casa, telemedicina y sistemas predictivos y personalizados. El proyecto, calificado por el propio rector como el gran hito del centenario de la universidad, no será asumido en su totalidad por la institución, sino que se estructurará financieramente con el respaldo de inversionistas, créditos y aportes conjuntos entre la universidad y el hospital.

El rector también se refirió al impacto de la inteligencia artificial en la educación superior, un fenómeno que, según explicó, obliga a repensar el papel del docente, la forma de evaluar a los estudiantes y la manera en que las nuevas generaciones desarrollarán criterio profesional en un mundo donde la información está cada vez más democratizadas.

Juan Sebastián Pérez Molina

¿Tienen pensadas ampliaciones, cambios o nuevos edificios en el campus?

En los edificios nuevos hay pocas aulas de clase y más laboratorios. Pensamos que la universidad debe desarrollar su capacidad de gestionar conocimiento y generar ambientes de aprendizaje. Esa infraestructura es para la investigación y es un patrimonio que debe ponerse al servicio de la ciudad y del país. El gran proyecto es el Hospital Universitario San Ignacio, pues debemos construir un nuevo hospital.

¿Este hospital siempre ha sido de la universidad?

Son instituciones distintas, pero íntimamente ligadas. Toda la docencia e investigación en salud tiene relación con el hospital: medicina, enfermería, nutrición, bacteriología y psicología. Es un núcleo importante y estamos estructurando el proyecto de cómo sería el hospital del futuro, con más tecnología, hospitalización en casa, telemedicina y sistemas predictivos y personalizados. Este es el gran proyecto de la U. Javeriana, que en el año 2030 cumple 100 años, y el proyecto del centenario será iniciar el hospital.

¿El hospital empezaría obras en qué fecha?

Debemos evaluar el panorama del sector salud. Estimamos que en dos o tres años estaríamos iniciando.

¿A cuánto asciende la inversión estimada para este proyecto?

Con los diseños actuales, calculamos cerca de US$160 millones.

¿A esa cifra de US$160 millones para el hospital se suman otras inversiones generales en infraestructura de la universidad?

La inversión del hospital no la asumirá en su totalidad la universidad; se debe estructurar financieramente el proyecto con inversionistas, créditos y aportes del hospital y de la universidad. En la planta física de la universidad no contemplamos una gran obra nueva, sino construir más espacios de bienestar en el campus y adecuaciones de salones y laboratorios.

Ahora, hablando de nuevas tecnologías, ¿qué reto presenta la Inteligencia Artificial para las universidades?

El gran reto es decidir dónde se debe usar y dónde no, y cuáles habilidades se deben aprender. Con las calculadoras ocurre algo similar: para aprender matemáticas se debe practicar un tiempo sin calculadora y luego usarla, entendiendo la lógica de sumar, multiplicar o restar.

Juan Sebastián Pérez Molina

El primer reto es pedagógico; el segundo es la evaluación. Hoy no tiene sentido pedir ensayos para hacer en casa porque se generan rápidamente. El problema es que el estudiante lo haga sin entenderlo. Por eso estamos volviendo a la oralidad, a que el estudiante sustente lo que hace o a analizar en clase las respuestas que da la IA. La tecnología obligó a cambiar la evaluación y las clases, pues hay información que se obtiene rápidamente. Es un repensar de la educación superior y un reto pedagógico.

Se habla de que la IA destruirá empleos. ¿Qué opina al respecto?

Llegó para eliminar unos trabajos y crear otros. Lo más importante es tener una formación general sólida, formación lógica, capacidad de lectura crítica, análisis y criterio que permitan adaptarse a un futuro donde la forma de ejercer la profesión o la vocación cambiará, o donde habrá que migrar a otros sectores.

Esta tecnología disruptiva nos lleva a revalorar la formación general.

Antes de abordar el tema de inteligencia artificial, quería preguntarle cómo cambió el método de educación en la universidad. Necesitamos profesionales adaptados a la IA. ¿De qué forma la universidad lo aplica en sus programas?

La IA aceleró un proceso en el cual el conocimiento deja de estar en las bibliotecas o en los profesores y se democratiza. Esto nos lleva a pensar el papel del docente más como un mediador y curador de conocimiento, y menos como aquel que posee todo el saber, pues la información está cada vez más accesible.
La IA es una metáfora. No sabemos con certeza desde la ciencia qué es un ser inteligente. A los animales los ponemos a hacer cosas y, si resuelven problemas como nosotros, decimos que son inteligentes, pero sigue siendo una metáfora de la inteligencia humana. Con las máquinas, la prueba de Turing establece que si un observador externo no distingue lo que hace la máquina de lo que hace la persona, se dice que la máquina es inteligente.

LOS CONTRASTES

  • Paola GarcíaDirectora de educación del Hospital Universitario San Ignacio

    “Tener la responsabilidad de formar personas que le sirvan a Colombia con excelencia, es ser conscientes de nuestro compromiso con la educación para que los estudiantes multipliquen lo aprendido”.

Lo que ha logrado esta metáfora de la inteligencia artificial es una capacidad enorme y más rápida para procesar información. Sin embargo, procesar información no es conocer ni pensar. Se generan respuestas a partir de patrones y algoritmos. Esto nos plantea preguntas sobre la persona humana, su trabajo, y cuándo estamos pensando o reproduciendo cosas, clasificando o copiando.

La persona del presente y del futuro debe formar criterios sólidos y capacidad de análisis e interpretación de la información, no tanto la capacidad de encontrarla. Enfrentamos un gran problema: en algunas profesiones, la experiencia y el criterio se adquirían con trabajos repetitivos que hacían los profesionales júnior. Hoy, un profesional sénior con inteligencia artificial hace lo que hacían los júnior. La gran pregunta es cómo formar a la gente que ya no tendrá acceso a esa experiencia inicial para desarrollar su criterio. Todos estamos buscando esa respuesta.

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