Hacienda

“Colombia debe ser más productiva en donde se generan más empleos”

Tatiana Arango / LR

Dani Rodrik, profesor de Harvard y autor de libros como ‘La paradoja de la globalización’ y ‘Las leyes de la economía’ destacó el rol del sector productivo colombiano

Tatiana Arango M.

Síganos y léanos en Google Discover

“Es importante generar productividad en los sectores donde se están creando la mayor parte de los empleos. Esto está en sectores como el comercio minorista, el trabajo en plataformas, los servicios de cuidado y los servicios de alimentación”.

El invitado por Corfi a la 60 Convención Bancaria detrás de estas reflexiones es Dani Rodrik, un prestigioso economista y académico turco-estadounidense, actual profesor de Economía Política Internacional en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard. Rodrik es considerado una de las voces más críticas e influyentes en el estudio del desarrollo económico contemporáneo y es mundialmente conocido por ser el autor del “trilema de la globalización”, una teoría que argumenta la imposibilidad de que una nación logre mantener de forma simultánea la soberanía nacional, una democracia profunda y la hiperglobalización.

Durante su paso por la convención, Rodrik compartió una mirada sobre el actual panorama global, marcado por el regreso del proteccionismo, los aranceles y la política industrial por parte de grandes potencias como Estados Unidos y China. El experto aterrizó su análisis a la realidad de América Latina y Colombia, advirtiendo que el verdadero motor para acelerar el crecimiento local no se encuentra mirando al comercio internacional, sino resolviendo los rezagos internos de productividad en los sectores cotidianos que más empleo generan.

Usted formuló el trilema de la globalización. ¿Cree que el entorno global actual confirma que la era de la hiperglobalización ha llegado a su fin?

Creo que sí. Creo que podemos decir que durante aproximadamente una década, realmente desde 2016, la economía mundial ya no opera bajo los principios de la hiperglobalización. Creo que tanto el comercio mundial como los flujos financieros transfronterizos no están creciendo en relación con la actividad económica mundial tan rápido como lo hacían. Tenemos líderes como Trump en los Estados Unidos que rechazan los principios de la hiperglobalización, y creo que la reacción en contra de esta ha sido prácticamente universal. Así que creo que, definitivamente, en un momento de transición, no está del todo claro cómo llamaremos al nuevo orden, pero sin duda nos hemos alejado de la hiperglobalización.

Si los países de hoy tuvieran que elegir entre globalización, soberanía nacional y democracia, ¿cuáles de estas priorizaría la economía mundial?

Yo priorizaría la soberanía y la democracia. No creo que eso elimine por completo la globalización, pero creo que crea una globalización regulada y mucho más equilibrada, donde la economía global se concibe como un elemento al servicio de las economías nacionales, facilitando los objetivos económicos y sociales internos. Esto, en lugar de la inversión de prioridades que existía bajo la hiperglobalización, donde veíamos la economía mundial y la integración económica global como un fin y no como un medio, de modo que los acuerdos económicos y sociales internos tenían que ajustarse para que los países pudieran integrarse a la economía mundial. Así que creo que, si finalmente salimos de esta transición, desarrollaremos un mejor equilibrio entre los requisitos de la soberanía económica y la rendición de cuentas a los electorados nacionales, y los requisitos de apertura y economía internacional. Creo que, en general, será un buen resultado.

Usted habló un poco sobre Trump y vemos a Estados Unidos y a otras grandes potencias recurriendo una vez más a los aranceles, subsidios y a la política industrial. ¿Estamos presenciando un cambio permanente en el modelo económico global?

Definitivamente sí. De nuevo, no estoy del todo seguro de cuál será el resultado final, pero sí creo que lo que estamos observando es un rechazo a los principios de la hiperglobalización, los cuales, debo decir, muchos países en el mundo, incluyendo -y de manera más importante- a China, no seguían. China gestionó su soberanía y su política económica muy de cerca: controló los flujos de capital, impuso restricciones a los inversores extranjeros, manejó su moneda, tuvo protección comercial y una gran política industrial. Así que todo lo que decimos que Estados Unidos está haciendo ahora, de alguna manera China ya lo hizo.

No estoy en contra del uso de la política comercial de manera estratégica o del uso de la política industrial, ni necesariamente de poner los intereses económicos nacionales en primer lugar. China siempre lo ha hecho y le ha ido muy bien. Y, de hecho, cuando a los países les va bien gestionando sus intereses económicos nacionales, también es bueno para sus socios comerciales, porque el mayor regalo que un país puede darle a la economía mundial es tener una economía nacional próspera y en desarrollo, ya que se convierte en un mercado más grande.

