El nuevo escenario político de Colombia con la presidencia de Iván Duque Márquez

Colombian presidential candidate Ivan Duque greets supporters at the Berrio Park in Medellin, Colombia, June 6, 2018. REUTERS/Fredy Builes

Hay una fuerte oposición que también inicia su camino con los votos que logró Gustavo Petro.

Guillermo Trujillo Estrada

Iván Duque Márquez nuevo presidente de Colombia, fue el ganador de uno de los debates políticos más apasionantes y democráticos que se han dado en los últimos 48 años.

En estas elecciones se conoce de verdad la aplicación de la constitución del 91, por cuanto solo los partidos tradicionales habían sido opciones reales de poder, hasta la presidencia de Álvaro Uribe, militante del Partido Liberal que como disidente llego al poder en el 2002.

Ahora, nuevamente, congregó a su alrededor a los partidos tradicionales y a los surgidos después de 1991, como Cambio Radical y La U, para consolidar la Unidad Nacional apoyando su candidato.

Al mismo tiempo en desarrollo de la apertura política que propicio Juan Manuel Santos al conseguir firmar la paz para Colombia, los grupos no vinculados al poder tradicional, pudieron votar con libertad por opciones diferentes, hasta lograr cerca del 42% de los votos y conseguir constituirse en una opción de poder, que seguramente de organizarse lo logrará.

Humberto De La Calle afirmaba que firmada la paz el debate político sería ideológico, a fondo, lo que rompería con la tradición de Colombia. Yo agregaría que ese debate entre izquierda y derecha será un signo de modernidad y que seguramente en próximas elecciones aparecerán con más fuerza las nuevas generaciones convertidas en clase media, menos vinculadas a tradicionales.

Iván Duque tiene la responsabilidad de unir a los colombianos después de que su partido durante cuatro años provocó unas de las divisiones más profundas de la sociedad colombiana, que fue precisamente lo que produjo el vertiginoso aumento de la izquierda. Será en medio de una oposición en cabeza de Gustavo Petro, con ocho millones de votos, que seguramente comparada con la de Uribe a Santos, nos parecerá como un juego de niños. Seguro la protesta social será permanente.

De todas maneras, el país quedo muy dividido por primera vez en la historia entre izquierda y derecha, y debemos confiar en el equilibrio y la capacidad del nuevo presidente para resistir las presiones de los radicales que con ánimo de venganza pretendan usar el poder para profundizar las heridas.

Otro gran reto serán las elecciones del 2019 para elegir gobernadores y alcaldes, si tenemos en cuenta que a partir de enero se inician las campañas, y que Antioquia, el eje cafetero y Santander fueron principalmente las zonas que le dieron el triunfo, pero en las demás zonas se presentará lo que podremos llamar fácilmente la revancha, que además sentará las bases para las elecciones parlamentarias del 2022, dada la intervención de gobernadores y alcaldes en los procesos electorales.

Los sectores empresariales por primera vez desde el frente nacional tomaron partido, no solo gerentes de empresas, pero también los gremios en bloque, tomaron el riesgo de adherirse a un candidato, con ambiciones naturales como todos los hombres de negocios.

Hay que solicitar que, pasado el mejor debate electoral de las últimas décadas, rodeemos al nuevo presidente para que pueda cumplir, que se le respalden sus acciones de gobierno, que conociendo su talante estarán inspirados por el propósito de acertar por el bien de todos los ciudadanos.

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