Ambiente

Economía circular sin extremos: lo que realmente está pasando en las empresas

Corporación Fenalco Solidario Colombia.

Hoy vemos empresas del sector privado avanzando en el aprovechamiento y valorización de residuos y en la optimización del uso de materias primas

Sandra Sierra

Hace poco estuve en una planta textil colombiana viendo cómo una prenda usada volvía a convertirse en hilo.

Frente a nosotros, un sistema industrial de separación trabajaba con precisión: las telas ingresaban completas y, a través de un proceso sincronizado, las fibras se liberaban hasta recuperar nuevamente la materia prima. No era teoría. No era un piloto. Era industria real cerrando el ciclo.

¿Quién se imagina una chaqueta dividida en miles de hilos para nacer otra vez como prenda nueva?

Eso está pasando en Colombia.

Y esa escena explica mejor que cualquier discurso lo que significa la economía circular. No es un extremo ideológico ni una meta inalcanzable. Es una decisión empresarial estratégica.

Cuando uno conversa diariamente con empresarios en el país entiende que la circularidad ya no es una tendencia, es una respuesta a la realidad. En un contexto de volatilidad en materias primas, presión regulatoria y alta competencia, optimizar recursos dejó de ser opcional.

Hoy vemos empresas del sector privado avanzando en el aprovechamiento y valorización de residuos, en la optimización del uso de materias primas, en la ecoeficiencia energética e hídrica, en programas de logística inversa y en compras sostenibles. No lo hacen por moda. Lo hacen porque mejora sus costos, reduce riesgos y fortalece su permanencia en el mercado.

También debemos desmitificar la perfección. Si una empresa no es 100% circular, no significa que no esté avanzando. La transición es progresiva: empieza reduciendo desperdicios, rediseñando empaques, revalorizando subproductos o ajustando la cadena de abastecimiento. La clave está en medir y mejorar.

La economía circular no es un costo adicional. Es eficiencia operativa. Es mejor perfil ante inversionistas y entidades financieras. Es competitividad.

Especialmente nuestras pymes necesitan acompañamiento técnico para convertir la sostenibilidad en ventaja real. Ese es el reto institucional: traducir la circularidad al lenguaje empresarial y facilitar su implementación.

Lo que vi en esa planta no fue solo innovación industrial. Fue una demostración de que el empresariado colombiano está transformando sus modelos para ser más eficiente, más resiliente y más competitivo.

La economía circular no es un extremo. Es una decisión inteligente de negocio.

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