Educación

El legado de un arquitecto de la educación empresarial, la huella de Marco Fidel Rocha Rodríguez

Su huella más profunda se consolidó en el Colegio de Estudios Superiores de Administración, Cesa, institución que dirigió durante 32 años, entre 1975 y 2007

Valentina Sánchez Forero

La historia de la educación empresarial en Colombia no puede entenderse sin la figura de Marco Fidel Rocha Rodríguez, quien falleció este sábado dejando tras de sí una obra institucional, académica y humana que transformó la manera de formar líderes en el país. Más que un académico o un directivo, Rocha fue un constructor de visión: la de una educación conectada con la realidad, exigente en su propósito y profundamente comprometida con el desarrollo nacional.

Nacido el 26 de diciembre de 1939, en el seno de una familia marcada por la historia política del país, nieto del expresidente Marco Fidel Suárez, Rocha creció con una comprensión temprana del peso de lo público y de la responsabilidad del liderazgo. Sin embargo, su legado no se explica por la herencia, sino por la forma en que la transformó en acción institucional.

Economista de la Universidad Nacional de Colombia, entendió desde muy temprano que el desarrollo de un país no se sostiene únicamente en políticas o mercados, sino en la calidad de sus líderes. Esa convicción guio toda su vida profesional: formar personas capaces de decidir con criterio, pensar con profundidad y actuar con impacto.

Su trayectoria se caracterizó por un esfuerzo constante por integrar tres mundos que rara vez dialogaban con fluidez: la academia, la empresa y el sector público. Desde allí impulsó iniciativas educativas y participó en la creación de instituciones que ampliaron el acceso al conocimiento aplicado, entre ellas el Instituto Universitario Surcolombiano, hoy Universidad Surcolombiana.

A la par, ocupó espacios estratégicos en entidades como el Icfes, Banco Caja Social, Colpatria, Colsubsidio, Fundación Corona, Hospital San José, El Espectador y la Nueva EPS, desde donde contribuyó a fortalecer la arquitectura institucional del país. Su presencia en estas organizaciones no fue decorativa: fue técnica, analítica y orientada a la toma de decisiones con visión de largo plazo.

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Sin embargo, su huella más profunda se consolidó en el Colegio de Estudios Superiores de Administración, Cesa, institución que dirigió durante 32 años, entre 1975 y 2007. En ese periodo, el más extenso en la historia de la institución, Rocha no solo administró una escuela de negocios: la redefinió.

Bajo su liderazgo, la formación en administración dejó de ser exclusivamente teórica para convertirse en una experiencia conectada con la realidad empresarial. Las aulas se abrieron a las organizaciones, las prácticas se volvieron estructurales y el aprendizaje comenzó a circular entre el conocimiento académico y la experiencia directa del sector productivo.

En ese proceso, el emprendimiento dejó de ser una alternativa marginal para consolidarse como una actitud formativa central. Se trataba, en su visión, de formar no solo gestores, sino creadores de soluciones, líderes capaces de cuestionar estructuras y transformar entornos.

Rocha también fue un pionero en anticipar la necesidad de una formación con perspectiva internacional. En un momento en que la globalización apenas comenzaba a reconfigurar los modelos económicos, impulsó la internacionalización del Cesa como parte esencial del currículo, sin desligarlo del contexto colombiano.

Su liderazgo estuvo atravesado por una idea constante: la calidad no como meta administrativa, sino como principio ético. Esa exigencia se tradujo en una cultura institucional orientada a la relevancia, la disciplina intelectual y la toma de decisiones informadas.

Pero quizás su legado más silencioso fue su concepción de la educación como herramienta de movilidad social. Mucho antes de que la filantropía educativa se convirtiera en tendencia, su gestión ya incorporaba una sensibilidad hacia el acceso, la equidad y la formación de oportunidades.

Hoy, su influencia no se mide únicamente en cargos o instituciones, sino en generaciones de líderes que pasaron por sus aulas y que hoy ocupan posiciones clave en empresas, organizaciones y proyectos de país. En ellos persiste una forma de entender la administración que no se limita a la eficiencia, sino que incorpora responsabilidad, contexto y propósito.

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