El problema con lo que están haciendo Estados Unidos y Trump es que los instrumentos en sí mismos muestran una gran desconexión con los objetivos. Si yo quisiera fortalecer la economía estadounidense, crear mejores empleos, fortalecer la seguridad nacional y la resiliencia de la cadena de suministro, no estaría aplicando estas políticas. El problema radica en las políticas específicas que se aplican y en el uso ineficiente y, a menudo, clientelista y corrupto de las mismas en Estados Unidos, más que en la reafirmación de la soberanía económica nacional.

¿Cree que la fragmentación del comercio mundial representa una amenaza o una oportunidad para las economías emergentes?

Creo que es un poco de ambas. Ciertamente, parte de la fragmentación va a aumentar las oportunidades regionales, ya sea en el África subsahariana o en América Latina; creo que hay posibilidades de aprovechar las oportunidades regionales. Hemos visto, por ejemplo, cómo muchas de las exportaciones e inversiones de China se han desviado a México.

Pero, en última instancia, el problema principal para los países en desarrollo es entender que lo que hagan a nivel interno determinará el 90% de su éxito o fracaso, y la economía mundial representará solo el 10%. Me preocupa que los legisladores y los gobiernos de los países en desarrollo estén demasiado preocupados por lo que sucede en la economía mundial y sus posibilidades de competir internacionalmente, porque, a fin de cuentas, cuando se observa la totalidad de nuestras economías, los mercados internos, los empleos nacionales y los bienes y servicios no transables constituyen la mayor parte de la actividad económica. No creo que estemos sirviendo muy bien a nuestros propios intereses económicos si nos enfocamos demasiado en la economía mundial.

LOS CONTRASTES

  • Cesar PabónDirector de investigaciones económicas de Corfi

    “En su visión, esto obliga a replantear las estrategias tradicionales de crecimiento y a prestar mayor atención al papel de los servicios como fuente de empleo y productividad”.

¿Hasta dónde cree que puede llegar el proteccionismo antes de que empiece a perjudicar el crecimiento económico y a los propios consumidores?

Creo que ya están ocurriendo algunos de sus efectos, pero no creo que alguna vez tengamos un colapso de la economía internacional como el que tuvimos en el período de entreguerras durante la Gran Depresión. En la actualidad, el mundo sigue estando lo suficientemente integrado, y las cadenas de suministro globales son lo suficientemente importantes, que no veo ni siquiera a los Estados Unidos imponiendo aranceles que terminen dañando gravemente a los consumidores y a los usuarios de importaciones intermedias. Ya lo vimos en el pasado: Trump primero impuso algunos aranceles y luego tuvo que retroceder debido a las quejas de las industrias nacionales.

Así que creo que hay límites sobre hasta dónde pueden llegar los gobiernos. Me preocupa menos el daño económico causado por estas políticas de protección de importaciones y aranceles, y más el hecho de que representan una oportunidad perdida. En lugar de enfocarse en lo que realmente deberían ser los objetivos, ya sea crear buenos empleos en servicios o aplicar políticas industriales donde de verdad importen, se enfocan en el comercio y en China, lo cual no representa costos enormes, pero es una distracción de los principales problemas que tienen estos países.

América Latina ha estado creciendo más lentamente que otras regiones emergentes durante años. ¿Cuál considera que es el principal obstáculo para acelerar el crecimiento hoy?

El obstáculo más próximo ha sido la productividad. El crecimiento de la productividad ha sido pésimo en América Latina; a Colombia no le ha ido tan mal como a México y Brasil, pero aun así, el hecho de que el crecimiento de la productividad total de los factores haya sido, en promedio, negativo desde 1990 es bastante sorprendente.

Creo que esto revela la falta de un modelo adecuado para generar productividad. Lo que enfaticé en mis comentarios de esta mañana es la importancia de generar productividad en los sectores donde se están creando la mayor parte de los empleos. Esto no está en la minería, los recursos naturales o las actividades manufactureras orientadas a la exportación, sino en sectores mucho menos glamorosos como el comercio minorista, el trabajo en plataformas, los servicios de cuidado y los servicios de alimentación. La buena noticia es que tenemos empresas muy exitosas en Colombia que han demostrado que es posible aumentar la productividad en dichos sectores. Así que creo que el gobierno debería tomar eso como base para intentar desarrollar un modelo de productividad más amplio en estos servicios. Creo que es posible y el hecho de que existan ejemplos es muy alentador.

Usted habló sobre esos sectores que Colombia necesita mejorar. Pero, ¿cree que Colombia debería proteger estratégicamente ciertas industrias nacionales de las importaciones?

No, creo que la mayoría de los sectores de los que hablo son en realidad no transables, por lo que no compiten con las importaciones. Por lo tanto, la política comercial es en gran medida irrelevante para esto. Nuevamente, soy pragmático. No me opongo ideológicamente a la protección comercial si realmente va a servir a un objetivo económico o social, pero no creo que ahí esté el foco de acción.

TEMAS


Corficolombiana - Donald Trump - Asobancaria