Hacienda

Ajuste fiscal

Indiscutiblemente existen reparos a la iniciativa planteada. En mi caso, esperaba la eliminación de los impuestos saludables, antitécnicos y regresivos, cómo se propuso en campaña.

Juan Alberto Londoño Martínez

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El ajuste fiscal es una realidad, un imperativo, la situación de déficit es insostenible y hay dos maneras de que éste se dé. La primera, como lo está buscando el Gobierno de Abelardo de la Espriella, a través de un proyecto de ley concertado con el Congreso y acordado democráticamente, en el que el país, de forma ordenada y planeada, ajuste el tamaño del Estado y mejore el ingreso; la segunda, de forma impuesta por los mercados, esto es, que de no aprobarse la ley, se nos cierre el acceso al crédito y no tengamos cómo financiar las necesidades de los ciudadanos, pagar pensiones, salarios y demás prestaciones a cargo del Estado. Tiene que existir la claridad de que el Presupuesto de 2027 supone acudir a los mercados a obtener $250 billones que si no se muestra capacidad de pago, no se van a conseguir, es por eso que debemos optar por la primera opción.

Es de aplaudir que el Gobierno haya tenido la valentía de poner la discusión sobre medidas impopulares pero necesarias para ajustar las finanzas públicas de manera efectiva y radical. Un país con una proyección de déficit cerca a 10% es inviable, la única consecuencia es la quiebra. Es evidente que semejante problema no se resuelve solo con recorte del gasto, se requeriría aumentar el ingreso.

El problema fiscal colombiano no es de hoy, viene acumulando durante muchos años. En el Gobierno de Iván Duque, el Ministro Alberto Carrasquilla pretendió dar una solución integral al desajuste fiscal, pero la oposición de manera mezquina incendió el país. Si Colombia no hubiera pospuesto las discusiones importantes por intereses políticos, hoy no estaríamos avocados a la reforma fiscal más grande de nuestra historia, no estaríamos ante la probabilidad de perder nuestros avances y beneficios como ciudadanos. Los derechos que no cuentan con los recursos para garantizar su efectividad, son letra muerta.

Así las cosas, el país debe centrarse en resolver el problema fiscal y en generar la inversión que permitirá el crecimiento que soporte las inmensas necesidades. El Gobierno ya delimitó el campo, es el momento de intentarlo pensando siempre en la sostenibilidad, y con el fin de obtener el mejor resultado. Llegó el momento de proponer medidas para mejorar su contenido, corregir algunos errores y obtener la mejor reforma para todos, que genere el recaudo, incentive la inversión y obtenga progresividad.

Al revisar el proyecto, se puede mencionar, que atraer nuevas inversiones con políticas que generan competitividad como las previstas en el Ruge van en el sentido correcto. Sin embargo, están dejando por fuera empresas ya instaladas en el país que pretendan hacer nuevas inversiones. Aquí hay un punto de mejora, permitir que quien ya creyó en Colombia, siga creyendo y quiera realizar nuevas inversiones en condiciones favorables de competitividad a nivel internacional. Resulta conveniente pensar en una menor tarifa de renta marginal que no socave la base tributaria pero incentive nuevos proyectos.

Indiscutiblemente, existen reparos a la iniciativa planteada. En mi caso, esperaba la eliminación de los impuestos saludables, antitécnicos y regresivos, como se propuso en campaña. Considero que los excesivos impuestos al tabaco y al alcohol podrán generar el riesgo de convertirse en fuente de financiamiento de actividades criminales por su efecto en contrabando. La cerveza en Colombia paga ya tarifas muy elevadas e históricamente se ha venido gravando de manera desproporcionada; ojalá se revise esta medida. En la discusión en el Congreso se pueden corregir estas situaciones, dar las discusiones y ajustar las necesidades con el único propósito de concertar la solución que el país necesita.

El capítulo de la Regla Fiscal es un avance para evitar los abusos de los gobierno de turno que impone restricciones reales al gasto, que impone recortes efectivos en el evento en que la senda de deuda se desvíe y ponga en riesgo su sostenibilidad. El ajuste es ya, la deuda no da espera y la reforma la necesitamos ya.

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