Hacienda

La pandemia puso a prueba la solidez de la economía y al Gobierno de Iván Duque

La necesidad de “apagar la economía” para evitar la propagación de la pandemia condujo a la peor recesión en la historia del país

Narciso De la Hoz G.

“Un presidente no hace milagros ni tampoco vamos a producirlo de un día para otro”, dijo Iván Duque, el actual presidente de la República en su discurso de celebración el 17 de mayo de 2018, en el que advirtió que su desafío era lograr que la economía volviera a crecer a tasas de 4% durante su mandato; es decir, cerca de su potencial en ese momento.

A favor de ese propósito, jugaba que la economía colombiana ya había tocado fondo en 2017, con un crecimiento del 1,8%, la menor tasa desde 2009. A esto se sumó una inflación bajo control que le había permitido al Banco de la República reducir sus tipos de interés, a medida que la recuperación de los precios del petróleo a niveles superiores a los US$60, el fin de la incertidumbre política que generaba el proceso electoral (con un candidato de izquierda que alcanzó ocho millones de votos), y la mejora en las expectativas de los consumidores y los empresarios.

De hecho, en 2019 la economía creció 3,3%, una cifra que, aunque inferior a las proyecciones oficiales, era la mayor desde 2014, como lo celebró el propio Duque en las redes sociales.

“Una excelente noticia. El Dane reveló que el PIB en 2019 fue 3,3%, el mayor desde 2014”, se jactó el mandatario.

Pero entonces llegó la pandemia y todo cambió. Lo que iba a ser un ensayo de fin de semana, se convirtió en un fenómeno digno de un episodio de la serie de televisión inglesa Black Mirror en Netflix.

Sin una vacuna efectiva contra un enemigo invisible pero letal, todos los gobiernos se vieron obligados a apagar las economías de sus países.

Colombia no fue la excepción y ello se tradujo en la mayor recesión económica en la historia del país, con una contracción superior a 7%, una economía paralizada, mientras el desempleo y la pobreza se dispararon a niveles no vistos antes.

Aunque muchos lo critican por una supuesta timidez en la ejecución de una política contracíclica, el Gobierno se vio obligado a aumentar el gasto público y el Banco de la República a disminuir agresivamente su tasa de intervención.

Un año después, buscando frenar el aumento del déficit fiscal, el entonces ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, después de recibir las recomendaciones de una misión internacional, llevó al Congreso un proyecto de reforma tributaria que buscaba corregir los viejos vicios y problemas del sistema impositivo colombiano, que depende excesivamente del recaudo de las empresas (80%) y en menor proporción de las personas naturales.

Pero, con una pandemia que se había ensañado con los más pobres y vulnerables, la reforma generó una oleada de protestas en todo el país que le costaron el puesto a Carrasquilla. A ello se añadió un paro nacional que se tradujo en el bloqueo de las principales carreteras del país, empeorando aún más la situación de una economía en período de cuidados intensivos.

Derrotado, el presidente Iván Duque, no solo aceptó la renuncia del líder que lo venía acompañando desde el comienzo de su administración, sino que optó por nombrar para el cargo a José Manuel Restrepo, un economista con buenas credenciales académicas y que se desempeñaba en otra cartera, pero que no había hecho la típica carrera que recorren los profesionales de la “ciencia sombría” para llegar al cargo de titular de Hacienda.

En un contexto retador y con el país aún bloqueado, Restrepo logró sacar adelante una reforma en 2021 que básicamente echaba para atrás muchas de las medidas había promovido su antecesor, entre ellas la decisión de ampliar el cobro del IVA a bienes de la canasta familiar, así como los tributos a la clase media.

“Esta reforma beneficia a 29 millones de colombianos en temas que son de mi sensibilidad: más empleo para los jóvenes y para las mujeres, más oportunidades para el microempresario con un subsidio a la nómina, el apoyo a familias vulnerables con una renta básica de emergencia y la matrícula cero”, explicó el funcionario.

Dicen que después de la tormenta viene la calma, y a fe que ello se ha cumplido. Con viento de cola de la política monetaria, la recuperación del precio de las principales materias primas que exporta el país y por el mayor aumento del gasto público, la economía creció 10,6% el año pasado, según el Dane.

A precios corrientes, el valor del PIB alcanzó $1.176,6 billones, después de que en 2020 esta cifra llegara a $998 billones. Con esto, el PIB per cápita anual se ubicó el año pasado en $23,05 millones, explicó la entidad.
Esta alza de dos dígitos es el ritmo más rápido de crecimiento en más de un siglo y es explicado en su mayoría por la recuperación de la demanda, después de que se flexibilizaron las restricciones de la pandemia; por los buenos precios de los commodities (petróleo, café y carbón) y el recaudo de impuestos (13,5%). Específicamente el Dane señaló que 10,3% viene del alza del valor agregado.

Pero la reactivación ha venido acompañada por un viejo fantasma que los bancos centrales del mundo e incluso el Emisor, habían logrado poner en cintura: la inflación que, en los últimos meses, se ha acercado peligrosamente a una tasa de doble dígito, 9,67% en julio, la mayor de los últimos 22 años.

“Hemos respondido rápido a lo que es más que un simple rebote de la economía”, dijo el gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, al explicar las decisiones que ha adoptado la Junta Directiva que ha optado por endurecer la política monetaria elevando su tasa de intervención hasta 7,5%.

“Algunos nos critican por haber subido muy rápido, otros dicen lo contrario. El ritmo que hemos adoptado es rápido; aumentos de 100 puntos básicos en una sola sesión solo se habían hecho en 2003, pero ya los hemos hecho en varias oportunidades”, explica Villar.

En materia fiscal, la discusión está abierta, ya que mientras el ministro de Hacienda dice que el ajuste se ha hecho más rápido de lo previsto y que la casa está en orden, el Comité Autónomo de la Regla Fiscal se ha apartado de esa postura, advirtiendo serios nubarrones.

“Estamos viendo una recuperación económica equivalente a 16 trimestres en siete y es aún más profunda porque ha logrado recuperar empleo, formalización, retornar niveles de pobreza multidimensional y de equidad”, dijo Restrepo al presentar el Marco Fiscal de Mediano Plazo.

Más allá de eso, el Dane reveló que el Índice de Seguimiento de la Economía creció 16,5% en mayo, lo cual parece confirmar la postura de quienes consideran que la economía muestra señales de recalentamiento, que obligarán a tener que adoptar políticas prudentes en materia fiscal.

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