Educación
Financiación para la educación superior
“La educación superior no puede ser espectador; debe ser un actor que piensa”
miércoles, 27 de mayo de 2026
Mario Posada, rector de la Universidad de América, dijo que En 2025 las líneas de crédito público se redujeron 33%, dejando por fuera del sistema a más de 332.000 estudiantes
La Universidad de América en 2026 cumple 70 años, y pese al paso del tiempo, mantiene vigente el principio de que la calidad académica y el acceso no son objetivos contradictorios.
Esto lo reafirma su rector, Mario Posada García-Peña, quien advierte que la reducción de 33% en las líneas de crédito público en 2025 dejó a más de 332.000 estudiantes por fuera del sistema, golpeando directamente la formación del capital humano que el país necesita para crecer.
¿Qué significa cumplir 70 años en un contexto educativo tan distinto al de 1956?
Desde nuestra creación en 1956, la Universidad de América ha contribuido a la formación de generaciones de profesionales que hoy impactan sectores estratégicos. En estas siete décadas, ese compromiso ha madurado y se ha complicado.
En nuestros primeros años, la apuesta era pionera porque fuimos la primera institución en Bogotá en ofrecer las ingenierías industrial, mecánica, de petróleos y química, abriendo caminos a jóvenes que antes no tenían acceso a esas disciplinas. Con el tiempo, evolucionamos del acceso entendido como matrícula hacia el acceso comprendido como permanencia, calidad y pertinencia.
Hoy nuestra misión conecta la formación con las necesidades reales de la sociedad, con la sostenibilidad y con la movilidad social. Como lo he señalado en distintos escenarios, la educación superior no puede ser un espectador del país; debe ser un actor que piensa, propone y acompaña las transformaciones sociales.
¿Cómo logra la universidad equilibrar calidad académica con costos accesibles?
Ese equilibrio es quizás el mayor desafío de gestión de una universidad privada con vocación social. Nuestra respuesta ha sido construir eficiencia institucional sin sacrificar calidad académica, mantener planta docente de alto nivel y diversificar las fuentes de financiación para que no recaiga todo el peso sobre la matrícula del estudiante.
La Universidad de América siempre ha tenido claro su norte: ser reconocida por la formación de líderes con excelencia académica, generadores de conocimiento, con responsabilidad social y comprometidos con el desarrollo sostenible. Esa identidad nos orienta: no podemos ser baratos a costa de ser mediocres, pero tampoco podemos ser excelentes a costa de ser exclusivos.
El reto es ser los dos al mismo tiempo, y para eso buscamos aliados que compartan esa visión.
¿Cuáles son las principales barreras para el acceso a la educación?
El reto más urgente es el financiero. En 2025, las líneas de crédito público se redujeron 33%, dejando por fuera del sistema a más de 332.000 estudiantes. Eso es devastador para un país que aspira al desarrollo.
Pero hay otras brechas igual de profundas como la geográfica, que aleja a jóvenes de regiones apartadas de la oferta educativa de calidad; la de información, que impide que muchas familias conozcan sus opciones; y la brecha de permanencia, porque muchos jóvenes entran a la universidad, pero no logran terminar por presiones económicas o personales.
A eso se suma la necesidad de actualizar permanentemente nuestra oferta para que sea pertinente frente a un mercado laboral que cambia a velocidades que la academia debe acompañar con agilidad.
¿Qué barreras económicas siguen enfrentando los jóvenes y cómo las están abordando?
La barrera más visible es el costo de la matrícula, pero no es la única. Están también los gastos de sostenimiento: transporte, alimentación, materiales, tiempo que deja de dedicarse al trabajo. Muchos jóvenes no abandonan la universidad porque no quieran estudiar, sino porque la suma de esos costos supera lo que su familia puede sostener. Por eso nuestra respuesta no puede ser solo ofrecer créditos: tiene que incluir acompañamiento al estudiante, becas, flexibilidad en los planes de pago y alianzas con entidades que entiendan la particularidad del crédito educativo.
La Línea Alianza por la Educación 40/60 fue diseñada precisamente para evitar que la falta de recursos interrumpa los proyectos de vida, combinando pagos inmediatos y diferidos para reducir la presión económica que suele afectar la permanencia estudiantil.
¿Qué representa para la Universidad de América hacer parte de la Alianza por la Educación impulsada por Fincomercio?
Nos sumamos porque Fincomercio tiene algo que pocas entidades del sector financiero tienen en Colombia: 25 años de experiencia en financiamiento académico y una trayectoria de 68 años en el sector cooperativo, lo que significa que entienden la naturaleza del crédito educativo de forma diferente a un banco comercial.
Como lo expresamos en el momento de la firma, la educación superior siempre será un camino hacia la movilidad social, y este ejercicio no solo impactará la vida de cada estudiante, sino que tendrá un efecto en el desarrollo social y en la productividad del país.
¿Cómo garantizar que estas opciones
La sostenibilidad de un modelo de financiación educativa se juega en tres frentes. El primero es el diseño del crédito: este esquema opera con pago progresivo de intereses durante el periodo de estudios y con el diferimiento de 60% de la matrícula al momento de graduación, lo que reduce la presión en el momento de mayor vulnerabilidad del estudiante.
El segundo es la información y el acompañamiento: ningún crédito es responsable si el estudiante no entiende completamente sus condiciones y consecuencias. Nuestra labor como universidad es acompañar ese proceso de orientación financiera, no solo académica.
Y el tercero, que es quizás el más importante, es la calidad del programa: un egresado con formación pertinente y competencias sólidas tiene más posibilidades de insertarse en el mercado laboral y honrar sus compromisos. La garantía de sostenibilidad empieza en las aulas.