Hacienda
¡Es la economía, estúpido!
Los retos económicos del cuatrienio
lunes, 22 de junio de 2026
El desafío de estabilizar la deuda pública se hace aún más complejo a la luz de otros retos que enfrentamos. En particular, los sistemas de salud y de energía requieren el saneamiento de pasivos acumulados
César E. Tamayo
Hoy empieza una cuenta regresiva para quienes, a partir del 7 de agosto, liderarán el esfuerzo colectivo de retomar una senda de prosperidad y desarrollo para Colombia. Los retos económicos que habremos de superar para ello no son pocos ni son menores.
El primer reto será ordenar las finanzas públicas. De manera urgente, hay que buscar recortes en el gasto y mejoras en las condiciones actuales de financiamiento, si es del caso, con el concurso de organizaciones financieras internacionales. De paso, este ajuste contribuirá a reducir las presiones inflacionarias que, desde hace meses, dificultan el trabajo de la política monetaria. Poner en marcha un plan de incrementar los ingresos fiscales, especialmente las rentas minero-energéticas, también es urgente, porque este tardará algunos meses en ejecutarse y mostrar resultados.
El desafío de estabilizar la deuda pública se hace aún más complejo a la luz de otros retos que enfrentamos. En particular, los sistemas de salud y de energía requieren el saneamiento de pasivos acumulados y planes de estabilización para empresas intervenidas que garanticen la prestación efectiva de los servicios en el corto plazo. Todo esto sin mencionar que las mejoras en seguridad y control territorial traerán sus propias demandas de recursos públicos.
Al tiempo que se atienden estas urgencias, el nuevo gobierno debe anunciar que retoma con seriedad una agenda de crecimiento económico sostenido, entre otras cosas, porque es un ingrediente crítico en la tarea de incrementar ingresos fiscales y reducir la razón deuda/PIB en el mediano plazo. Para hacerlo, tendríamos que poner en marcha al menos dos agendas de país que requieren trabajo conjunto entre gobierno e iniciativa privada.
La primera es una agenda de capital humano. Es crucial asegurar el buen funcionamiento del sistema de salud, más allá de resolver la crisis actual; ponerse metas serias en materia de calidad de la educación básica; y transformar la educación posmedia. Esta última requiere cambiar a profundidad el componente de formación para el trabajo y repensar la política de acceso a la educación universitaria, que en años recientes se ha restringido al sector oficial. En últimas, elevar la productividad laboral es nuestra mejor apuesta, quizá la única viable, para reducir la informalidad y el emprendimiento de subsistencia, que persisten muy altos.
La segunda agenda es una de internacionalización, eficiencia y productividad, ampliamente definida. Esta debe incluir, de un lado, corregir el rezago de inversiones que tenemos en infraestructura de energía y transporte, especialmente ajustando el marco de requisitos, consultas y licenciamiento que hoy paraliza estos proyectos.
También debemos orientar mejor la asignación de recursos públicos hacia la investigación y desarrollo, y replicar los programas exitosos de desarrollo empresarial basados en innovación e inserción en cadenas globales de valor. Finalmente, y sobre todo, debemos aplicarnos con urgencia a la tarea de reducir sustancialmente la carga impositiva y regulatoria que es hoy una barrera a la formalización y limita severamente la competitividad de nuestras empresas.
Este es tal vez el conjunto de retos más exigente que hemos enfrentado como país en mucho tiempo. Para sortearlo necesitaremos suerte y talento. La suerte la repartieron hace mucho. El talento, entonces, debe ser la primera tarea en esa cuenta regresiva, la que empieza hoy.