Industria

Más de 10.800 empresas hoy generan un triple impacto a nivel global

Gráfico LR

El sistema B, que certifica a las empresas de triple impacto en el mundo, completa una red de 10.800 empresas a nivel global comprometidas con lo social y ambiental

Isabella Salazar Gaitán

En la década de los 90, John Elkington, referente en responsabilidad corporativa y capitalismo sostenible, acuñó por primera vez el concepto del ‘Triple Impacto’. Para 2018, el autor redefinió el concepto como “una triple hélice de cambio para el capitalismo del mañana”, en un artículo en la Harvard Business Review.

Desde entonces, la visión de Elkington ha planteado un reto mayor para las organizaciones; ya no solo es hacer empresa y sostenerla financieramente, sino generar valor social y ambiental para los grupos de interés. Para el autor, el sistema irá marginando progresivamente los sectores que no sean sostenibles en aquellas tres dimensiones.

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Las organizaciones lo han entendido, y se han comprometido con coherencia a generar impactos en estas tres dimensiones. Tan solo en la red del Sistema B, hay más de 10.800 empresas a nivel mundial certificadas como Empresas B, una distinción que certifica la generación de beneficios para todos y todas: trabajadores, comunidades, clientes y el planeta. A 2026, estas empresas generan más de 1 millón de empleos.

En Colombia, la red está compuesta por más de 130 empresas que generan hasta 5.000 empleos, y en América Latina ya se han sumado 1.336 organizaciones, que generan 183.855 empleos.

Desde el Sistema B, identifican a las Empresas B como aquellas que cumplen altos estándares de desempeño social y ambiental, y transparencia y responsabilidad; se comprometen pública y legalmente a transitar un proceso de mejora continua de impacto; y se comprometen legalmente a beneficiar no solo a accionistas, sino a todos los grupos de interés: trabajadores, clientes, comunidades y medio ambiente. Para obtener una certificación como Empresa B, las organizaciones deben pasar un proceso de verificación con B Lab.

Mónica Villegas, directora de Visión Circular Andi, aseguró que hoy en las empresas de triple impacto lo social y ambiental hace parte de la naturaleza de las organizaciones. “Más que desarrollar iniciativas ambientales o sociales de manera aislada, integran estos criterios en la forma en que diseñan sus productos y servicios, toman decisiones de inversión, gestionan sus cadenas de abastecimiento, innovan y se relacionan con sus grupos de interés. En otras palabras, entienden que la sostenibilidad no es un área de la empresa, sino una forma de hacer empresa”, dijo Villegas.

En esta triada, el impacto social y ambiental deja de ser algo reputacional o de cumplimiento, convirtiéndose en una fuente de innovación, eficiencia y diferenciación. En la parte ambiental, la optimización de recursos puede terminar traduciéndose en un ahorro económico; y en lo social, condiciones más justas de trabajo terminan impulsando la productividad.

“Las empresas que anticipan tendencias, optimizan el uso de recursos, fortalecen sus proveedores, desarrollan nuevos productos y responden a las expectativas de los mercados suelen ser más resilientes y competitivas en el largo plazo”, anotó Villegas.

Los retos del triple impacto

Redes como la del Sistema B pasó en dos décadas de tener 81 miembros a 10.800. Las empresas cada vez más se interesan en medir y potenciar su valor económico, social y ambiental, sin embargo aún persisten retos.

Para Gina Montes, CEO de Indeleble Social, una Empresa B que conecta las necesidades de la sociedad y el planeta con las oportunidades estratégicas de las organizaciones, hoy persisten algunos retos para las compañías ligados a su tamaño.

En las empresas grandes, el desafío está en “seguir haciéndose las preguntas correctas para continuar adaptando sus modelos de negocio para que efectivamente respondan a la generación de valor, tanto para sus comunidades como para el medio ambiente”, explicó Montes.

Para las empresas más pequeñas, el reto empieza desde la concepción del triple impacto como algo reservado para las grandes organizaciones, o para las que obtienen grandes beneficios económicos.

“Las empresas piensan que hablar de triple impacto es más costoso o que eso solo pasa cuando uno se hace grande. Como que las decisiones alrededor de tener beneficios para los empleados o aportar a las soluciones del cambio climático o de las desigualdades solo pasan cuando se generen muchos ingresos o mucha rentabilidad”, dijo Montes.

En el caso de las empresas pequeñas, la experta resaltó la importancia de los ecosistemas, como el Sistema B, donde el impacto se apalanca entre unos con otros.

La economía circular, del cumplimiento a lo estratégico

Desde la Visión Circular Andi resaltaron el hecho de que temas como la economía circular hayan pasado de ser motivados por el cumplimiento regulatorio a convertirse en un elemento estratégico para diseñar productos desde su origen con criterios de sostenibilidad, haciendo las cadenas de valor más justas e innovando en materiales y procesos. En cinco años, el programa ha reincorporado 280.000 toneladas de envases y empaques a la economía, evitando 500.000 toneladas de CO2 equivalente.

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