Gastar más y mejor

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Impuestos representan solo 14,9% del PIB

Jorge Iván González

*Economista.

En el Marco Fiscal de Mediano Plazo 2018, el Ministerio de Hacienda y Crédito Público insiste en la conveniencia de la “austeridad inteligente” que tiene como uno de sus pilares fundamentales “la disminución del gasto público sin afectar el gasto social”. Esta propuesta es equivocada. No es conveniente que Colombia pretenda reducir el gasto público. Por el contrario, tiene que aumentarlo. Para que el país se modernice es indispensable acentuar la intervención del Estado en la economía. Como porcentaje del PIB el gasto del Gobierno apenas es de 18,9%. Esta cifra es baja de acuerdo con los estándares internacionales.

A medida que las sociedades se han más complejas, el gasto público tiene que aumentar. De lo contrario no es posible financiar la educación, la salud, la ciencia y la tecnología, la protección de las cuencas, el cambio de la matriz energética, el desarrollo de la infraestructura, la seguridad, la salud, la seguridad social, etc. El mayor gasto público es compatible con avances en la productividad y la competitividad de las empresas. Además, la modernización del campo requiere que los bienes y servicios públicos aumenten de manera considerable. Así lo proponen los dos últimos estudios sobre el desarrollo agropecuario: el Informe de Desarrollo Humano, Colombia Rural, y la Misión para la Transformación del Campo.

Es posible aumentar el gasto con responsabilidad fiscal. Para ello se requieren dos condiciones. La primera es gastar bien. Y la segunda aumentar los impuestos de tal forma que el mayor gasto sea sostenible. Para los gobiernos es más fácil lograr los objetivos fiscales reduciendo el gasto que aumentando los impuestos, ya que el costo político es menor. Si el presidente electo no aumenta el gasto, siguiendo la lógica del Marco Fiscal, frena la modernización del país y aumenta la brecha frente a los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, Ocde. Pero si decide incentivar el gasto tiene que incumplir su promesa de no subir los impuestos.

El discurso altisonante a favor de la aceptación de Colombia en la Ocde baja de tono cuando se comparan los niveles de tributación. Mientras que en Colombia los impuestos apenas representan el 14,9% del PIB, el promedio de la Ocde supera 35%. Así que la tributación en el país tendría que aumentar más que el doble para poder conseguir los niveles de desarrollo de la Ocde.

En lugar de pretender reducir el gasto público a través de la “austeridad inteligente”, el próximo gobierno debería comenzar diseñando una política económica caracterizada por un mayor y mejor gasto público. Duque tiene una excelente oportunidad para mejorar la eficiencia del gasto. Y el primer paso en esta dirección podría ser la modificación de los criterios que han inspirado en los últimos años el manejo de las regalías. Si el precio del petróleo continúa alto, habrá recursos para invertir en cuatro o cinco grandes proyectos estratégicos, en lugar de dispersar la bonanza en más de 12.000 pequeños proyectos como se ha hecho hasta ahora.

Es ingenuo pretender que Colombia pueda alcanzar altos niveles de desarrollo sin aumentar el gasto público. Es el momento de dejar de lado las frases desgastadas e incumplidas que invocan la reducción del gasto. La política fiscal no debería desconocer las bondades de la inversión pública. Y en lugar de la austeridad inteligente, el camino adecuado sería un mayor gasto público, que además de eficiente tendría que estar soportado en impuestos progresivos.

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