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La sostenibilidad es el presente y futuro de la palma de aceite en la agroindustria

El trabajo de una década de Solidaridad Network en Colombia ha articulado los esfuerzos de empresarios y cultivadores de palma

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Iniciativas para promover grandes transformaciones en el sector palmicultor son impulsadas desde Solidaridad Network, con el apoyo de la cooperación internacional y la agroindustria, guiada por Fedepalma y Cenipalma.

María Goretti Esquivel es la gerente del Programa de Palma de Aceite en Solidaridad y describe el proyecto SOAPS como “el acelerador de la cadena de suministro desde el origen, financiado por la Agencia de Cooperación Alemana GIZ y concebido para comprender que la sostenibilidad va más allá de la certificación y apoyar la estrategia sectorial de mejoramiento continuo con los palmicultores, que en un 75% son pequeños productores con menos de 20 hectáreas de área cultivada, y de estos, el 31% son mujeres”.

En Colombia, la palma de aceite se cultiva entre otros, en Bolívar, Cesar, Meta, Casanare, Nariño, Magdalena, Norte de Santander, Cesar, Santander y recientemente en Apartadó (Antioquia). Actualmente, 99,9% de unas 600.000 hectáreas sembradas están en zona libre de deforestación, según la línea base desarrollada por el Ideam.

Su producción sostenible no solo aporta más de 197.000 plazas de trabajo y otras 450.000 indirectas, garantizando tasas de formalidad laboral de 83%, sino que garantiza cadenas de suministro responsables que le representan a los pequeños productores ingresos salariales de hasta un 20% más que los percibidos en otros sectores agrícolas.

Aquí, el trabajo de una década de Solidaridad Network en Colombia se traduce en su capacidad para articular los esfuerzos aislados de empresas y cultivadores de palma de aceite para transformarlos en un modelo de sostenibilidad y buenas prácticas agrícolas, que promueve decisiones sectoriales.

A ello se suma el apoyo de Fedepalma y Cenipalma, el compromiso de empresas como Henkel, Hada y Cargill, entre otras y la inversión de diferentes actores de la Cooperación Internacional, que en 10 años ha canalizado a través de Solidaridad unos 5,5 millones de euros para consolidar proyectos que visibilizan al sector y a Colombia como país productor sostenible de primer nivel.

Soaps, un proyecto inspirador

Esta iniciativa financiada por GIZ, promueve la asistencia técnica, transferencia de conocimiento y tecnología y verifica los progresos en los cultivos para certificar a los pequeños productores con prácticas agrícolas sostenibles. En primera fase se impactaron 1.200 palmicultores y en la segunda, la meta son 300 más, con herramientas de formación y encadenamientos productivos, para suplir la demanda del mercado nacional (71%) y el creciente interés del mundo por el aceite de palma colombiano, que se refleja en la exportación de 29% de su producción.

El proyecto se completa con una herramienta de tecnología financiera, apoyada por Finagro y el Banco Agrario, que garantiza que los créditos otorgados son invertidos en la financiación del em-prendimiento agrícola con prácticas sostenibles.

También con la plataforma Agrolearning con módulos de formación presencial y virtual y 20 Aulas Móviles que llevan capacitación a regiones apartadas del territorio nacional.

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