Ucrania

¿Por qué la crisis en Ucrania pone en jaque el suministro energético en Europa?

Reuters

Rusia es el proveedor más importante de gas natural para el viejo continente. Su suministro atraviesa la Ucrania hoy en conflicto. Los precios suben cada hora y, aunque aún no hay interrupción, el alza solo beneficia a Moscú

Diario Financiero - Santiago

Rusia dio inicio a su ofensiva sobre Ucrania y ha dejado a Occidente a un paso de tomar medidas en su contra. Hasta el momento, todo indica que serían sanciones financieras, individuales y tecnológicas para el gobierno de Vladimir Putin, dejando a la nación aislada económicamente.

Sin embargo, detrás de esas acciones está el temor de nuevas represalias por parte del Kremlin con severo impacto, especialmente a Europa. Y es que Rusia es el tercer mayor productor mundial de petróleo crudo y el proveedor más importante de gas natural para el viejo continente.

De hecho, el 40% del suministro de gas natural para Europa proviene directamente de Rusia y alrededor de un tercio de esos flujos se envían a través de Ucrania. Al miércoles, antes de los ataques armados, su valor llegó a saltar a más de 88 euros (US$ 98) por megavatio hora. Después, superó la barrera de los 100 euros y, este jueves, el diario Expansión de España detalla que "en apenas 13 horas, desde que salieron las primeras noticias sobre el inicio armado del conflicto, el precio del gas se ha disparado en torno a 13 euros en el mercado diario, también conocido como spot. Lo mismo ha ocurrido con la luz".

Es decir, el precio de la luz y el gas suben un euro cada hora.

En el caso de Alemania, uno de las potencias europeas que más depende de Rusia, ha estado entrampada con disputas con Moscú desde hace meses. La nación importa el 50% de gas de Rusia y no tiene plantas de gasificación, entonces no puede prescindir de ese suministro.

Sin embargo, esta semana, previendo a modo de presión ante la escalada de la crisis, decidió suspender la aprobación del controvertido gasoducto estrella de Putin: Nord Stream 2. Ello no tendría al momento ningún impacto tangible, más allá de la misma tensión diplomática, pues no está en funcionamiento.

Si es que con el conflicto armado se presenta alguna interrupción en el bombeo normal del gas, por ejemplo, podría haber escasez en Europa. Los bajos inventarios del combustible el año pasado enviaron los precios a niveles récord, y los volúmenes de Rusia se han reducido desde la segunda mitad de 2021. Y con los precios de las materias primas ya en sus máximos, la guerra se sumará a las presiones inflacionarias en toda la economía mundial.

Efectos de una interrupción

Los analistas citados por diferentes medios internacionales como Bloomberg, Financial Times y The Washington Post estiman que es poco probable que Moscú responda cortando el suministro de gas, que llega a Europa a través de oleoductos que atraviesan Ucrania y Polonia bajo el mar Báltico, respectivamente.

Sin embargo, si esto llegara a ocurrir, al viejo continente le resultaría prácticamente imposible reemplazar ese faltante pues no había suficiente capacidad disponible en el mercado para cubrir el déficit. Lo mismo con el petróleo.

De hecho, así lo aseguró este miércoles en una conferencia el ministro de energía de Qatar, Saad al-Kaabi: "No hay un solo país que pueda reemplazar ese tipo de volumen".

Ahora, más allá de la decisión del Kremlin de cortar o no el suministro, la clave está en la enorme red de transporte de gas de Ucrania. Cualquier impacto, producto de los enfrentamientos bélicos, en alguno de los ductos, puede cambiar el rumbo de esta historia.

Los gasoductos ucranianos fueron diseñados durante la era soviética para enviar el combustible a Europa desde los yacimientos siberianos. Con el colapso de la Unión Soviética, Rusia gastó miles de millones de dólares en la construcción de nuevos enlaces sin pasar por ese territori, pero Ucrania sigue siendo una pieza clave en la seguridad energética de Europa.

El gas ruso ingresa a Ucrania a través de las estaciones compresoras de Sudzha y Sokhranovka, que se encuentran a pocas horas de distancia de las regiones separatistas y en la frontera entre los dos países. Fluye a través de tuberías a través del hoy asesiado país y más hacia Europa a través de naciones como Eslovaquia y Polonia; este último también al borde de ingresar al conflicto.

Hasta el momento, el operador de la red de gas de Ucrania (GTSOU, su sigla en inglés) dijo que sus instalaciones estaban operando "sin problemas" y que estaba cumpliendo con todas sus obligaciones de transporte. Lo mismo apuntó la rusa Gazprom.

Los oleoductos que cruzan Ucrania también transportan algo de petróleo ruso a Europa. En el sector de la electricidad, la empresa de energía eléctrica privada más grande de Ucrania, DTEK, tiene algunas plantas en partes de las regiones de Donetsk y Lugansk controladas todavía por Ucrania.

Hasta el momento, sin interrupción pero en medio de las tensiones, el único beneficiado es Moscú por el alza del precio de los combustibles.

Los futuros de gas holandés de referencia cotizaron un 41% más a 125,45 euros el megavatio-hora a las 2:08 p. m. en Ámsterdam. La energía alemana para marzo alcanzó los 283 euros el megavatio-hora, el nivel más alto desde el 23 de diciembre.

El carbón europeo para el próximo año ganó hasta un 16%, mientras que el petróleo superó los US$ 105 dólares por primera vez desde 2014.

Pero no es solo el gas

Ucrania es además el segundo mayor exportador de granos y ha hecho que la región del Mar Negro sea conocida como el granero del mundo. El maíz se concentra en los campos del centro y el norte, el trigo y la cebada en el sur y los girasoles en el este, según muestran los datos del gobierno de Estados Unidos. Se transportan en camiones, en rieles y en barcazas hasta los puertos para su venta en Asia, África y la Unión Europea.

Su exportación pasa por regiones controladas por Kiev, con el 5% manejado por los puertos de Azov de Mariupol. Esa zona es compartida por Rusia y Ucrania, y hoy su operación está suspendida.

Por otro lado, el acero del país representa alrededor de una décima parte de las importaciones de Europa, por lo que cualquier interrupción en las acerías o los envíos restringiría el ya tenso mercado del continente y ayudaría a mantener altos los precios después de que alcanzaron un récord el año pasado.

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