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Estos son los seis hábitos indelegables a la IA para evitar caer en “piloto automático”
jueves, 2 de abril de 2026
Delegar a la máquina la formación de opiniones, la toma de decisiones personales y usarla como único confidente, termina por afectar habilidades básicas como la inteligencia emocional
El 30 de noviembre de 2022 se produjo un suceso que cambió para siempre el destino de la humanidad: OpenIA liberó el acceso a ChatGPT y le permitió a los internautas acercarse a las mieles de la inteligencia artificial.
Poco a poco, los usuarios fueron pasando del asombro inicial a la adopción cotidiana de esta tecnología. Para muchos estudiantes, profesionales -y hasta trabajadores domésticos- se convirtió en el mejor de los asistentes; con capacidad para dar recomendaciones, trucos, generar textos, hacer cuentas y dar consejos de índole personal.
Al tener como aliada a una máquina con capacidades casi ilimitadas, llegó la tentación de delegarle constantemente tareas y decisiones complejas que, a la postre, pueden poner a una persona en piloto automático, menguar sus saberes acumulados y distraerla de los conocimientos que puede adquirir en el presente.
Evite el riesgo
Hay, al menos, seis hábitos que no deberían descargarse en la IA: pensamiento crítico, decisiones personales, resolución total de ejercicios académicos, memorización, creatividad total y reemplazo de relaciones personales.
“Si se da cuenta que está usando la IA para pensar menos, ya caíste. El buen uso obliga a pensar más: más claro, más profundo, más consciente de los propios argumentos”, comentó el profesor José Betancur, director de Imaginar Futuros Eafit.
Al mirarlo de forma desagregada, transmitirle a la máquina la responsabilidad de formarse una opinión frente a un suceso o problema es un error: la IA puede simplificar los temas, tener sesgos o equivocarse. Si el usuario deja de contrastar, indagar, interpretar y analizar, se arriesga a convertirse en un sujeto completamente pasivo.
Tampoco es recomendable trasladarle la responsabilidad de decidir sobre relaciones personales. Consultarle si debería terminar una relación, pedir el divorcio, castigar a un hijo o dejar un trabajo sugiere otro riesgo, pues la máquina no tiene el contexto completo de una vida ni la capacidad para leer toda la atmósfera emocional que solo posee un humano.
En este punto se puede mencionar también el peligro de reemplazar por completo la interacción humana. La IA puede tener la palabra precisa para cada sentimiento del usuario y es fácil desarrollar afinidad con ella gracias a sus mecanismos para sonar empática.
Betancur señaló que los maestros de la IA siguen una estrategia en la que, por ejemplo, ponderan el propósito claro: definen qué quieren lograr y por qué: “No es que la IA sea el problema, es lo que se trae a ella”.
Si siempre se acude a ella ante la necesidad de desahogo, se deteriora la habilidad que permite la interacción real y disminuye el desarrollo de la inteligencia emocional, una virtud que debe estar presente casi en todos los ámbitos de la vida.
Hollywood, como siempre, ha ofrecido aproximaciones a los peligros del abuso tecnológico. Megan, producción estrenada en 2022, supo ilustrar bien los efectos adversos de la sobreexposición a los sistemas autómatas inteligentes.
Cuando Cady, una niña de ocho años, pierde a sus padres, queda bajo el cuidado de su tía Gemma, una ingeniera que trabaja en la industria juguetera y desarrolla a Megan, una muñeca que incorpora IA y tiene la misión de acompañar a la niña mientras pasa el duelo.
La muñeca se toma tan en serio el trabajo, que comienza a reemplazar a Gemma como tutora, guía y apoyo emocional. Los problemas llegan cuando Cady ve en Megan a su única amiga y el código de protección se torna peligroso.
Aunque solo se trata de ciencia ficción, la moraleja es clara: entregar tareas tan sensibles a una máquina -como la educación de un niño- puede derivar en serios inconvenientes.
Capital humano del futuro
Si bien los estudiantes del presente se forman para la era de la economía digital, el desarrollo de habilidades básicas es neurálgico para que puedan responder al mercado laboral y a las circunstancias cotidianas.
En pleno cenit de la IA, los profesores luchan con jóvenes que ven en la máquina un atajo para ahorrarse la lectura, la organización de ideas, la interiorización y la conversión de los insumos en conocimiento. También entregan al asistente tecnológico el proceso creativo.
“Si delegamos por completo estos seis hábitos, corremos el riesgo de convertirnos en simples espectadores de nuestra propia vida”, indicó Jorge Iván Arango, subdirector Nacional del Campo Psicología Social y Comunitaria del Colegio Colombiano de Psicólogos, Colpsic.
“Terminar una relación es incómodo, pero es en esa incomodidad donde maduramos. Si usamos a la IA como escudo para no dar la cara, nos quedamos sin herramientas internas para superar las adversidades reales de la vida”, añadió.
Y puntualizó: “Segundo, caemos en la ilusión de la empatía: Desahogarse con ChatGPT da un alivio instantáneo porque no te juzga, pero es un espejismo. Conclusión: Usemos la tecnología a nuestro favor para que nos ayude a ser más eficientes en nuestras tareas operativas. Pero jamás permitamos que una máquina reemplace nuestra libertad interior y nuestra capacidad de sentir y de elegir cómo queremos vivir”.