Agro

“Alquería entendió hace años que era importante estar con el campo”

Carlos Enrique Cavelier

Carlos Enrique Cavelier, coordinador de sueños de la empresa, se refirió a los avances que han tenido en sostenibilidad tras volverse y mantenerse como una Empresa B

Lilian Mariño Espinosa

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El Coordinador de Sueños de Alquería, Carlos Enrique Cavelier, habló en entrevista con La República acerca del camino de la compañía para convertirse y mantenerse como Empresa B, las metas que se ha trazado para reducir la pobreza entre sus colaboradores y ganaderos y el reto de aumentar la productividad para que el crecimiento empresarial se traduzca en mayor prosperidad no solo para el campo, sino también para todo el país.

Alquería decidió convertirse en Empresa B en 2018. ¿Qué los llevó a tomar esa decisión y qué querían ver con la certificación que los indicadores tradicionales no dejaban ver?

Cuando empezamos a entender lo que era el sistema B en 2018, dijimos: somos muy afines a esos valores por nuestro enfoque social, ambiental, el tema de trabajo en las comunidades y el de los bancos de alimentos. Así que dijimos: queremos la certificación para probar si cumplíamos con los requisitos. Entramos al proceso y fueron tres años muy intensos, pero logramos ver que efectivamente sí lográbamos sus estándares. En 2021 nos volvimos Empresa B y hoy somos la más grande de Colombia desde entonces.

¿Qué cambió en la manera de administrar la empresa cuando ya entraron en el sistema?

Más que cambios, hubo una mayor conciencia en toda la cadena y, sobre todo, en los colaboradores, que empezaron a entender qué es el sistema B y sus implicaciones.
Fue un tema de conciencia en todos los colaboradores, los directos y los indirectos, los transportadores de camiones y, eventualmente, los proveedores. Entre lo más difícil estuvo llegar a los tenderos, que suman 120.000, y a los 9.000 ganaderos; ahí todavía hay un proceso.

Se entendió que era importante estar con el campo, trabajo que veníamos haciendo hace mucho tiempo, con el tema de La Macarena, el programa Maca, el de los bancos de alimentos, que empezamos a hacer hace 26 años, el de Vaca Madrina en 2017 y todo el programa de educación, que empezamos en 2010 con ‘Talentos excepcionales’. Entonces, ya no solo es conciencia, sino que la gente ve que eso le pertenece.

¿Qué fue lo más difícil del proceso o el aspecto que descubrieron que tenían más camino para recorrer?

Tenemos mucho camino por recorrer para ser CO2 neutro o CO2 positivo. Un ejemplo es el plástico que ponemos en el mercado con los empaques de los productos.

Ahí ya hace tres años recogemos más del plástico que ponemos en el mercado. Así que este proceso nos ha permitido trabajar de cerca con los recicladores, que son personas con oportunidades limitadas, y acá nos hemos hecho muy cercanos a ellos.

Cuatro años después obtienen la recertificación y aumentan el puntaje 34% frente a la primera. ¿Qué significó esta nota y qué ha cambiado en la empresa entre una certificación y la otra?

Lo que más cambió fue el nivel de compromiso de los colaboradores. Adicionalmente, la nota subió mucho por las mejoras en el agua y el impacto de plástico, pero, sobre todo, aumentó por el impacto de la Fundación Alquería Cavelier.

Ahí trabajamos con la Gobernación y fue un gana-gana porque el departamento finalmente, en 2025, obtiene el primer lugar en resultados de las Pruebas Saber entre las entidades territoriales certificadas. En 2023 éramos el sexto y ya el año pasado, con todo el esfuerzo, logramos ser el primero. Además, este año esperamos ser mucho más impactantes en el número de colegios y trabajarlo de la mano con el próximo gobernador.

Pero otra cifra que nos alegra mucho es que, de 576 niños que se han graduado, más de una tercera parte, de estratos 1 y 2, han ido a educación superior de élite y 91 han continuado sus estudios de posgrado.

¿Cómo va la Fundación Alquería Cavelier en otras regiones?

A principios de este año iniciamos operaciones en Risaralda, lastimosamente, dos de los colegios en los que estamos se cayeron con el sismo. Menos mal no le pasó nada a ningún niño, pero nos toca reconstruir. Y, por otro lado, entramos a trabajar en Santa Fe de Antioquia y la idea es expandir las acciones de la Fundación.

Allí entramos con la Fundación Juan del Corral, de la Empresa Cadena, y vamos a ver cómo vamos impulsando más la idea, porque a veces el Estado es muy tímido y se va metiendo poco a poco.

Por eso, buscamos una reunión con el Gobernador de Antioquia para que dimensione el proceso que hacemos y contarle los resultados, pues esto es una cruzada de años.

En Cundinamarca, por ejemplo, llevamos 15 años, pero ya vemos el impacto que hemos tenido en la educación pública, que es donde están muchos de los integrantes de nuestra cadena productiva, que han visto que, cuando se mejoran las capacidades de los rectores, docentes y metodologías, mejora la vida de ellos y mejora el futuro de sus hijos.

Hay muchos frentes en los que se trabaja. ¿Cómo deciden dónde poner los recursos y cómo van midiendo los resultados?

Cada programa tiene unos objetivos claros que se deben cumplir cada año y estas cifras van subiendo. Y eso nos hace muy conscientes de dónde tenemos que poner los recursos para lograr nuestras metas.

En medio de la difícil coyuntura tras el terremoto, ¿qué acciones se tomaron desde la empresa?

Con el Banco de Alimentos nos enfocamos en que, en Chocó, Risaralda y todos los pequeños municipios afectados, pudiéramos atender a la mayor cantidad de entregas.

También, inmediatamente buscamos entregarles agua a los municipios que se quedaron sin suministro de los acueductos, enviando carrotanques a Chocó y Buenaventura con agua limpia. Además, logramos designar $500 millones, que aprobaron los accionistas, para apoyar a varias familias con reconstrucción o complementando las ayudas del Gobierno para los arriendos mientras arreglamos casas.

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