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Análisis

Venga les cuento

Nos aguarda un arduo camino para recuperar la confianza y retomar el trabajo público-privado

María Bibiana Botero

Presidente Ejecutiva de Proantioquia

Medellín ha sido una palabra sonora y potente, que cobija el significado de una ciudad que respira emociones, contradicciones, arraigo, progreso, carencias, empuje, compasión, violencia y también mucha resiliencia. En Medellín todos habitamos comunas -16- y corregimientos -5-, de norte a sur. El 70% de la ciudad es rural y esas condiciones representan la historia que nos cruza, lo que somos y seremos; las potencialidades y desafíos estructurales que aún nos quedan por impulsar y resolver. Como parte de eso que necesitamos emprender, lo hemos dicho con insistencia y convicción en Proantioquia, es mirarnos más allá de nuestras montañas y conectarnos con Colombia. Más allá de un asunto geográfico o de vías 4G que nos acercarán, la sintonía de cerca de 7 millones de antioqueños con el país es necesaria y urgente.

Hemos transitado y afrontado momentos complejos: narcotráfico, terrorismo, violencia y crisis. Heridas que compartimos con otras regiones del país. Medellín pasó de ser la ciudad más violenta del mundo en los 80 y 90 a convertirse, a principios de este siglo, en caso de estudio y ser considerada como un “modelo” de transformación. Luis Alberto Moreno, expresidente del BID, definió el salto, el cambio como “una deliberada apuesta por la consolidación de una ciudad incluyente, humanizada, gobernable, emprendedora”. Retomo esas palabras: “deliberada apuesta”, porque significan que lo que se hizo, se dio de forma intencionada, con voluntad y vocación, y que, en esa tarea, la unión colectiva, el trabajo en equipo entre organizaciones sociales, culturales, academia, sector empresarial y público fue un acelerador determinante. Como señaló Moreno: “implicó un estilo de gobierno convocante, abierto y transparente, haciendo posibles alianzas con la sociedad civil y el sector privado”. Fuimos, somos, esas dos realidades: dolor y transformación. Es sano reconocerlo para tener perspectiva, cambiar, aprender, sentir alegría por lo bueno que hemos logrado y avanzar para encontrar la ruta de futuro acorde con los nuevos retos que tenemos. Esperamos que la coyuntura de la ciudad, con un ambiente turbulento, sea pasajera, contarle al país que lo que pasa en nuestra ciudad, en términos de política local, transciende ideologías porque se trata, sobre todo, de un asunto ético. Medellín está fragmentada y estancada en su agenda social y de desarrollo. Con ese discurso de división perdemos todos. Medellín y Antioquia, con el trabajo articulado entre lo público y privado, demostró que es posible alcanzar grandes transformaciones. Acompañamos el papel de la empresa y los empresarios como aceleradores del desarrollo. El Metro, la autopista Medellín- Bogotá, Ruta N, Parque Explora, el programa de primer infancia Buen Comienzo, Ideas para la paz, Colfuturo, Empresarios por la Educación, son ejemplos.

Lo público transciende el liderazgo político de turno, lo público es de todos y eso significa la presencia de un liderazgo empresarial comprometido y gestor. El informe del barómetro de la confianza de Edelman 2021 reveló que 67% de los colombianos espera que los presidentes de empresas lideren los cambios en la sociedad sin esperar a que solo lo hagan los gobiernos. Nos aguarda un arduo camino para recuperar la confianza y retomar el círculo virtuoso de trabajo entre lo público y privado. Estamos listos desde Antioquia y esperamos hacerlo y compartirlo con toda Colombia. Es posible.

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