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De la política monetaria a la innovación: las investigaciones premiadas con el Nobel

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Las investigaciones sobre política monetaria, crisis financieras, innovación y crecimiento económico han marcado la historia del Nobel de Economía, al aportar nuevas herramientas para comprender los mercados y los desafíos de las economías

Carlos Jaramillo Palacio

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El Premio Nobel de Economía de 2026 fue otorgado este lunes a Robert E. Hall, de la Universidad de Stanford, y Michael Woodford, de la Universidad de Columbia, por sus contribuciones a los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica. Sus investigaciones permitieron desarrollar modelos que hoy ayudan a los bancos centrales y los gobiernos a diseñar políticas monetarias y fiscales para enfrentar las recesiones, la inflación y otros choques económicos.

Según explicó la Real Academia Sueca de Ciencias, los dos economistas reconstruyeron los modelos macroeconómicos a partir de las decisiones individuales de los hogares y las empresas, con el fin de comprender mejor cómo sus expectativas y comportamientos afectan el conjunto de la economía. Sus aportes también contribuyeron a revitalizar las ideas de John Maynard Keynes sobre la estabilización económica, después de las dificultades que enfrentaron los modelos keynesianos durante las crisis petroleras de la década de 1970.

A propósito de la entrega del galardón, es importante recordar a los economistas que precedieron a los nuevos ganadores en las ediciones anteriores del premio, que desde su primera entrega, en 1969, reconoce investigaciones que han contribuido a comprender el funcionamiento de los mercados, el crecimiento económico y las decisiones de política pública.

En 2025, el reconocimiento fue compartido por Joel Mokyr, Philippe Aghion y Peter Howitt, por sus investigaciones sobre el crecimiento económico impulsado por la innovación. Sus trabajos explican cómo el progreso tecnológico, la creación de nuevos productos y la sustitución de empresas y tecnologías obsoletas pueden sostener el crecimiento a largo plazo.

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En 2024, los galardonados fueron Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson, quienes aportaron nuevas perspectivas sobre las razones de las diferencias de prosperidad entre las naciones. Sus investigaciones destacaron el papel de las instituciones sociales y económicas en la formación de incentivos, la distribución del poder y las posibilidades de desarrollo de los países.

En 2023, Claudia Goldin recibió el Nobel por sus investigaciones sobre la participación de las mujeres en el mercado laboral y la evolución de las diferencias salariales entre hombres y mujeres. Su trabajo permitió identificar factores históricos, sociales y económicos que ayudan a explicar la persistencia de la brecha de género.

En 2022, Ben Bernanke, Douglas Diamond y Philip H. Dybvig fueron reconocidos por sus investigaciones sobre el papel de los bancos en la economía y su relación con las crisis financieras. Sus aportes contribuyeron a explicar cómo las entidades financieras pueden amplificar las dificultades económicas y por qué es importante evitar el colapso del sistema bancario.

Para 2021, David Card recibió la mitad del premio por sus contribuciones empíricas a la economía laboral, mientras que Joshua Angrist y Guido Imbens compartieron la otra mitad por sus aportes metodológicos al análisis de las relaciones causales. Sus investigaciones mejoraron las herramientas para evaluar los efectos de políticas públicas y cambios económicos sobre el empleo, los salarios y otras variables sociales.

En 2020, Paul Milgrom y Robert Wilson obtuvieron el reconocimiento por sus avances en la teoría de las subastas y el diseño de nuevos formatos. Sus trabajos ayudaron a mejorar los mecanismos utilizados para asignar recursos y establecer precios en mercados complejos.

En la edición de 2019, Michael Kremer, Esther Duflo y Abhijit Banerjee fueron galardonados por su enfoque experimental para aliviar la pobreza global. Sus investigaciones utilizaron experimentos para evaluar intervenciones en áreas como la educación, la salud y las condiciones de vida de las poblaciones más vulnerables.

Un año antes, en 2018, William Nordhaus y Paul Romer recibieron el premio por integrar el cambio climático y la innovación tecnológica al análisis del crecimiento económico. Sus aportes permitieron comprender mejor cómo las políticas ambientales y el desarrollo tecnológico influyen en la evolución de las economías a largo plazo.

Con la incorporación de Hall y Woodford, el Nobel de Economía continúa reflejando la diversidad de temas que aborda la disciplina, desde el crecimiento y la innovación hasta las instituciones, el mercado laboral, la pobreza, las crisis financieras y la política monetaria.

De acuerdo con John Hassler, presidente del Comité del Premio de Ciencias Económicas, en la justificación del premio a ambos de este año, "La economía se caracteriza por la alternancia de recesiones y repuntes. Desde que el economista John Maynard Keynes expuso sus teorías hace casi un siglo, la política de estabilización ha sido fundamental para afrontar estas fluctuaciones. Durante las recesiones, la economía se impulsa reduciendo los tipos de interés y aumentando el déficit presupuestario, mientras que para frenar una economía en auge debería hacerse lo contrario".

"Sin embargo, durante las crisis petroleras de la década de 1970, parecía que los modelos keynesianos que rigen cuándo y cómo deben implementarse las medidas ya no funcionaban. No redujeron el desempleo, sino que provocaron una inflación descontrolada. Occidente experimentó una década de bajo crecimiento, alto desempleo y alta inflación. Muchos creían que la política de estabilización había causado más daño que beneficio y que debía abandonarse".

"Robert E. Hall y Michael Woodford reciben el premio de ciencias económicas de este año por demostrar cómo se podrían reconstruir los modelos económicos para revitalizar la política de estabilización. En lugar de basar los modelos en vínculos estadísticos entre variables macroeconómicas, como la inflación, la producción y el consumo, optaron por construirlos sobre una base microeconómica. Esto implica comprender cómo el conjunto de hogares y empresas influye en la economía a través de sus acciones".

"Un componente fundamental de estos modelos es que los hogares y las empresas tienen una visión de futuro al tomar decisiones sobre ahorros o precios de productos. Cuando los gobiernos y los bancos centrales comunican sus planes de política económica, pueden influir en esta perspectiva y orientar la economía en la dirección correcta. Desde su introducción, estos nuevos modelos han sido de gran ayuda para afrontar las recesiones económicas que nos han afectado".

Y finaliza su justificación señalando que "El trabajo de los galardonados nos ha proporcionado una base teórica sólida para los modelos que ahora utilizan los bancos centrales y los gobiernos de todo el mundo. Gracias a ellos, estamos mejor preparados para afrontar las perturbaciones económicas, como las crisis energéticas o los cambios repentinos en el consumo de los hogares".

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