Hacienda
Catástrofe nacional
La otra cara de Buenaventura en medio de la recuperación tras el terremoto
viernes, 21 de agosto de 2026
La emergencia golpeó con fuerza a sectores de bajamar como Lleras, Palo Seco, Punta del Este, Santa Fe y Santa Cruz
Leticia Ossa Daza
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Las labores de atención en Buenaventura tras el terremoto del 10 de agosto han dejado al descubierto las deficiencias de infraestructura y la vulnerabilidad en las que habita la población local.
Organizaciones de asistencia humanitaria, como World Central Kitchen, junto a líderes comunitarios, adelantan tareas de remoción de escombros y recuperación de viviendas en las zonas más afectadas.
La emergencia golpeó con especial fuerza a sectores de bajamar como Lleras, Palo Seco, Punta del Este, Santa Fe y Santa Cruz, caracterizados por construcciones palafíticas sobre pilotes y terrenos ganados al mar mediante rellenos.
En sectores como Palo Seco, los propios habitantes han debido desmontar inmuebles colapsados para reutilizar ladrillos y emplear los escombros en la reafirmación del terreno. La crisis posdesastre reavivó el debate sobre la histórica disparidad entre la importancia económica del municipio y sus indicadores de calidad de vida.
A pesar de que en 2025 el nodo portuario movilizó 21,4 millones de toneladas de comercio exterior —representando 36,8% de las importaciones marítimas nacionales y 27,3% del tráfico de contenedores con 1,7 millones de TEU—, la realidad de sus más de 322.000 habitantes muestra un panorama muy distinto.
La tasa de desocupación en la ciudad cerró 2024 en 26,9%, cifra que contrasta drásticamente con el promedio nacional de 9,1%. Asimismo, la Encuesta de Percepción Ciudadana 2025 de Buenaventura Cómo Vamos reveló que 41% de los habitantes recibe servicio de agua potable apenas entre cuatro y siete horas al día.
Estudios previos del Banco Mundial y del Banco de la República ya advertían que el constante crecimiento de la actividad portuaria no se traducía en mejoras socioeconómicas reales para la población. Frente a la coyuntura actual, diversos sectores señalan que el proceso de reconstrucción no debe limitarse a reparar la infraestructura dañada, sino articular la capacidad organizativa de las comunidades locales para reducir la brecha de desigualdad histórica en la región.