Ambiente

¿Sabe qué son los bonos temáticos, y por qué hay verdes, azules y sostenibles?

LR

La globalización ha impulsado la conciencia ambiental y el desarrollo de herramientas financieras como los bonos temáticos

Diana Gil

Con la globalización no solo se han logrado avances tecnológicos y de conectividad a nivel mundial, sino que también ha urgido una necesidad de transitar a modelos de desarrollo sostenible. Las cumbres ambientales y acuerdos internacionales han generado una conciencia colectiva de las consecuencias del calentamiento global.

Frente a este contexto, los gobiernos han adoptado mecanismos para canalizar y fortalecer el cuidado del medio ambiente. En esa búsqueda surgen herramientas como las finanzas verdes, es decir, la “financiación de inversiones que proporcionan beneficios ambientales” como lo explicó Diego Flaiban, experto del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en una presentación.

Los bonos temáticos son uno de esos mecanismos. En esencia son bonos corrientes, es decir, instrumentos de deuda que emiten las empresas, bancos o gobiernos para financiarse. Y cuando estos se ponen en el mercado, las entidades que buscan inversión hacen acuerdos con sus compradores bajo la promesa de que van a devolver esa cantidad prestada más los intereses en un tiempo determinado.

Lo que diferencia a los bonos temáticos de los bonos corrientes es que los primeros están destinados a financiar proyectos sostenibles, ambientales y sociales. Por ejemplo, la inclusión financiera en Pyme, proyectos verdes de infraestructura de energía limpia o protección del océano.

Dependiendo del tipo de inversión, su nombre puede variar desde verdes, sostenibles, sociales y azules. Estas etiquetas sirven de herramienta del emisor del bono para enviar una señal al mercado de cuál es su estrategia de sostenibilidad.

Los bonos verdes se refieren a las inversiones destinadas a proyectos de energías renovables o de eficiencia energética. Por otro lado, los bonos sostenibles buscan pasar hacia una transición económica justa. En este se mezclan proyectos verdes y sociales. Finalmente, los fondos azules se refieren a las operaciones destinadas a la preservación del océano, del agua y hacia una administración responsable de estos recursos.

Colombia es el séptimo mercado de deuda sostenible de América Latina y el Caribe, con US$2.400 millones emitidos a finales de 2022. Así lo muestra el informe Estado del Mercado de las “Finanzas Sostenibles en Colombia de Climate Bonds” de la organización internacional Climate Bonds.

A diferencia de otros mecanismos como los bonos de carbono, donde existe un mercado regulado y uno voluntario, los bonos sostenibles son puramente voluntarios. “La banca puede generar este tipo de instrumento financiero sin ser una obligación ante el Estado” explica Clara Inés Pardo, profesora de la Escuela de Administración en la Universidad del Rosario.

El mercado de los bonos verdes es el más popular por volumen en Colombia, con 16 operaciones de nueve emisores. Este mecanismo comenzó a nivel mundial entre 2007 y 2008, cuando diversos bancos multilaterales emitieron bonos para financiar proyectos climáticos.

Bancolombia fue el primer emisor de un bono verde en el país en 2016 por un valor de $350.000 millones (US$115 millones). Colombia además fue el primer país en fijar el precio de un bono verde en su propia moneda, con el fin de incentivar la creación de mercados verdes locales.

En este mercado, el Gobierno es el emisor más importante, con 43%, seguido por las empresas financieras (35,2%) y no financieras (12,9%). De últimas están los bancos de desarrollo, con una presencia de 8,5%. Las energías renovables, los edificios y el transporte fueron las categorías más financiadas, de acuerdo con el informe de Climate Bonds.

Respecto al mercado de los bonos sostenibles, el país solo cuenta con dos, ambos emitidos en 2019. El uso que se le dieron a estos fue financiar el sector de la educación, salud, infraestructura, eficiencia energética, transporte, agua y saneamiento. El primer emisor de bonos sostenibles en el país fue el banco de desarrollo Findeter. La operación fue de $400.000 millones (US$138 millones).

Según los expertos, los bonos azules aún representan una oportunidad en el país.

De acuerdo al informe “Acelerando la emisión de bonos azules en América Latina y el Caribe” del BID, se proyecta una inversión de US$90 billones durante la próxima década solo en infraestructura, gran parte de la cual estará en el océano o cerca de él.

Debido a que todavía es una categorización novedosa, no hay casos de emisión de bonos azules en Colombia.

Las taxonomías verdes

Los bonos temáticos responden a la taxonomía verde de cada país. Esto hace referencia a la identificación de las actividades económicas y activos con la que cuenta el país para el logro de objetivos ambientales.

Colombia tiene una de las matrices energéticas de la región más limpias, 73% de ellas son renovables. Como en todos los países se proyecta que esta demanda va a crecer, una oportunidad de proyectos para los bonos.

El transporte en el país representa 11% de las emisiones de gases de efecto invernadero y la motivación de fomentar el transporte de bajas emisiones es algo creciente en el mundo. Una situación parecida ocurre con el sector de la construcción, este es un sector clave si Colombia quiere cumplir con sus metas de reducción de emisiones. Las cuales están estipuladas en el NDC o contribuciones determinadas a nivel nacional.

La geografía también juega un papel importante. Colombia es un país que limita con dos océanos, además de encontrarse dentro de una de las cinco naciones con mayor diversidad marítima. Los proyectos azules además cuentan con altos niveles de rentabilidad.

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