Emprendimiento y educación superior

El nuevo gobierno debe llevar las ideas de educación superior y emprendimiento al siguiente nivel.

Daniel Mera Villamizar

La campaña presidencial nos dejó en primera línea, entre otros temas, el del emprendimiento. Lo que no se dijo es que, tras 12 años, el balance de la Ley 1014, de fomento a la cultura del emprendimiento, nos pone a pensar que algo falló en el diseño y la ejecución.

No vemos hoy el espíritu emprendedor ni el movimiento de creación de empresas innovadoras que el país sueña.

Entre 15 países de América Latina, Colombia ocupó en 2016 el quinto lugar en el Índice de Condiciones Sistémicas para el Emprendimiento Dinámico, y el puesto 40 en un ranking global de 56 países (Prodem). Y en el Doing Business 2015, la posición 84 entre 189 países en el indicador de apertura de empresas.

A la Ley 1014 de 2006 siguió en 2009 el documento “Política de emprendimiento” del MinComercio, y en 2016 la Ley 1780, que promueve el empleo y el emprendimiento juvenil. Pero es en realidad el Conpes 3866/2016, de Política Nacional de Desarrollo Productivo, el que proporciona bases para una nueva política de emprendimiento.

Este Conpes anota que, para la Ocde, en “Colombia no se evidencian avances en materia de tributaciones y legislaciones especiales que favorezcan el emprendimiento o que den un trato diferencial dependiendo de las distintas fases de desarrollo de las empresas”, y asigna al MinComercio la responsabilidad de una “política de Estado en materia de emprendimiento e innovación”.

Le corresponderá al nuevo Gobierno llevar las ideas al siguiente nivel, probablemente corrigiendo algunas cosas en la ley del Plan de Desarrollo 2018-2022. Por ejemplo, la cátedra obligatoria de emprendimiento en “todos los establecimientos oficiales o privados que ofrezcan educación preescolar, básica primaria, secundaria y la media”.

No porque se esté cumpliendo, sino porque no es una forma eficaz de fomentar el espíritu emprendedor en los niños y adolescentes ni de “crear un vínculo del sistema educativo y el sistema productivo”.

La prioridad de ese vínculo está en la educación terciaria o superior y luego en la media. En primer lugar, las instituciones de educación superior necesitan un incentivo para sumarse de verdad al ecosistema de emprendimiento e innovación. El estímulo puede ser que la Dian les transfiera, durante un determinado número de años, una fracción del impuesto de renta que paguen sus egresados emprendedores.

En el caso de las instituciones privadas, se haría bajo unas condiciones, pero en todo caso sin excluirlas como instrumento de esta política nacional.

En segundo lugar, es posible generar un interés masivo de los estudiantes en los mercados y el emprendimiento, al tiempo que se ayuda a resolver el problema de capital insuficiente del Fondo Emprender y de Innpulsa.

Los estudiantes de programas técnicos y tecnológicos del Sena, cerca de 500.000, podrían pasar de matrícula gratuita a “matrícula con ahorro en acciones” de un fondo de cartera colectiva que invierta en emprendimientos innovadores. Por ejemplo, que en promedio cada estudiante ahorrara $100.000 al semestre.

Todo estudiante podría hacer parte del fondo, cuya reglamentación estimularía que los inversores hicieran cursos masivos en línea de emprendimiento, donde compartirían aula con otros escogidos al azar por el sistema (de otras carreras, instituciones y ciudades).

El Fondo tendría también grandes inversores por sectores productivos interesados en promover la innovación, y los estudiantes asociados podrían participar en la calificación de los emprendimientos más opcionados para ser apalancados por el Fondo.

Estas ideas apuntan al tipo de estartazo que sería bueno para meter más a las IES en la agenda de emprendimiento e innovación para la transformación productiva. Después de cierto tamaño, cada universidad debería ser socia de una incubadora de empresas para prestar apoyo a sus estudiantes emprendedores aventajados, aunque solo fuera por su expectativa de pedazo en el impuesto de renta.

Cuando sea el momento de la educación básica para el espíritu emprendedor, podríamos identificar a lo largo de un lustro a 100.000 niños de quinto primaria para darles de modo condicionado una acción de una gran empresa colombiana, que los motive a ser ejemplo de emprendimiento para los demás.

TEMAS


Educación - Emprendimiento - Gobierno - Elecciones 2018