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A dólar alto, diversificar con alternativas

Jimena Maya

Si usted es de los que consume prensa de negocios con una cierta regularidad, tendrá presente esas publicaciones que tradicionalmente salen en las primeras semanas de cada año, en las que los principales analistas e investigadores financieros del país pronostican y le dicen a los lectores cuál podría ser el comportamiento económico más probable a lo largo de los siguientes doce meses.

Pues bien, desde marzo de 2020 para acá, hacer ese ejercicio se ha convertido en un auténtico “malabarismo económico”, ya que, además de la pandemia, los equipos de investigaciones, centros de pensamientos y expertos macroeconómicos en Colombia han tenido que sumarle a sus cálculos aspectos como los de un eventual conflicto bélico a escala internacional, otra posible recesión en Estados Unidos, la pérdida del grado de inversión para el país, un incremento en la inflación global, un giro político profundo y, además, una escalada histórica en el precio del dólar.

Frente a este último punto en particular, que, valga decir, podría obedecer más a un fenómeno externo que a un tema relacionado con la política monetaria local, y con el ánimo de ofrecerle a la audiencia una recomendación financiera ante la posibilidad de que el dólar siga subiendo y alcance la frontera de los $5.000, resulta oportuno resaltar una de las inversiones alternativas que existen en el mercado nacional: los vehículos de inversión inmobiliaria. Estos, cuyo principal aporte es complementar los modelos de ahorro más ortodoxos, ofrecen un camino para que tanto personas naturales como grandes inversionistas institucionales accedan a inversiones estables en el largo plazo y con rendimientos periódicos para balancear sus portafolios.

Tal es el caso de Pei: el vehículo líder en Colombia, que hace 15 años fue el primero en lanzar un producto de inversión bajo la modalidad de una alternativa en rentas inmobiliarias de gran escala, listada en el mercado de valores local y gestionada profesionalmente por expertos en la materia. Pei, al tener todos sus contratos de arrendamiento de los inmuebles del portafolio pactados en pesos colombianos e indexados a la inflación, genera una especie de cobertura intrínseca, que permite recoger el comportamiento de las variables a las cuales están indexados.

Dado que recientemente la inflación y el precio de la divisa estadounidense han estado disparados, los ingresos nominales de los inversionistas han tenido un incremento proporcional al de estos incrementos, de manera que la volatilidad del dólar no constituya una preocupación en el corto plazo.

En conclusión, es importante considerar que las inversiones alternativas, como las de los vehículos de inversión inmobiliaria, tienen horizontes de largo plazo, que si bien pueden tener fluctuaciones e impactos derivados de las coyunturas macroeconómicas, es una industria que históricamente ha demostrado una capacidad de generación de rendimientos, ya sea a través de las rentas, de la valorización, o de una mezcla de los dos componentes.

Así mismo, es aconsejable asumir este tipo de inversiones como parte de una estrategia de diversificación, en la que destinar recursos a un modelo alternativo se complemente con otros esquemas de inversión, que a la larga lo lleven a tener un portafolio estratégicamente balanceado; tal cual, como se lo sugeriría cualquiera de los técnicos y rigurosos analistas financieros de los que me referí al inicio de esta columna.

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