Industria
El Triple Impacto de las Empresas B
La evidencia es más sólida que la intuición: por qué la sostenibilidad ya es una condición de competitividad
viernes, 31 de julio de 2026
La pregunta ya no debería ser si la sostenibilidad importa; esa discusión está en buena medida superada. La pregunta que deberían hacerse hoy las empresas es otra: ¿qué oportunidades estamos perdiendo si no la integramos en nuestra estrategia de negocio?
Camilo Ramírez
Director región norte Sistema B (México, América Central & Caribe, Colombia y Venezuela)
En los últimos años, la palabra sostenibilidad pareciera estar en todas partes: en las salas de juntas, en las conversaciones de inversión, en las estrategias de marca y en los reportes anuales. De tanto uso, muchas veces terminamos por confundirla. Sin embargo, cuando una idea empieza a repetirse tanto es porque cruzó un umbral importante: dejó de ser la apuesta de unos pocos visionarios para convertirse en una idea colectiva que mueve decisiones de inversión, de mercado y de estrategia. Algo parecido ocurrió con internet a finales de los noventa y con la inteligencia artificial: primero sonaron a moda, después a exageración, y casi sin darnos cuenta se instalaron en la manera en que vivimos y hacemos negocios.
La pregunta ya no debería ser si la sostenibilidad importa; esa discusión está en buena medida superada. La pregunta que deberían hacerse hoy las empresas es otra: ¿qué oportunidades estamos perdiendo si no la integramos en nuestra estrategia de negocio? Porque la evidencia muestra que la sostenibilidad no es únicamente una responsabilidad, sino una fuente directa de competitividad, y lo es por cuatro vías concretas: reduce costos, abre mercados, mejora el acceso a financiamiento y atrae al mejor talento.
1. Reducción de costos
El primer mito que cae ante la evidencia es que la sostenibilidad es cara. En muchas industrias, el consumo de energía y de materias primas puede representar hasta el 35% de los costos de producción, lo que convierte la eficiencia energética en una de las decisiones financieras más rentables que puede tomar una compañía, no solo en una ambiental. La caída en el costo de las renovables refuerza este punto: según Irena, mientras que en 2010 la energía solar costaba un 414% más que los combustibles tradicionales, para 2023 ya era 56% más barata. Lo mismo ocurre con la economía circular: sustituir empaques o insumos de un solo uso puede tener un costo inicial mayor, pero el ahorro en tarifas de manejo y disposición termina inclinando la balanza.
Cíclico, marca colombiana que elabora ropa con PET reciclado, tintes naturales y telas a partir de residuos de café, ilustra esta lógica: producción cercana, insumos reciclados y menor dependencia de materias primas vírgenes.
2. Acceso a nuevos mercados
La sostenibilidad dejó de ser un diferencial de marca para convertirse ahora en un requisito de entrada. 82% de los clientes empresariales exige hoy a sus proveedores información clara sobre su desempeño ambiental, social y de gobernanza, y no contar con ella implica quedar por fuera de licitaciones, contratos y alianzas estratégicas. El efecto dominó de regulaciones como la CSRD europea ya presiona cadenas de suministro completas, incluidas las latinoamericanas.
Las certificaciones de sostenibilidad, y la certificación de Empresa B en particular, funcionan como una credencial verificable frente a ese estándar: cada vez más gobiernos las puntúan positivamente en sus pliegos de contratación, y marcas globales las usan como filtro de proveedores. Casa Luker, Empresa B colombiana, lo demuestra en la base de la cadena: a través de "El Sueño del Chocolate" ha mejorado el bienestar, los ingresos y la protección ambiental de más de 15.000 cacaocultores, fortaleciendo una cadena hoy usada como argumento comercial frente a compradores internacionales exigentes en trazabilidad.
