Agro
Plazas de mercado
Las centrales de abasto: ícono de las costumbres
viernes, 30 de octubre de 2026
Las centrales de abasto se han constituido en espacios representativos para las ciudades y se han convertido en puntos de encuentro y experiencias para las personas, al ser referentes de las costumbres.
Juan Orlando Toro Escobar
A mediados del siglo pasado se construyeron las principales centrales de abasto o plazas de mercado en Colombia y el mundo. En su concepto base, se desarrollaron para contar con espacios de almacenamiento y bodegaje de los diferentes alimentos que se comercializan en las ciudades. El desarrollo y la expansión de las metrópolis trajeron consigo el crecimiento demográfico y urbano, que, a su vez, marcaron una tendencia de cambio en la concepción de los mercados tradicionales.
Estos espacios, que otrora se utilizaron para grandes bodegas, comenzaron a destinarse también a otro tipo de comercio y servicios, dada la afluencia de público y las necesidades de las concentraciones urbanas donde se establecieron las centrales.
Los cambios en las concepciones logísticas en el mundo y el desarrollo tecnológico de los últimos años han generado, por ejemplo, que algunos productos no tengan que pasar por las centrales para llegar a algún eslabón de la cadena comercial o agroalimentaria, sino que se distribuyan directamente desde los puertos, las zonas francas o los mismos centros de cultivo.
Con estas premisas, las centrales de abasto se han constituido en espacios representativos para las ciudades y se han convertido en puntos de encuentro y experiencias para las personas, al ser referentes de las costumbres y tradiciones de cada territorio. Se han consolidado como íconos y lugares de visita obligada en cada localidad, destinos gastronómicos y, a su vez, despensas de productos y servicios agroalimentarios que conectan la oferta y la demanda. Estos conceptos básicos de sus estructuras contribuyen a dinamizar la economía de las regiones, algo que en nuestro país resulta maravilloso, pues en estos espacios convergen todos los actores de la cadena: desde el campesino agricultor y el transportador hasta el comercializador y el cliente final.
Un día de mercado, “muy a.m.”, en una central de abasto del país hace renacer el concepto de la oferta. Miles de vehículos de carga llegan con diferentes productos de todas las regiones para abastecer el mercado y regular los precios, fundamentales para que una familia colombiana promedio pueda subsistir. Así, contribuyen a la dinámica económica de las zonas mediante los empleos que generan, su peculiar gastronomía y los procesos logísticos propios del escenario comercial. Todo transcurre en un pequeño fragmento de tiempo, a tempranas horas de la mañana, cuando se siente la vida, se siente el campo en la ciudad y se refleja el esfuerzo y el sudor del productor a través de una exhibición de frutas, un mostrador de hortalizas, un bulto de papas o una estiba con carga de maíz.
Consecuentemente, llega la concepción económica de la demanda, donde miles de empresas, almacenes de cadena, supermercados, tenderos, vendedores y personas confluyen en un escenario espectacular para realizar la compra final. Los productos, los colores y los sabores de las regiones, en su máximo esplendor, se encuentran en un contexto maravilloso para llegar al consumidor, a un buen restaurante y a la cocina de cada hogar.
Actualmente, las centrales de abasto son modelos dinámicos, algunas privadas, otras públicas y unas mixtas, público-privadas, que atraviesan procesos de transformación y cuentan con una amplia gama de productos y servicios. Estos conglomerados comerciales ofrecen espacios que responden a las diversas necesidades de los habitantes, los negocios y las empresas.
Hay vida, pero mucha vida, en nuestro país, en el campo colombiano, en los pequeños cultivadores y en los empresarios e innovadores, quienes día a día trabajan y se esfuerzan por sacar adelante sus negocios y proyectos. El resultado final debe ser el mejor para ellos: una buena venta y una ganancia justa, fruto de su esfuerzo. Cabe destacar que, en cada familia, comunidad y región de nuestra sentida nación, prevalecen siempre la esperanza y las ganas de salir adelante.