Información financiera veraz y entregada a tiempo

Francisco Reyes

La información financiera de las compañías es invaluable. Les sirve a sus administradores, propietarios y acreedores para adoptar decisiones adecuadas a sus intereses. Para el Estado también es crucial, puesto que permite el ejercicio de las facultades de fiscalización cuando ellas se requieran para preservar el orden público económico.

En Colombia estábamos acostumbrados a recibir información de las sociedades bajo pautas anticuadas y anacrónicas. El famoso “Plan Único de Cuentas” sirvió durante más de dos décadas para clasificar las cuentas del balance y para depurar los resultados del ejercicio. El país se mantuvo en una especie de “aislamiento contable”, con normas sui generis, de marcado acento local. Esta realidad, aceptada por todos, obligaba en más de una ocasión, a que los inversionistas del exterior tuvieran que traducir o “re-expresar” los diversos rubros del balance para vislumbrar un panorama financiero comprensible. Las normas de contabilidad generalmente aceptadas en Colombia, contenidas en el hasta hace poco intocable Decreto 2649 de 1993, impedían el reflejo adecuado de la situación económica de las compañías.

Esta visión parroquial y provinciana ha cambiado radicalmente. Merced a la adopción de las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), nuestro país se ha puesto a tono con las realidades contemporáneas. Y aunque hubo gran escepticismo sobre la viabilidad de adoptar estas nuevas pautas por parte de las empresas colombianas, lo cierto es que la insistencia del Gobierno sobre la relevancia de este cambio conceptual, facilitó que se produjera el milagro. El esfuerzo realizado por las compañías colombianas, con el apoyo de la Superintendencia de Sociedades, permitió que se hiciera el tránsito definitivo hacia una nomenclatura comprensible, moderna, y adecuada a los estándares internacionales.

Todo este esfuerzo habrá de repercutir, seguramente, en mejores oportunidades para los empresarios colombianos. Al hacerse más razonable la forma en que suministran su información financiera tanto a los inversionistas locales y extranjeros, como a las entidades crediticias, surgirán, seguramente, nuevas fuentes de acceso a los recursos de capital.

La Supersociedades ha procurado que este enorme trabajo de las compañías colombianas para el cumplimiento de las nuevas normas contables, tenga beneficios tangibles e inmediatos para la comunidad empresarial. Por ello, ha puesto a disposición un Portal de Información Empresarial, accesible en línea (http://pie.supersociedades.gov.co/), en el que se vierte la información financiera de más de 20.000 sociedades de dimensiones medianas y grandes, que están obligadas a reportar sus estados financieros ante la entidad. Los usuarios encontrarán, además de las cifras de los principales estados financieros, datos relevantes sobre los administradores sociales y revisores fiscales e índices financieros básicos.

En la medida en que todas las compañías hicieron el transito efectivo hacia las NIIF desde 2016, los datos disponibles para los dos últimos ejercicios contables son plenamente comparables. Es decir, que el análisis de las principales cuentas se puede hacer con criterios de uniformidad, debido a la existencia de una nomenclatura contable homogénea. Así, pues, las variaciones en los distintos rubros estudiados (activos, pasivos, patrimonio, ingresos y utilidades) obedecen a las circunstancias de la industria y a las fluctuaciones del mercado, en lugar de deberse a simples efectos contables.
Y a partir de esta valoración objetiva, puede concluirse que 2017 fue un mejor año que su predecesor, cuando menos para las grandes empresas.

De un lado, los ingresos operacionales se incrementaron 5,98% y las utilidades 14,36%. También hubo incrementos significativos en los activos y el patrimonio de las sociedades analizadas. Así, pues, podemos afirmar que en las 1.000 sociedades más grandes del país existe un enorme potencial y una gigantesca capacidad de crear riqueza y empleo para un país donde la creatividad y el espíritu de emprendimiento son notorios. Por lo demás, la enorme diversidad de actividades económicas que pueden apreciarse en la muestra es un testimonio elocuente de las posibilidades que tiene nuestra comunidad empresarial.

Las cifras dadas a conocer por la Superintendencia son objetivas, carecen de maquillaje y están desprovistas de cualquier exageración demagógica. Son resultados claros que permiten presagiar, si las cosas siguen como van, un porvenir halagüeño para nuestros industriales y comerciantes. Ojalá que así sea.

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