Libros que pueden costar más de $1 millón

Tatiana Arango M. - tarango@larepublica.com.co

Aunque el negocio de los libros saltó a los medios digitales, la librería de Ramón Caro no se ha visto afectada por el internet.

Aproximadamente, 20 mil ejemplares se encuentran organizados en estanterías que ocupan, de arriba a abajo, las paredes de seis salones de Bibliófilos-Car, negocio con el que Caro empezó hace 40 años como vendedor informal en la calle 19.

Con sus páginas ennegrecidas por el tiempo, sus gruesos lomos con caligrafía dorada y sus portadas fabricadas en cuero de carnero, los ejemplares que ofrece Caro no se encuentran en cualquier otra librería.

Además de libros y periódicos tan antiguos, que datan de la época de la colonia, en el local, de unos 100 metros cuadrados, hay ejemplares tan raros y curiosos como textos de literatura clásica francesa y alemana en sus idiomas originales y libros esotéricos antiguos.

Los precios de la colección actual de Caro inician en los $50.000 y van hasta los $500.000. Sin embargo, el bibliófilo recuerda que ha vendido ejemplares tan únicos como una edición de 1690 de las Confesiones de San Agustín y un texto de la filosofía de Aristóteles, impreso en 1505, en más de un millón de pesos cada uno.

Según Caro, Bibliófilos-Car rota aproximadamente 8.000 libros anualmente.

Entre sus clientes se encuentran ratones de biblioteca, algunas universidades, profesionales de todas las ramas que se encuentran realizando investigaciones y cada vez son más los jóvenes que lo buscan haciéndole la cacería a algún curioso ejemplar que tenga en su haber.

Dentro de su extensa compilación se encuentran la edición de 1857 del Manual de Urbanidad de Carreño; la segunda edición de El Carnero, impresa en 1890; la primera edición de María, que data de 1867; un ejemplar de la Aritmética de Aristóteles de 1772 y hasta un texto religioso, escrito por Fray Luis de Granada, y avalado por la Santa Inquisición, con fecha de 1594.

La colección de Caro se encuentra clasificada en más de 15 secciones, entre las que se encuentran una dedicada al derecho, otra a la teología, una más para textos de linguística, entre otras. Sin embargo, lo que más llama la atención es el salón dedicado completamente a la historia colombiana y un pequeño cuarto oscuro en el que guarda, alejados de la luz y de los cambios del clima, aquellos libros cuyas hojas, raídas por el tiempo, ya empiezan a desintegrarse.

Pero, ¿cómo consigue Caro estos ejemplares tan raros? Según el bibliófilo, son sus colegas y clientes quienes lo buscan cuando tienen en sus manos libros que ya se encuentran descatalogados.

Para él, el mundo de los libros digitales no ha afectado su negocio debido a que los ejemplares antiguos, raros y curiosos tienen un gran valor material debido a su historia. Sin embargo, no compra enciclopedias porque 'se consiguen en cualquier página de internet'. Pero a los diccionarios antiguos sí les pone cuidado, porque 'muestran cómo era el pensamiento de la sociedad en esa época'.

Entre sus libros clásicos y antiguos y periódicos del siglo XVIII, Caro se prepara, junto con unos colegas, para participar en el salón del libro raro y curioso, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, a la que va desde hace 9 años. Seguramente, su stand será el único en ofrecer las primeras ediciones de las obras clásicas que se promocionarán por doquier en ese evento.

La hemeroteca de Caro
Entre ejemplares de Baudelaire, Racine, Cordovez Moure y Marroquín, Ramón Caro saca del cuarto oscuro un archivador. En sus láminas de plástico transparente se encuentran diversas ediciones de periódicos nacionales, con sus páginas ya amarillentas, que datan de la época de la independencia y la Gran Colombia. Al menos 75 publicaciones periodísticas de época hacen parte de Bibliófilos-Car. La colección se extiende y comprende hasta publicaciones del siglo XX, algunas ya desaparecidas, como la Revista Eco, publicada de 1960 a 1984, y ejemplares viejos de publicaciones aún vigentes, como la Revista Semana.

La opinión

Camilo Páez
Encargado de colecciones Biblioteca Nacional

'Es bastante curioso que haya un negocio así en Colombia cuando la llegada de la imprenta fue tardía. Es una aventura quijotesca en la que el libro circula en el tiempo'.