Industria

La historia detrás de la particular forma de las Pringles y el fraude en el que casi caen

Se gestaron en el laboratorio de investigación de Procter & Gamble (P&G) y se tardaron más de una década en salir al mercado

Cronista - Buenos Aires

Inventaron el concepto de "papas apiladas" y son los protagonistas globales de este negocio. Sus tubos se venden en más de 140 países. Pringles nació en el laboratorio de una multinacional y tuvo que adaptarse para poder sobrevivir en la industria de los snacks.

A fines de los 50 el holding P&G buscaba ingresar al complejo negocio de los snacks, en particular al segmento de las papas fritas, sin embargo se encontró con algunos obstáculos a superar. Los usuarios se quejaban de que, en los paquetes de otras marcas, los chips siempre llegaban destruidos. La firma quería salir con un producto que resolviera este problema y sabían exactamente a quien pedírselo.

El químico de la idea

Fredric Baur tenía un doctorado en química y se había especializado en investigación y desarrollo dentro de la empresa. Su misión era encontrar la manera de poder lanzar al mercado unos snacks que no se rompieran. Rápidamente el experto se dio cuenta que la clave para evitar esto era apilarlas, entonces el empaque tenía que ser redondo. Así desarrolló un tubo lo suficientemente resistente y además sellado para que el producto se preservara.

Luego llegó otra duda: ¿Cómo se podían apilar las papas sin que se movieran por todo el paquete? Para esto Baur utilizó sus conocimientos matemáticos y les dio forma de paraboloide hiperbólico, más conocida como la forma de silla de montar. Una vez resueltos estos dos problemas parecía que el producto podía salir a la luz, no obstante los científicos de P&G no encontraron el sabor adecuado. Esto llevó a la compañía a pausarlo durante varios años.

Recién a mediados de los 60 el proyecto "papas apiladas" volvió a moverse. En 1966 Baur patentó el tubo, el método de empaquetado y la particular forma de los chips y cuatro años después le otorgaron luz verde, según detalla el archivo de P&G.

Adaptarse y efecto Brad Pitt

Al principio la marca salió al mercado bajo el nombre Pringles Newfangled Potato Chips y existen varias teorías sobre la inspiración para esta denominación. Una versión asegura que se inspiró en Mark Pringle, uno de los creadores de una máquina procesadora de papas en los 40, y otra afirma que se trataba del nombre de una calle en Cincinatti, ciudad natal de P&G, en la que vivían varios empleados.

Las papas apiladas tuvieron un debut auspicioso en las góndolas. Según el libro Procter & Gamble: Rising tide, en 1973 registraban ventas por US$105 millones y la meta era que alcanzaran los US$250 millones pronto, no obstante, el negocio empezó a caer.

Por un lado, los fabricantes de snacks se quejaban de que la marca se promocionaba como "papas fritas" cuando en realidad se trataba de una pasta que contenía papa. Además, a los consumidores no los terminaba de convencer su sabor y textura. Para colmo, en 1975 la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) la obligó a incluir en su etiqueta una leyenda que dijera que era un "producto hecho a base de papa deshidratada".

El CEO de P&G, John Smale, tenía pensado discontinuar Pringles si la marca no recuperaba su senda de crecimiento. Y puertas adentro se pusieron a trabajar. Ajustaron su precio para acercarse al de las otras etiquetas de snacks, mejoraron la textura del producto final y lanzaron nuevos sabores. Con estos cambios el panorama cambió. A esto se le sumó una exitosa publicidad a fines de los 80 protagonizada por un joven Brad Pitt.

La venta que no fue

Una vez que empezó a generar ganancias, el holding decidió internacionalizar la marca en los 90. En 2011 P&G anunció que había llegado a un acuerdo con Diamond Foods por Pringles. Se trataba de una compañía que siempre había operado en el negocio de las nueces y en el último año había intentado expandirse en el segmento de snacks a través de adquisiciones. Pero la fusión quedó en la nada cuando se descubrió un fraude en los números de la compradora.

De acuerdo a lo denunciado por la Comisión de Valores de los Estados Unidos (SEC), Diamond Foods había subdeclarado el dinero que le pagaba a los cultivadores de nueces al retrasar el registro de los pagos para períodos fiscales posteriores. Con este esquema había conseguido inflar sus números para alcanzar las estimaciones de los analistas bursátiles. No solo se cayó la operación, sino que Diamond Foods tuvo que pagar US$5 millones para acordar con la SEC y suspendió a su CEO y CFO.

No obstante, P&G no se quedó con las manos vacías porque al año siguiente encontró nuevo comprador. Kellogg's desembolsó casi US$2.700 millones para quedarse con Pringles en 2012 y maneja la marca desde entonces.

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