Las cesantías, una prestación que protege hoy y permite comprar futuro
viernes, 30 de enero de 2026
Cuando una persona enfrenta una situación de desempleo, las cesantías ayudan a sostener gastos esenciales mientras se conecta de nuevo al mundo laboral
Ángela Maya
Ángela Maya, líder del negocio de Ahorro y Retiro de Protección
Cada febrero, millones de trabajadores reciben un dinero que, aunque a veces pasa desapercibido en el día a día, tiene un enorme poder transformador en la vida de las personas: las cesantías. En un mercado laboral marcado por la informalidad, la rotación y la incertidumbre, este ahorro obligatorio funciona como uno de los mecanismos anticíclicos más relevantes del país.
Protege en tiempos difíciles y, al mismo tiempo, se convierte en ese impulso que permite comprar futuro: avanzar en educación, acceder a vivienda o atravesar una transición laboral con mayor tranquilidad.
Su razón de ser es sencilla y poderosa. Cuando una persona enfrenta una situación de desempleo, las cesantías ayudan a sostener gastos esenciales mientras se conecta de nuevo al mundo laboral. En este contexto, en el que la estabilidad no siempre está garantizada, contar con ese colchón puede marcar la diferencia.
Hay un dato clave suele omitirse en la conversación pública: un colombiano puede tardar entre seis y ocho meses en reincorporarse al mercado laboral. En ese lapso, las cesantías actúan como un puente de estabilidad. Por eso, fortalecer el empleo formal no es solo una meta económica, sino una decisión social. Más formalidad implica más trabajadores con una red real de protección y más hogares con capacidad de planear el futuro.
Pero las cesantías no solo operan como un seguro ante emergencias. También son una prestación diseñada para habilitar oportunidades. Permiten financiar educación y formación, y apoyar la adquisición o mejora de vivienda. Bien gestionadas, las cesantías convierten una obligación legal del empleador en un beneficio para el trabajador, pues facilitan su avance en momentos clave y ayudan a ordenar metas, personales y familiares, en el tiempo.
Las cifras muestran el poder de las cesantías, y a su vez un reto cultural que enfrenta. En Protección, hoy administramos las cesantías de cerca de 3,1 millones de clientes, a quienes en el 2025 la compañía les abonó $870.000 millones de pesos en rendimientos. El ahorro promedio por cliente es de $3,4 millones, un monto que, bien gestionado puede marcar la diferencia entre atravesar una transición con tranquilidad o hacerlo con presión financiera.
Sin embargo, los hábitos de retiro muestran un reto cultural: la tensión entre protección y consumo inmediato. Según cifras de Protección, 24% de las personas retira sus cesantías en el mes siguiente a la consignación, 62% lo hace antes de cumplir un año y solo 38% mantiene el ahorro por más tiempo. Entre quienes sí preservan el recurso, 28% lo conserva por más de tres años y 13% lo ha dejado intacto por más de cinco años. La invitación es clara: ver las cesantías no como dinero disponible hoy, sino como la posibilidad de comprar tranquilidad y oportunidades mañana.
Esta idea se refuerza cuando se observa el comportamiento de la inversión y la generación de valor de este ahorro en el tiempo. El portafolio de largo plazo en Protección registró 13,37% efectivo anual con corte a octubre de 2025. Es decir, si una persona tenía un saldo de $5 millones, el comportamiento comparativo habría cerrado en $5,8 millones en corto plazo y $5,9 millones en largo plazo. No se trata de hacer promesas, sino de mostrar algo esencial: el futuro también se compra con tiempo y disciplina.
Además, los usos de retiro confirman que las cesantías sí cumplen un papel estructural cuando se orientan a objetivos de vida. En 2025, 44,9% de los retiros se destinó a compra o mejora de vivienda, 10,5% a educación y 43,9% se usó como respaldo por desempleo. El mensaje no es restringir los retiros, sino planearlos, para que este ahorro cumpla su doble propósito: ser un seguro en momentos de contingencia y un motor para construir bienestar financiero.
Finalmente, desde Protección hacemos un llamado a resignificar este ahorro. Ahorrar las cesantías es comprar futuro: elegir estabilidad cuando llegan los momentos difíciles y abrir caminos para que las metas más importantes de la vida puedan hacerse realidad.