Ambiente
El avance de la economía circular
Sostenibilidad sin atajos
viernes, 27 de febrero de 2026
Hoy nos encontramos en una saturación de las mismas (ISO, Carbono Neutro, Fair Trade, entre otras) pero, la certificación B Corp se ha convertido en un símbolo global
María Alejandra Botero Galviz
En un mundo donde los consumidores, inversionistas y las industrias en general buscan cada vez más organizaciones que no solo generen utilidades, sino que traduzcan sus decisiones en impacto positivo, las certificaciones de sostenibilidad han ganado protagonismo. Hoy nos encontramos en una saturación de las mismas (ISO, Carbono Neutro, Fair Trade, entre otras) pero, la certificación B Corp se ha convertido en un símbolo global de compromiso con prácticas empresariales responsables. Pero, ¿qué implica que este sello endurezca sus requisitos y qué consecuencias trae este ajuste para economías como la nuestra?
La decisión de endurecer los criterios de evaluación responde a una palabra: Confianza. La necesidad de reforzar la credibilidad de un movimiento que se enfrenta a consumidores cada vez más informados que buscan un impacto tangible, así que es natural que esta propuesta nazca como una apuesta por evitar que estos estandares se queden solo como una estrategia reputacional lejos de acciones con proyecciones reales. El obtener una certificación no puede ser considerado como una estrategia de mercadeo para que una empresa busque aplausos en redes sociales, pues se alejan de cumplir su objetivo de ser herramientas útiles y rigurosas que transformen profundamente las operaciones y estructuras de gobernanza. Además, en mercados donde la inversión y las decisiones de consumo están estrechamente ligadas a reputación y riesgo, contar con certificaciones rigurosas puede potenciar la competitividad y diferenciar negocios en mercados nacionales e internacionales.
Durante años, una de las críticas al modelo fue la posibilidad de compensar debilidades estructurales con fortalezas en otras áreas. En la práctica, una empresa podía tener los más altos estándares de gobernanza mientras su cadena de suministro podía ser cuestionable. Los nuevos estándares eliminan esa flexibilidad y establecen requisitos mínimos no negociables en frentes como acción climática o salarios dignos. Es en esencia, una protección contra el famoso greenwashing y contra la instrumentalización de la sostenibilidad como herramienta meramente reputacional o comunicacional.
Pero estos cambios de BCorp plantean desafíos reales para mercados como el nuestro. Aunque ya lleva 9 años en nuestro país y hoy en día hay más de 130 empresas B certificadas, nuestro contexto es muy distinto al europeo, donde muchos de los nuevos criterios fueron diseñados. A pesar de la presencia de “Empresas B” en el país, el número de certificaciones sigue siendo bajo. Esto puede ser una barrera desalentadora para las pequeñas y medianas empresas, que representan un porcentaje importante del tejido productivo de nuestro país y que, si bien pueden tener prácticas responsables, pueden no contar con recursos para documentar y reportar esos impactos al nivel que exigen los nuevos requisitos.
Aunque, elevar el nivel no debe verse unicamente como un obstáculo, pues también es una oportunidad para fortalecer modelos de negocio que necesariamente integran sostenibilidad y transparencia. A largo plazo, las empresas que apuestan por este camino demuestran que no solo es posible medir impacto, sino convertirlo en parte de la estructura operativa y en una ventaja competitiva y están mejor preparadas para gestionar riesgos, algo que en mercados internacionales se traduce en resiliencia y por ende en ventaja competitiva.
La clave está en que no se perciban las certificaciones únicamente como un distintivo o una estrategia de mercadeo, sino como una herramienta que exige impacto tangible, verificable y evolución constante, tal como lo exige el camino de la sostenibilidad. Y también en preguntarnos ¿está el entorno institucional colombiano listo para acompañar esta transición? La figura de las Sociedades BIC fue un avance relevante, pero el endurecimiento de estándares globales exige más. Se necesitan incentivos fiscales, acceso a financiación verde y programas de fortalecimiento empresarial que permitan a más compañías elevar sus operaciones sin sacrificar viabilidad económica.
La evolución de las certificaciones como B Corp es una respuesta natural a demandas de mercado que cada vez exigen mayor coherencia entre discurso y acción, la discusión no debe ser si las certificaciones deben ser más estrictas. Deben serlo. Pero para que esta evolución no deje atrás a economías como la nuestra, los criterios deben acompañarse de mecanismos que permitan a las empresas transformar retos estructurales en capacidades reales. Solo así esta y cualquier certificación podrá seguir siendo un voto de confianza real para consumidores e inversionistas.