Venezuela

Venezolanos quedan abandonados tras los terremotos mientras los rescatistas se retiran

Bloomberg

En el cementerio de La Esperanza, hileras de cruces blancas recién pintadas se extienden por una ladera polvorienta bajo el sol abrasador

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El olor a muerte impregna el ambiente bajo el calor sofocante de la costa caribeña de Venezuela, donde familias desplazadas duermen en literas en aulas escolares reconvertidas y tumbas recién cavadas bordean un cementerio cercano.

Tres semanas después de que dos terremotos sacudieran el densamente poblado estado de La Guaira, la frenética búsqueda de supervivientes ha dado paso a una cruda realidad: enterrar a los muertos, atender a los miles de personas que se han quedado sin hogar y reconstruir las comunidades devastadas.

En el cementerio de La Esperanza, hileras de cruces blancas recién pintadas se extienden por una ladera polvorienta bajo el sol abrasador. Dentro de cada ataúd, sellado en una bolsa para cadáveres, yace una de las más de 300 víctimas del terremoto cuya identidad aún se desconoce.

Las autoridades afirman que se han recogido muestras de ADN de todos los cuerpos, asignando números de identificación coincidentes a cada tumba, ataúd y bolsa para cadáveres, con la esperanza de que las familias puedan recuperar a sus seres queridos. La cifra oficial de fallecidos supera ya los 4.800.

Los supervivientes, sumidos en el dolor, que pasaron días regresando a las ruinas de sus hogares reacios a renunciar a sus familiares desaparecidos o a desprenderse de las pocas pertenencias que les quedaban, están empezando a instalarse en los refugios temporales habilitados por el gobierno en escuelas y parques.

Algunos negocios, como farmacias y supermercados, han reabierto sus puertas, mientras las autoridades se apresuran a reanudar las operaciones en el aeropuerto internacional de Maiquetía, en Venezuela, que resultó dañado.

La mayoría de los venezolanos han dejado de buscar y han comenzado a guardar luto.

La transición queda patente en uno de los numerosos grupos de WhatsApp creados para ayudar a localizar a los desaparecidos. En las horas posteriores a la catástrofe del 24 de junio, familiares desesperados compartieron nombres, fotografías y ubicaciones en una avalancha de mensajes. Muchos de estos grupos ahora están prácticamente en silencio.

No todos han podido seguir adelante.

Para Yerlis Bracamonte, de 24 años, cada día gira en torno a encontrar a su prima Fabiana Ramírez entre los escombros de un complejo de viviendas sociales en Caraballeda. Al igual que decenas de otros familiares, está pidiendo donaciones para alquilar maquinaria pesada y que las familias puedan excavar entre los escombros.

Así fue como encontró los cuerpos sin vida de otros dos primos nueve días después de los terremotos.

“Todo el equipo que teníamos provino de donaciones, ya sea de personas en el extranjero que querían ayudar o de lo que teníamos en casa”, dijo Bracamonte.

“Aparte de eso, no recibimos ninguna ayuda del gobierno”, añadió, haciéndose eco de un sentimiento generalizado de frustración e indignación por la respuesta oficial.

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