Energía

El cobre es el metal base para el desarrollo de la transición energética

Minerales Córdoba

Es esencial para las redes de transmisión, aerogeneradores, paneles solares, sistemas de almacenamiento energético e infraestructura para vehículos eléctricos

LR

La transición hacia un modelo energético limpio y electrificado es un desafío industrial que exige materias primas en cantidades sin precedentes. Entre los minerales críticos, el cobre se ha consolidado como la columna vertebral de múltiples tecnologías que serán centrales en las próximas décadas.

Este metal es esencial para redes de transmisión, aerogeneradores, paneles solares, sistemas de almacenamiento energético, infraestructura de cargadores de vehículos eléctricos y centros de datos. Gracias a su alta conductividad eléctrica y térmica, casi no tiene sustituto en estas aplicaciones tecnológicas.

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, Ocde, el cobre figura entre los minerales con mayor crecimiento proyectado en la transición energética, al punto de que su demanda asociada a tecnologías limpias podría representar entre 24% y 45% del consumo energético total hacia 2040.

Las cifras globales confirman esta presión estructural. Según estimaciones de S&P Global, la demanda mundial de cobre podría duplicarse, pasando de cerca de 25 millones de toneladas en 2022 a más de 50 millones de toneladas hacia 2050, impulsada principalmente por la electrificación del transporte, la expansión de las energías renovables y el fortalecimiento de las redes eléctricas. Proyecciones de la industria, como las divulgadas por BHP, advierten que la demanda crecerá en alrededor de un millón de toneladas adicionales por año hasta 2035, con la transición energética explicando casi una cuarta parte del consumo global a mediados de siglo.

Este crecimiento enfrenta, sin embargo, restricciones significativas por el lado de la oferta. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, Unctad, ha alertado que, sin nuevas inversiones y el desarrollo oportuno de proyectos mineros, el suministro global de cobre podría resultar insuficiente para acompañar los compromisos climáticos y los procesos de digitalización de la economía.

Algunos escenarios proyectan déficits acumulados de hasta 10 millones de toneladas hacia 2040, un faltante que podría traducirse en mayores costos para la transición energética y en retrasos en el despliegue de infraestructura crítica.

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Importancia estratégica

El cobre se ha convertido en un asunto estratégico de política pública. No se trata solamente de asegurar volúmenes suficientes, sino de garantizar que la extracción se realice bajo estándares ambientales y sociales elevados. Diversos organismos multilaterales coinciden en que la transición energética sólo será viable si la minería que la sustenta incorpora criterios de sostenibilidad, participación comunitaria y trazabilidad.

Para países con potencial geológico como Colombia, el desafío resulta doble: insertarse en una cadena global cada vez más exigente y hacerlo sin reproducir los costos sociales y ambientales propios del extractivismo tradicional.

Colombia, pese a su potencial geológico, ha tenido una participación marginal en este mercado. Mientras países como Chile y Perú convirtieron el cobre en eje de desarrollo fiscal, exportador y regional, el país enfrenta una paradoja: necesita minerales para avanzar en la transición energética, pero avanza lentamente en la habilitación de proyectos que podrían producirlos bajo estándares ambientales y sociales cada vez más exigentes.

La experiencia reciente del país muestra que la transición hacia energías más limpias no puede desvincularse de la disponibilidad de minerales estratégicos ni de las condiciones sociales de los territorios donde estos se encuentran. El cobre, esencial para redes eléctricas, energías renovables y nuevas tecnologías, ilustra la necesidad de articular las metas climáticas con una política minera clara, predecible y responsable. En este contexto, las decisiones que se adopten hoy tendrán efectos de largo plazo sobre la capacidad del país para integrarse a las cadenas de valor asociadas a la economía baja en carbono.

Para regiones como el sur de Córdoba, donde persisten brechas significativas en empleo formal, infraestructura y acceso a servicios básicos, la llegada de proyectos productivos bien estructurados representa una oportunidad para fortalecer el tejido económico y social. Al mismo tiempo, la protección ambiental y la participación comunitaria siguen siendo elementos centrales. La sostenibilidad de cualquier iniciativa depende de su capacidad para cumplir con la normativa, gestionar adecuadamente los impactos y construir confianza con las comunidades. La experiencia comparada muestra que, cuando estos elementos se articulan de manera adecuada, es posible avanzar hacia modelos productivos que aporten al desarrollo regional sin comprometer los ecosistemas.

En última instancia, el reto para el país consiste en encontrar un equilibrio entre sus objetivos ambientales, económicos y sociales. Las decisiones que se tomen en torno a proyectos estratégicos no solo definirán el rumbo de sectores específicos, sino también la manera en que Colombia concibe la relación entre sus regiones, sus recursos y su futuro energético.

¿Cómo está el panorama de la producción global de este metal clave?

La producción mundial sigue altamente concentrada. Chile, como principal productor global, y Perú, como segundo en Latinoamérica, aportan cerca de 40% del cobre extraído en el planeta. Otros países como la República Democrática del Congo, China, Estados Unidos, Australia y México completan el mapa de oferta. Esta concentración geográfica expone a las cadenas de suministro a riesgos políticos, sociales y ambientales. Potencias económicas como EE.UU. y la Unión Europea han diseñado sus estrategias para diversificar las fuentes de minerales críticos.

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