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Catástrofe nacional
La geología: activo estratégico para un país que se sacude
martes, 11 de agosto de 2026
Conocer nuestro territorio y nuestro subsuelo no sirve únicamente para identificar minerales, hidrocarburos, aguas subterráneas o recursos geotérmicos. El conocimiento geológico permite comprender amenazas
LR
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El fuerte sismo que agitó a Colombia en la mañana del lunes 10 de agosto vuelve a recordarnos una realidad que con frecuencia olvidamos: habitamos un territorio geológicamente activo, resultado de una compleja interacción de placas tectónicas. Los reportes disponibles ubican el evento en inmediaciones de San José del Palmar, Chocó, con una magnitud de 7,4 y una profundidad del orden de 100 kilómetros.
Estos parámetros podrán seguir siendo refinados conforme las redes sismológicas procesen nueva información, algo completamente normal después de un terremoto de esta magnitud. Su localización y profundidad permiten plantear una posible relación con la compleja zona de subducción del occidente colombiano, donde la placa de Nazca se introduce bajo el continente suramericano.
Sin embargo, será necesario analizar la localización definitiva y el mecanismo focal antes de establecer con precisión qué estructura tectónica produjo la ruptura. Un evento a profundidades cercanas a 100 kilómetros podría estar relacionado no directamente con el contacto entre las placas, sino con deformación y ruptura dentro de la placa oceánica que ya se encuentra subducida bajo el continente.
Esa profundidad también ayuda a entender por qué el movimiento pudo sentirse en una extensión tan amplia del territorio. Las ondas sísmicas generadas a profundidades intermedias pueden propagarse a grandes distancias antes de alcanzar la superficie. Pero que un terremoto sea sentido fuertemente no significa necesariamente que produzca el mismo nivel de daño en todos los lugares: las condiciones geológicas locales, el tipo de suelo, la distancia, las edificaciones y la vulnerabilidad de cada territorio modifican sus efectos.
Aquí aparece una primera lección: debemos confiar en la ciencia y consultar las fuentes oficiales. Después de un terremoto circulan rápidamente audios, cadenas y publicaciones anunciando nuevos eventos. Es importante decirlo claramente: con el conocimiento científico disponible no es posible predecir un terremoto indicando con precisión el día, la hora, el lugar y la magnitud.
Pero no poder predecirlo no significa estar condenados a esperar sus consecuencias. La magnitud mide la energía liberada durante la ruptura, pero no determina por sí sola el daño. Debemos diferenciar amenaza, exposición, vulnerabilidad y riesgo. No podemos eliminar los procesos tectónicos que producen los terremotos, pero sí podemos reducir nuestra vulnerabilidad frente a ellos.
Y aquí surge una reflexión que Colombia debería incorporar definitivamente a su visión de desarrollo: la geología es un activo estratégico de la Nación. Conocer nuestro territorio y nuestro subsuelo no sirve únicamente para identificar minerales, hidrocarburos, aguas subterráneas o recursos geotérmicos. El conocimiento geológico permite comprender amenazas, orientar el ordenamiento territorial, proteger infraestructura, gestionar el agua y tomar mejores decisiones sobre dónde y cómo construimos.
Invertir en geociencias es invertir en infraestructura de conocimiento, prevención y resiliencia económica. Pero esa capacidad no puede permanecer concentrada en las instituciones nacionales y las grandes ciudades. Colombia necesita llevar las geociencias a los territorios. Por eso hemos planteado una propuesta que merece convertirse en política pública: un geólogo por municipio.
No significa que un solo profesional pueda resolver la gestión del riesgo de un territorio. Significa construir una infraestructura nacional de capacidades geocientíficas locales. Un geólogo en el territorio puede apoyar la identificación de amenazas por movimientos en masa, sismos, erosión o inundaciones; aportar al ordenamiento territorial y la gestión del agua; reconocer condiciones que requieren estudios especializados y, fundamentalmente, conectar el conocimiento producido por el Servicio Geológico Colombiano, las universidades y otras instituciones con las decisiones cotidianas de alcaldes, comunidades y autoridades regionales.
Flover Rodríguez Portillo
Director Ejecutivo Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos de la Energía
Germán Prieto
Docente Departamento de Geociencias Universidad Nacional de Colombia