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Más allá del Catatumbo: la economía que Norte de Santander está construyendo en silencio

Alexander Hernández

Hay territorios que el país mira con lástima. Norte de Santander no merece esa mirada, y quien la tenga, sencillamente no ha entendido lo que está pasando aquí.

Durante décadas, esta región construyó su economía mirando hacia el otro lado del río. Venezuela era el socio, el mercado, el destino natural. Cuando esa puerta se cerró, muchos pronosticaron el colapso. Lo que ocurrió fue lo contrario: la adversidad se convirtió en el mejor laboratorio de reinvención empresarial que ha tenido el nororiente colombiano. Los nortesantandereanos no esperaron que alguien les resolviera el problema. Empezaron a construir soluciones mientras el problema todavía estaba ahí.

En lo que va de 2026, la Cámara de Comercio de Cúcuta registra más de 2.500 empresas nuevas, a un ritmo promedio de 900 por mes. No son cifras de un territorio resignado. Son cifras de una región que aprendió a generar oportunidades sin esperar condiciones perfectas. Detrás de cada matrícula mercantil hay un emprendedor que apostó, un empresario que decidió formalizarse, alguien que vio en la incertidumbre no un freno sino una señal de entrada.

El Banco de la República, en su Boletín Económico Regional del primer trimestre de 2026, confirma que la actividad económica del Nororiente creció por encima del promedio nacional, jalonada por el comercio minorista, la construcción y el consumo de los hogares. Las ventas del comercio minorista crecieron 16,9% frente al mismo período de 2025. La matrícula de vehículos y motocicletas se disparó. El consumo interno se consolidó como motor de crecimiento. No es una coincidencia — es el resultado de años de adaptación silenciosa que ahora empieza a tener nombre en las estadísticas.

La historia de largo plazo es igualmente poderosa. En los últimos veinte años, según el Dane, Norte de Santander quintuplicó el tamaño de su economía, pasando de poco más de $5 billones en 2005 a más de $27 billones hoy — un crecimiento acumulado de 440%. Un departamento que representa el 1,6% del PIB nacional, pero que en términos de velocidad de transformación le da lecciones a regiones con muchos más recursos y mucha menos adversidad.

¿Que hay retos? Enormes. La informalidad laboral supera el 62% en Cúcuta según el Dane, y la inflación local cerró abril como la más alta del país, con un IPC anual de 5,96%. El conflicto en el Catatumbo sigue generando una herida humanitaria que ningún indicador macroeconómico puede maquillar, y cuya solución exige presencia estatal real, no solo declaraciones de emergencia. Esos datos no se esconden. Se nombran, porque es desde la honestidad que se construyen las soluciones reales y las políticas que de verdad transforman territorios.

Pero el relato de Norte de Santander en 2026 no puede reducirse a sus fracturas. Hoy hay más inversión, más empresarios formalizándose, más emprendedores preguntando cómo operar a lado y lado de la frontera ante la nueva realidad política en Venezuela. El comercio binacional, que durante años fue la única carta en la mano, ya no es el único motor — es uno más dentro de una economía que aprendió a diversificarse por necesidad y que ahora lo hace por convicción. En el Índice Departamental de Competitividad, Norte de Santander ocupa el puesto 14 entre las 33 regiones evaluadas del país. No es el primero, pero tampoco es el rezagado que algunos imaginan.

Eso tiene un nombre. Se llama resiliencia productiva. Y Norte de Santander la practica hace años, sin que nadie le haya dado todavía el reconocimiento que merece en los grandes espacios del análisis económico nacional.

El país necesita mirar esta región no como un caso de atención, sino como un modelo de adaptación. Aquí no hay fórmulas mágicas ni bonanza de recursos naturales. Hay gente trabajando, empresas constituyéndose, comercio moviéndose, y una frontera que, contra todo pronóstico, sigue siendo un activo estratégico para Colombia — no una cicatriz, sino una oportunidad que apenas empieza a leerse bien.

El que quiera entender cómo se construye economía en condiciones difíciles, que venga a Norte de Santander. El laboratorio está abierto, y los resultados están empezando a hablar por sí solos.

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