Ambiente
El avance de la economía circular
Economía circular: competitividad e innovación para una transición sostenible
viernes, 27 de febrero de 2026
En los últimos años, el tejido empresarial colombiano ha demostrado que la economía circular puede traducirse en resultados medibles
Mónica Villegas
La economía circular dejó de ser exclusivamente un discurso ambiental para convertirse en un factor estructural de competitividad empresarial. En un país que genera más de 12 millones de toneladas de residuos sólidos al año, el reto no es únicamente gestionar residuos, sino transformar la manera en que los materiales regresan a la economía, reduciendo costos, generando valor y fortaleciendo cadenas productivas.
En los últimos años, el tejido empresarial colombiano ha demostrado que la economía circular puede traducirse en resultados medibles. A través de esquemas colectivos de Responsabilidad Extendida del Productor, REP, como Visión Circular Andi, más de 274.000 toneladas de materiales han sido reincorporadas a los ciclos productivos entre 2021 y 2025. Estas cifras no son menores: reflejan una inversión privada y un trabajo articulado entre los distintos eslabones del sistema a lo largo de todo el país.
El sector empresarial ha entendido que el cumplimiento normativo no puede limitarse a reportar toneladas. Implica desarrollar capacidades técnicas, mejorar la trazabilidad, sofisticar procesos de transformación, impulsar la innovación en materiales y acompañar la formalización y productividad de los actores de la cadena.
Sin embargo, los avances conviven con desafíos estructurales que no pueden ser asumidos únicamente por el sector productivo. Persisten brechas entre las metas regulatorias y las capacidades reales del sistema: altos niveles de informalidad, limitada tecnificación, restricciones financieras en eslabones críticos de la cadena y una infraestructura aún insuficiente para ciertos materiales de difícil aprovechamiento. La transición circular exige corresponsabilidad y articulación efectiva entre el sector público y las empresas. No basta con la voluntad empresarial; se requiere un entorno habilitante coherente, estable y predecible que alinee regulación, incentivos, financiamiento e inversión en capacidades productivas.
El verdadero salto competitivo no está únicamente en cumplir metas de aprovechamiento. Está en innovar: avanzar en ecodiseño, incorporar criterios de circularidad desde la concepción de envases y empaques, mejorar especificaciones técnicas y desarrollar mercados para materiales reciclados es lo que permite que el material recuperado efectivamente regrese a procesos productivos con valor agregado. Este proceso también tiene una dimensión de inclusión social.
Miles de familias dependen del reciclaje como actividad económica, y la transición debe traducirse en mayor productividad y competitividad para las organizaciones de recicladores y las pequeñas y medianas empresas transformadoras.
Fortalecer capacidades empresariales, mejorar estándares técnicos y consolidar encadenamientos productivos es clave para que la economía circular genere empleos verdes, formalización y mayor valor agregado. La economía circular no es solo una estrategia ambiental: es una herramienta de desarrollo y cohesión social.
Cerrar el ciclo implica consolidar una visión pública y privada que integre la circularidad en modelos de negocio competitivos y que genere valor real en la cadena.