Bancos

El ser digital y la estrategia de supervivencia

Bloomberg.

Cuando entidades tradicionales y nativas digitales convergen en infraestructuras comunes, como ocurre con Bancolombia, Nequi y Wenia, (por mencionar algunos) el mensaje es claro: la eficiencia ya no se logra de manera aislada, sino en red

Joaquín M. López B.

En el sector productivo ya no gana solo el más grande o el más antiguo. Gana el que logra expandirse con menor fricción, operar con costos marginales decrecientes y convertir la tecnología en una ventaja estructural. Esa es, hoy, la verdadera frontera de la competitividad. Y es ahí donde la digitalización deja de ser un discurso aspiracional para convertirse en una decisión de negocio.

El caso de Nu Holdings, matriz de Nubank, por ejemplo es ilustrativo por sus más de 131 millones de clintes. Y no solo por su crecimiento acelerado en América Latina, sino porque su modelo confirma una tesis que el mercado ya interiorizó: la eficiencia digital paga dividendos. Que Warren Buffett haya decidido invertir en el neobanco más grande del mundo no es un gesto de moda financiera, sino una lectura fría de costos, escalabilidad y retorno sobre el capital. Nubank y David Vélez, en particular, entendió temprano que operar sin sucursales físicas, con procesos automatizados y una experiencia de usuario cuidada no era un “extra”, sino el núcleo del negocio.

La lección trasciende al sistema financiero. En Colombia, la digitalización empieza a ordenar ganadores y rezagados en múltiples frentes. La apuesta por plataformas para operar dólares digitales, los avances en pagos electrónicos y la integración de billeteras son señales de un ecosistema que busca reducir intermediaciones, tiempos y costos operativos. Cuando entidades tradicionales y nativas digitales convergen en infraestructuras comunes, como ocurre con Bancolombia, Nequi y Wenia, (por mencionar algunos) el mensaje es claro: la eficiencia ya no se logra de manera aislada, sino en red. Algo similar ocurre en industrias que, hasta hace poco, parecían ajenas a la discusión tecnológica. El negocio de las apuestas digitales, que mueve $45 billones al año, demuestra cómo la digitalización permite formalizar operaciones, ampliar cobertura y capturar ingresos que antes se diluían en la informalidad. El patrón se repite en comercio electrónico y servicios: según mediciones recientes, una mala experiencia digital basta para que la mayoría de los clientes abandone una compra. La experiencia, entonces, no es un tema de mercadeo; es una variable financiera.

Desde una perspectiva macroeconómica, los pagos digitales se consolidan como motor de crecimiento y formalización. Menos efectivo implica mayor trazabilidad, reducción de costos logísticos y una base tributaria más amplia. Sin embargo, el país aún enfrenta un rezago estructural. Colombia sigue fuera del top 10 mundial en desarrollo de gobierno digital según la Ocde, una señal de que la transformación no avanza al ritmo que exige el sector productivo.

A esto se suma un entorno tributario que, lejos de incentivar la inversión en tecnología, introduce frenos que afectan la velocidad de adopción. La conclusión es incómoda, pero evidente. En un entorno de márgenes estrechos y competencia global, digitalizar no es un acto de modernización simbólica, sino una estrategia de supervivencia. El que logra crecer con menos costos, mejores datos y procesos más ágiles se queda con el mercado. El que duda, paga la cuenta. Y esa, a diferencia de la innovación, siempre llega con intereses.

TEMAS


Empresario del Año 2025 - Nubank