Pasamos la prueba con mejoras económicas destacables

La economía quedó en franca recuperación

Juana Tellez

Han pasado ocho años del Gobierno de Juan Manuel Santos, durante los cuales la economía colombiana transitó en medio de una economía global que pasó de darle impulso a quitárselo muy rápidamente. En la primera mitad del Gobierno, los elevados precios del petróleo y la amplia liquidez mundial favorecieron la inversión y el crecimiento. En la segunda mitad, la caída abrupta y profunda de los precios del petróleo y el inicio de los anuncios de reducción de la liquidez y de subidas de tasas de interés en los países desarrollados hicieron lo contrario.

Los vientos internacionales favorables fueron aprovechados con creces y la economía logró crecer rápido. Los vientos adversos, por su parte, también fueron enfrentados con éxito. Sobrepasaron una caída sin precedentes históricos de las exportaciones y los ingresos fiscales, con una desaceleración gradual y sin un solo trimestre con crecimiento negativo.

Ahora que es tiempo de los balances, se puede decir que la economía avanzó bien en superar los efectos del mal entorno global. Se pusieron a prueba las instituciones y el marco regulatorio construido. En particular, se puso a prueba la figura del banco central independiente, el régimen de tasa de cambio flexible, el modelo de supervisión y regulación de los descalces cambiarios y la capacidad de respuesta del Gobierno, entre otros. En perspectiva, se puede decir que pasaron la prueba.

El Banco Central logró contener las expectativas de inflación, incluso cuando esta llegó a máximos de 9% en julio de 2016, como respuesta a la profunda devaluación del peso, un fenómeno de El Niño inclemente y un largo paro camionero.

En paralelo, el Gobierno apoyó el ajuste necesario de la demanda interna con recortes en el gasto y un aumento de ingresos vía impuestos indirectos, principalmente, respetando la regla fiscal. A pesar de los necesarios ajustes fiscales, se lograron rebajar gradualmente los impuestos de renta a las grandes empresas, del 40% al 33% entre 2016 y 2019. Esto no es suficiente, pero sí era necesario. También fue un logro en este escenario acabar con el impuesto a la riqueza, contrario a la discutible decisión de hacer permanente el impuesto a las transacciones financieras. En términos de formalidad empresarial, se intentó el monotributo, aunque no ha tenido resultados por un problema de diseño.

Se avanzó en poner al país a hablar de temas digitales y la conectividad llegó a los lugares más recónditos. Ahora queda la tarea de que los colombianos usen más los avances digitales para los temas que aumentan la productividad y la eficiencia, tanto como lo hacen para las redes sociales y la diversión.

La combinación de desempeño de la economía, inflación, empleo y subsidios permitió una reducción indudable de la pobreza, mejor que en otros países de la región. Quedan mejoras pendientes importantes, eso es innegable, pero los retos no son menores y los progresos en el margen cada vez son más difíciles. También queda la tarea de no permitir que la nueva clase media se devuelva a la pobreza.

En la línea de proteger a la clase media vulnerable, el país se favoreció de la resiliencia que se ha visto en el mercado laboral en los años de desaceleración económica. Esto es el reflejo de los buenos resultados de los cambios en el mercado laboral que impulsó el Gobierno Santos. Las menores cargas a la nómina y los incentivos a la creación de empleo formal ayudaron. Nos queda un mercado laboral más formal y dinámico en ciudades pequeñas y en el campo.

La inequidad en la distribución del ingreso mejoró, pero sigue siendo muy alta y el campo colombiano es el que más la sufre. En estos ocho años, Colombia se convirtió en un país más equitativo pero aún sigue siendo de los que tienen peor distribución en la región, antes y después de impuestos y subsidios. Se intentaron avances para mejorar el esquema de subsidios, pero se quedaron en el cajón la necesaria reforma pensional, la ampliación de la base de declarantes de renta y el aumento de la tasas de renta a los de más ingresos.

El costo de financiamiento y la relación con los mercados internacionales de capitales se mejoró y luego se logró mantener esta mejora, a pesar de los vientos no favorables. El grado de inversión se recuperó y con él la diferenciación positiva para Colombia en un momento en que la misma es clave. Con el proceso de ingreso a la Ocde se mejoraron muchos temas institucionales, de regulación y de Gobierno corporativo. La aceptación a ese club de mejores prácticas es un gran activo.

El crecimiento, el ajuste favorable, la mejora en el mercado laboral y la reducción de la pobreza son resultados del trabajo en estos ocho años. Los empresarios hicieron parte de la tarea, de la mano de un Gobierno y un banco central que les dieron la mano en el proceso, de manera adecuada y acompañaron y facilitaron el ajuste. A futuro, hay tareas pendientes para todos, pero nos quedamos con un país en franca recuperación y unas instituciones y una regulación fuertes y probadas ante la adversidad.

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