3. Financiamiento
El sistema financiero ya diferencia entre empresas sostenibles y convencionales, con condiciones concretas. En Colombia, la banca ofrece líneas de crédito de desarrollo sostenible con tasas preferenciales de hasta 120 puntos básicos por debajo de las tradicionales, además de aprobaciones más ágiles. En la región, empresas del sector real ya acceden al mercado de bonos temáticos: Mobiliare, guatemalteca, colocó su primera emisión internacional de bonos sostenibles por 100 millones de dólares con respaldo de BID Invest, a tasas antes reservadas a emisores mucho más grandes. Chile emitió el primer bono verde soberano de la región, y el mercado de deuda etiquetada proyecta, según S&P Global Ratings, una recuperación hacia los 25.000-30.000 millones de dólares en nuevas emisiones para 2026.
El mensaje es innegable y es que los inversionistas y la banca ya evalúan la trayectoria de sostenibilidad como parte del perfil de riesgo. Quien no avance se vuelve un cliente financiero más costoso.
4. Talento
La batalla por el talento calificado es hoy tan intensa como la batalla por el cliente. Según el Deloitte Global Gen Z and Millennial Survey, con más de 23.000 participantes en el mundo, tener un propósito claro en el trabajo es determinante en la elección y permanencia de estas generaciones. No es un tema menor: reemplazar a un empleado puede costar entre el 50% y el 250% de su salario anual.
Crepes & Waffles, Empresa B colombiana, construye justamente ese vínculo entre propósito y negocio: dignifica el trabajo de mujeres cabeza de familia y cultiva su talento a través de la Academia de las Artes, combinando impacto social con una marca empleadora sólida en un sector de altísima rotación.
La evidencia detrás de las Empresas B
Las Empresas B ofrecen un terreno donde observar esta evidencia de forma agregada. Hoy existen más de 10.500 Empresas B Certificadas en más de cien países, más de 1.350 en América Latina y el Caribe, y 138 en Colombia. Comparten una convicción: una empresa no puede medir su éxito únicamente por sus resultados financieros; también debe responder por los impactos que genera sobre las personas, las comunidades y el planeta.
El estudio La naturaleza de la empresa, de B Lab Global, comparó el comportamiento ambiental de cerca de 10.000 Empresas B con el de empresas convencionales similares: las Empresas B tienen el doble de probabilidades de medir su impacto ambiental y de usar transporte limpio, y son tres veces más propensas a evaluar a sus proveedores para reducir emisiones. Si toda la economía mundial adoptara prácticas comparables, el calentamiento global podría reducirse en 0,5°C para 2100, evitando cerca de 600.000 muertes por calor extremo.
En Colombia, las 138 Empresas B Certificadas han construido colectivamente más de $25.637 millones destinados a causas sociales, 17.814 horas de voluntariado y más de 31.685 toneladas de residuos reutilizados o reciclados. El estudio Sustainable Signals: Corporates 2025, del Instituto para la Inversión Sostenible de Morgan Stanley, consultó a responsables de sostenibilidad de más de 300 compañías con ingresos superiores a 100 millones de dólares: 88% considera la sostenibilidad una oportunidad de creación de valor a largo plazo, y más de 80% ya puede medir el retorno de sus proyectos sostenibles, no solo intuirlo.
La ventaja de anticiparse
La ventaja competitiva del futuro estará en quién sea capaz de anticiparse a los riesgos, reducir su estructura de costos, entrar a mercados que ya exigen trazabilidad, financiarse en mejores condiciones y atraer al talento que quiere trabajar con propósito. Las empresas que entiendan esto temprano tendrán una ventaja; las que no, tendrán que adaptarse más adelante, con mayores costos y bajo una presión mucho más alta.
Por eso, hablar hoy de sostenibilidad es hablar de estrategia, de competitividad, de permanencia. Las Empresas B no son la única respuesta, pero sí son una demostración concreta de que existe una manera distinta de hacer negocios: una que integra el desempeño económico con el impacto social y ambiental, y que entiende que la responsabilidad empresarial no termina en las fronteras de una compañía, porque la sostenibilidad es una de las condiciones para que los negocios tengan futuro.